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Historia

La Hija del Caribe, su amor a la música y los dos grandes chelistas: Pablo Casals y Bogumil Sykora

Por 19 min lectura
Bogumil Sykora

Pocas son las personas fuera del ámbito musical que han tenido la extraordinaria oportunidad de haber conocido a dos de los más geniales y virtuosos chelistas del siglo XX.  Las nuevas generaciones puertorriqueñas de hoy día pueden reconocer el nombre del catalán, Pablo Casals (1876-1973) por su matrimonio con la humacaeña, Marta Montañez, ambos reconocidos también por haber fundado el Festival Casals en San Juan en el 1957 y el Conservatorio de Puerto Rico dos años después.

Sin embargo, el nombre de Bogumil Sykora es menos conocido, aunque quien aquí escribe este ensayo ha escuchado relatos sobre Bogumil Sykora (1884-1953) desde niña en la casa de su bisabuela, Trina Padilla de Sanz «La Hija del Caribe», y de su abuela, Trinita Sanz Padilla.  Mi madre, Yolanda Fernández Sanz, y sus dos hermanas Elsa y Fabiola, crecieron en la casa de La Hija del Caribe, en donde conocieron y escucharon a Sykora practicar el violonchelo todas las mañanas durante las temporadas cuando Sykora se hospedaba en la casa de la abuela, Trina Padilla de Sanz.

Escultura de Pablo Casals en Barcelona 1940 por Josep Viladomat I Massanas

Sobre la música y las otras artes, el aprecio de la belleza que despierta los sentidos sea al escuchar un concierto, leer un poema, contemplar un cuadro, saborear un vino y el más excelso sentir de un beso, enriquece nuestro ser y espíritu, abriendo ese portal maravilloso de la percepción.

Trina Padilla de Sanz, conocida por el pseudónimo “La Hija del Caribe”, afirmaba estar enamorada del arte. Amaba la palabra escrita en verso y en prosa, siendo su padre, José Gualberto Padilla, uno de los poetas más importantes en la historia cultural puertorriqueña.  Reconocido con su pseudónimo de “El Caribe”, el distinguido filólogo y crítico literario, Julio Cejador y Frauca en su libro Historia de la lengua y literatura castellana, publicado en el 1918 describió a Padilla como uno de los más sobresalientes satíricos americanos cuya obra podía “parearse con los mejores en España durante el siglo XIX”.

Trina Padilla de Sanz dedicó su vida a la poesía, a la prosa y a la música.  Sin embargo, entre todas las modalidades de las artes, la música fue su preferida. Consideraba la música como la más grande de todas las artes, siendo la música la que dice más de nuestra humanidad y entendida universalmente, independiente de los idiomas, porque es el lenguaje universal que se entiende en todo el mundo.

Resaltando la poderosa conexión entre la música y el espíritu humano, la música, especialmente es la que está vinculada en momentos “de lucha o de unidad, porque tiene el poder de movilizar y generar un fervor mucho más profundo que incluso los discursos más persuasivos”.  Desde la perspectiva educativa, Trina Padilla buscaba cultivar en los jóvenes estudiantes una apreciación y comprensión profunda de la música como arte.  Al considerar la música como el lenguaje universal y la más grande de las artes, reconocía su capacidad única para conectar a las personas a un nivel emocional e intelectual, algo que las palabras solas no siempre podían lograr. Es la música que conectó a estos dos grandes chelistas con La Hija del Caribe.

