Imagen: La exposición La buena fortuna de Fabián Detrés fue inaugurada el 8 de abril en Espacio Pública en Santurce, y estará en muestra hasta el 8 de mayo. Suministradas.
Oscilamos entre creer y no creer en la suerte. Podemos verla como el alineamiento de la circunstancia con lo favorable, el punto donde convergen por un instante en el tiempo. Fabián Detrés (Maricao, 1978), en su nueva exposición, La buena fortuna, se centra en este punto, en este instante para plasmar el efecto de la emigración, la búsqueda del caminante y cómo se construye el destino.
Pero hay diferencia entre la suerte y la fortuna. La segunda se puede ver como la capacidad de actuar en el momento oportuno, de aprehender el instante de la suerte. Hay un término similar en el Tao Te Ching, llamado Wu-Wei, que se refiere a la acción que se ejerce sin fuerza, de manera oportuna, en el momento preciso para desatar causas y efectos. Esta es la precisión de la fortuna, el arte mismo de ella.
Al fondo del Espacio Pública, en Santurce, se ilumina el camino, entre colores, recortes, lienzos y luz. Mimetizamos la emigración en el propio acto del caminar a través de esta, de emprender curso entre la suerte y la fortuna. Al entrar, La marcha de los Jíbaros (2025) se desprende monumentalmente sobre una pared, compuesta de nueve estaciones. Su estructura evoca un rompecabezas deslizante, donde el caminante se antepone al fracaso constante, a la muerte misma. Cruza la composición de manera lúdica; ha trazado el camino. Es homónima y rinde homenaje al acervo de música popular puertorriqueña de principios del siglo XX recopilado por el musicólogo Cristóbal Díaz Ayala, que se documenta dada la emigración puertorriqueña a Nueva York.

Al costado, el díptico Suerte y Buena Fortuna (2025) envuelve al espectador en luz. Los marcos de cinema encasillan calaveras, monocrómicas, en diferentes tonalidades de azul y rojo, trabajadas sobre plexiglás amarillo. Se siente el calor frente a la pieza, generado por decenas de bombillas, rompiendo incluso la percepción espacial a base de la temperatura. Y se escucha un zumbido leve, el pulsar de la electricidad, como un latido que resiste tras la figura de la calavera. Además, es un uso fundamental, meditado, con sentido, de esta figura, que se aleja de la mera repetición mecánica. Representa lo que se opone a la fortuna, a la mala suerte; lo coarta el destino. Y la oposición dialéctica es necesaria. No hay bien sin mal, y no hay muerte sin vida.

La técnica de Fabián Detrés y el uso del medio a través de la muestra son múltiples: acrílico, aerosol, tinta, serigrafía; esta última rememorando la tradición gráfica puertorriqueña. Pero también rompe, corta, abre paso entre sus capas de soporte, manipulándolo hasta cobrar conciencia de lo que plasmaba: los mapas de la estación petrolera tejana donde se vio forzado a subsistir luego del huracán María. El gas, el equipaje confinante, las máscaras, Pasadena (2025) y Bolívar Península (2025) reflejan entre sus capas los niveles de la complejidad inconsciente, el recuerdo que se asoma, que marca y lacera.
La fortuna se contrapone al fracaso, a la misma muerte, a la necesidad de evadirlas para luchar nuevamente, una y otra vez. Todos, de una manera u otra, buscamos la suerte, la fortuna y el camino, siempre el camino.
La exposición, inaugurada el 8 de abril en Espacio Pública, Santurce, estará en muestra por un mes, hasta el 8 de mayo.


