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Cine y TV

Cine Boricua 2000–2024: libro fundamental para entender contenidos y propuestas del cine puertorriqueño

Por 4 min lectura
Cine Boricua 2000–2024

Mi editor, Javier González, de Publicaciones Gaviota, pone en mis manos el libro recién publicado Cine Boricua 2000–2024: Nación, identidad y resistencia en la cinematografía puertorriqueña de ficción del siglo XXI de Rosana L. Díaz Zambrana, para que le haga una consecuente evaluación y reseña. Por razón de afinidad —como sociólogo del cine que me considero— el libro tiene gran pertinencia en los campos de estudio del Instituto Alejandro Tapia y Rivera que fundé y presido.

He leído todo el voluminoso libro sobre el Cine Boricua 2000–2024 con mucha atención y las primeras impresiones de su contenido son altamente estimulantes. De entrada, digo que es un libro fundamental para entender contenidos y propuestas de nuestro cine. Me parece un gran libro por el tiempo y panorama que abarca. Además, por las perspectivas de análisis que —aunque me distancio de ellas— abren excelentes espacios de argumentación y discusión en beneficio de la búsqueda de sentido que toda muestra de arte debe transmitir.

El cine puertorriqueño carece de un análisis serio y profundo de su contenido. Tanto los medios como la academia se han concentrado en dirección, producción, mercadeo, ejecución y estilos. Además de formas que ni siquiera rozan los más vitales aciertos de nuestro séptimo arte, como lo es el guion.

Hemos heredado esa pertinaz manía del cine estadounidense de colocar al director sobre los contenidos del guionista, que es origen primal de toda película. Al ignorar al guionista -o imponer al director sobre él, todo cine pierde su valor. Los aciertos de los directores de cine puertorriqueño deben analizarse sobre su capacidad de transmisión de lo que un guion propone.

Es por esa razón que este libro es urgente y necesario, además de pertinente. Tras la doble lectura que hice, me asombra y felicito las muestras escogidas por Díaz Zambrana para su análisis, pues, tanto de fondo como de forma, abarcan un panorama extenso nunca cubierto con tal amplitud.

Nos asalta el enfoque feminista que Díaz Zambrana ejecuta, como una nueva mirada, y divide por capítulos —con evidente orientación de género y sexualidad— las 107 películas que analiza en detalle. Hemos tenido la suerte de que, de esas 107 películas que analiza, hemos visto más de un 90% de ellas. Dejando aparte, obviamente, la discusión sobre mis propias películas, de las cuales se discuten cuatro.

La sociología de género que Díaz Zambrana aplica a los aspectos coloniales, políticos y culturales de nuestro cine es limitada. Y esto lo decimos con conocimiento de causa, pues la política camina con el cine puertorriqueño desde 1935, con «Romance Tropical», hasta hoy.

Los métodos críticos de identidad de género y subordinación que Zambrana discute —por ejemplo, en películas que van desde las execrables “Joyitas” hasta el llamado cine del reguetón— omiten importantes aspectos sociales de intención y origen que debieron ser discutidos fuera del estrecho enfoque feminista.

Hay una subordinación colonial cultural y de imitación del cine estadounidense que debió tomarse en cuenta. Esto no lo vemos como un defecto, sino, más bien, como una omisión provocada por el empoderamiento femenino de la cultura que ella sí discute extensamente.

Notamos, además, cierto retraimiento en el análisis ideológico de importantísimas joyas de este primer cuarto de siglo XXI. Como la obra de Gustavo Ramos Perales y Diego de la Tejera, entre otros directores y guionistas. A quienes podríamos considerar los realizadores más serios de nuestro cine. Pero Díaz Zambrana, en su evidente intención de imparcialidad crítica, teme establecer excelencias. Si bien la selección de películas discutidas es amplia, hay en ella omisiones importantes que tal vez se resolverán con lo que podría ser —y entiendo que ya se está trabajando— un libro muy parecido en forma y fondo sobre todo el cine puertorriqueño desde 1935 hasta el año 2000, para el cual este libro de Díaz Zambrana sería un imprescindible suplemento.

La importancia de este libro y su mayor logro, a mi ver, es que nos devuelve al contenido. Tener un cine sin contenido es como tener un país sin alma. Díaz Zambrana ha hecho un excelentísimo trabajo al mirar nuestro cine -con sus ojos feministas, claro está-. Hace esto con un análisis serio, dedicado, ponderado y justificado con métodos críticos muy valiosos, que ofrecen una perspectiva luminosa sobre sus pretensiones. Y en tanto nuestro cine pretenda “algo” -lo que sea-, nuestra nación lo vive y lo conserva.

Felicitamos a la autora por esta noble y trascendental hazaña de su libro Cine Boricua 2000–2024, que enriquece inmensamente nuestro acervo cultural.

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Roberto Ramos-Perea

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