Trina Padilla y Bogumil Sykora se conocieron antes de conocerse. “No hemos sido presentados, sino presentidos”. Trina Padilla relata el momento cuando se encuentra con Sykora: “Él llegó a mi hogar sin previo anuncio, como la aurora que sale todos los días, sin ninguna clase de heraldo anunciador. Nos abrazamos tierna y lealmente en un impulso mutuo, como si nos hubiésemos conocido desde luengos años, y así será, en efecto, pues aunque no hubo la presentación ridícula y mentirosa oficial, es indudable que nos hemos conocido tal vez en otros planos astrales…”

La amistad y amor mutuo consumado en el amor a la música son revelados cuando Trina afirma: “Yo le he oído a él en sueños, me ha maravillado con los sonidos casi humanos que arranca al instrumento, sabía de su patetismo incomparable, pero desconocía su figura. Sus manos: ¡Sus manos…! Poseen la ciencia de las manos… Manos artísticas, manos filosóficas, manos psíquicas, manos elocuentes… Esa mano izquierda que, como una gigante mariposa aletea sobre las cuerdas del violoncelo dando la visión de alas, o bien una floración esplendorosa de polen sobre las notas que canta, como oráculos que predicen los conceptos rítmicos que brotan de su corazón más bien que de sus dedos; manos abaciales, que invitan a ser besadas con unción religiosa sobre la amatista sacerdotal”.  Trina, enamorada del arte y de la música, bajo la atracción hipnótica del elocuente lenguaje musical de Sykora escribe:

Va tejiendo el celista de las manos pálidas,

de manos nerviosas, manos afiebradas,

va tejiendo con notas extraños romances,

se me antoja fantástica araña

urdiendo una fina, luminosa malla

con harto imposibles cabellos de plata…

Trina Padilla recuerda en 1953 una anécdota de la primera presentación de Sykora en el Casino de Arecibo: “El orador que lo iba a presentar al público a última hora desapareció. El concierto no empezaba y el público, ya impaciente, demostraba su extrañeza. Entonces fueron a mí rogándome lo presentara.  El momento era para mí difícil».

«Tomé a Sykora de la mano, subí al escenario y dije: Señoras y señores, los adjetivos tan usuales en estos casos, restan méritos al que es grande en el arte. Por eso yo, recordando por haberlo leído que el Embajador de España en París, al presentar en la Sorbona a Emilio Castelar, dijo simplemente: Señoras y señores, Emilio Castelar va a hablar, digo asimismo a ustedes: Bogumil Sykora va a tocar. Obtuve un aplauso cerrado que no era dedicado a mi persona sino a la del genio presentado.  Sykora, el gran maestro de violoncelo tocó como nunca en aquella ocasión.”

El mutuo respeto y admiración entre ambos músicos era evidente y sus impresiones fueron reveladas en la prensa: “Bogumil — un astro rutilante del arte musical; astro, que, solo admite la comparación, con el también grande Pablo Casals, violoncelista insigne, como él… por su virtuosismo, su ejecución maravillosa, límpida, el tono… ese tono que le saca Sykora a su instrumento, ese tono pastoso, lleno de una emoción única concentrado en un máximo de expresión, intensificando la melodía, y transportando a lo profundo del alma el canto, sobrepasándose a la restringida pauta musical que no puede responder ampliamente a su explosión lírica.  Porque toda música tiene su argumento, y el ejecutante que no se finge la trama de una obra musical, lo que su autor ha querido expresar, en una palabra, no puede interpretarlo fielmente.”

Trina entendía la música y citando a Beethoven, decía: «quien no declama mi música, no me interpreta»…

Beethoven no solo compuso sus extraordinarias melodías, sino que dejó en su música una especie de poesía sonora donde los sonidos se convertían en rimas de emoción.  La frase Beethoniana acertaba que la música tenía que ser sentida. Además de ser correctamente ejecutada, necesitaba esa intuición artística dirigida por una profundidad emocional, como si fuera un poema que se debe recitar con emoción y atención.  Esto es lo que definiría el quid o esencia de lo que es sensación y percepción de la música. Lo que se puede concebir como la capacidad de percibir más allá de la forma superficial, y de poseer una sensibilidad que permite captar el alma de la obra y transmitirla a los oyentes.

