Una historia de regreso a la Isla

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Tiempo de lectura 3 minutosPor: elmasquemas

El Adoquin Times

Hace un poco más de veinte años decidí abandonar a mi isla Puerto Rico por razones personales.  Estas no incluían falta de trabajo o un enfado con el gobierno, dado a que a mis diecisiete años solo quería irme de casa con la excusa de estudiar una carrera en el extranjero.  Como muchos jóvenes de mi edad que por primera vez se independizan, viví experimentando con cuanta situación se presentaba, siempre pendiente de nunca desilucionar a mi familia aquí en la isla.

Al ir creciendo y aprendiendo de mis errores, me hice de una carrera en la ciudad de Miami obteniendo un empleo un año antes de graduarme de universidad.  Aquellos eran los buenos tiempos.  Como joven profesional que me sentía, para mi el mundo era infinito.  Mi próximo paso al crecer lo suficiente en aquella ciudad, fue mudarme a la ciudad de Chicago.  Sin importar el frío y el viento que me azotaba diariamente, trabajé fuertemente para lograr una posición envidiable a mis veintiocho años.

Típico de un joven profesional en un campo, pensé que podría seguir hacia adelante quizás en otra ciudad del mundo que fuera más grande.  Ya había contemplado buscar oportunidades en la ciudad de Madrid, España.  Esto hasta que un día nublado y frío en la ciudad de los vientos, decidí entrar a caminar por uno de los cementerios cerca del área de Andersonville.  Mientras caminaba, noté una tumba más grande que la otra.  Muchas de éstas, ocupadas por familias completas. Justo en aquel momento me pregunté el por qué querer seguir mi trayectoria hacia más lejos, cuando podía quizás ya regresar de nuevo a mi Isla donde claramente iba a terminar en algún momento junto a mi familia.

Decidí entonces regresar a Puerto Rico luego de quince años de estar fuera, con tal de disfrutarme a mi familia en salud y tener la oportunidad de ayudar en lo que pudiera.  Una vez en la isla, fue un proceso difícil.  Los primeros dos años pensaba que era un turista queriendo redescubrir cada rincón de mi isla durante mis días libres.  Luego, cuando se me paso «la fiebre», comenzó la desesperación de no tener los lugares que me gustaba frecuentar y la actitud caribeña de nuestra isla que no coordinaba con lo que ya estaba acostumbrado.

Luego de esos primeros dos años y justo cuando estaba planificando mi viaje de regreso a los Estados Unidos, la vida me pidió que me quedara en la isla presentándome una magnífica relación en la que aún sigo desde hace siete años.  Mi trabajo ha evolucionado de diferentes maneras gracias a mi nuevo entorno hasta llegar a un punto de grata satisfacción junto a mi familia, amigos y seres queridos.  No escucho demasiado noticias y escojo las que deseo aprender a través del internet.  Nunca pensé que ese destino que muchos sueñan tener o el muy conocido «American Dream», lo iba a conseguir en nuestra isla querida.

Quizás para muchos la experiencia de mudarse fuera de Puerto Rico es una desagradable u obligada en cierta forma y cada uno tiene la libertad de hacer su vida en el lugar que mejor le parezca.  La constante propaganda negativa real o fabricada sobre nuestra isla puede afectar a cualquiera.  La diferencia en mí lo hace, el haber aprendido lo que no tienen otras ciudades a diferencia de nuestra isla y eso hoy me mantiene más que orgulloso de haber regresado.  Estoy muy agradecido que siempre puse el nombre de mi Isla en alto al no criticarla ante los demás y poner mi mejor empeño en todo lo que hacía para conservar en aquel entonces una buena impresión de mi país.  Me alegro mucho de esto dado a que hoy pude regresar y continuar amando a esta linda tierra que un día me vio nacer.

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