Al igual que la poesía que vuela en una frase, con una rima poética, debe el músico, darle con su instrumento la atención que, consonante con su sentir, pueda crear ese impacto emotivo. De esta forma Trina exclamó: “Tal ha sido el efecto que me ha producido su gran figura colosal en el arte. Como figura internacional de la música posee una técnica impecable, un sentido rítmico maravilloso, gracia alada, profundidad de abismo, furia de huracán, transparencia de celaje, serenidad de lago, contracción facial del genio, ¡es una gran campana con alma fundida en bronce…!”

Es cierto que Trina consideraba el chelo como el instrumento más parecido al ente humano y que Sykora podía arrancar el llanto de su chelo.

Por su parte, compartiendo sus impresiones sobre Trina Padilla, Sykora expresa su admiración y respeto en una entrevista que hiciera en 1934: “Es una gran pianista de superior educación musical en general, con una escuela y una técnica de virtuoso, genial musicalidad, temperamento vigoroso, límpida ejecución, un brillante y bello tono y amplio y pastoso sonido.  Hace cantar al piano con rica dinámica, poseyendo los múltiples grados del colorido que comprenden desde el más delicado piano hasta la grandiosidad de una orquesta. Su interpretación posee una completa lógica musical en su enorme repertorio de concierto de memoria.

Como profesora de piano —agrega el insigne musicógrafo— he oído darle clases a sus numerosos alumnos y he observado un sistema pedagógico a la usanza de los conservatorios, formando la construcción musical del alumno. Es innegable su experiencia, conocimiento y conciencia al oír a sus alumnos superiores que son verdaderos artistas.”

El profundo amor a Puerto Rico se hizo evidente cuando Sykora en su entrevista con Ángela Negrón en 1936 declaró: Esta tierra de ustedes es la que yo más quiero. La Hija del Caribe es una bandera de la isla que tanto amo y uno de los prestigios más sólidos de la causa de la mujer que defiendo.  Su declaración es verdaderamente conmovedora y poderosa. La figura de La Hija del Caribe encapsula no solo la identidad y el orgullo de Puerto Rico, sino también esa lucha constante por los derechos de la mujer.  La declaración de Sykora sirve de metáfora que combina su amor a la isla y sus raíces con la defensa de los valores fundamentales de la mujer en el suelo caribeño.

El ámbito artístico que conduce a la fama y los triunfos no fueron motivo de alarde para el gran chelista Sykora. Por el contrario, su personalidad reflejaba modestia y una humildad que muchas veces encontramos en personas que son verdaderamente talentosas.  La modestia de Sykora era genuina. Al no hablar de sus logros, condecoraciones, medallas, no alardeaba de sus méritos, Sykora ponía su corazón en su arte y su trabajo y no en el reconocimiento que recibía.  La Hija del Caribe como alma gemela se daba a todos con igual generosidad que no necesitaba validación externa para sentirse plena en su trabajo.

Ambos ponían énfasis en su trabajo y no en reconocimiento.  Un contraste atípico hoy día con la cultura del ego y la autopromoción, muchas veces asociada con la droga del éxito.

Por esta razón, Trina, observadora del comportamiento humano, se preguntaba: “¿Y la modestia de Sykora?  Corre pareja con su talento, no habla nunca de él, no menciona para nada sus triunfos artísticos, su pecho, que podría exhibir totalmente cubierto de condecoraciones ganadas a golpes de ala, va desnudo, como el de un simple mortal… Lleva guardados sus trofeos con multitud de premios y diplomas, mensajes de pueblos cultos, que han sabido avalorar su genio.”  Sin duda, una forma de humildad que, lejos de restarle valor a su talento, lo hizo aún más admirable.

Bogumil Sykora, Julieta Sykora (Felicia Galuska) y su hijo “Bogumilito”. Fotografía (Cortesía de Find a Grave Bogumil “Bogumilito” Sykora Galuska 1929-1933, Cementerio San José)

La conexión entre Sykora y Trina no solo parece haber estado sellada por el amor compartido por la música, sino también por una unión más profunda, en la que las familias entrelazaban, compartiendo momentos de alegría, risas y recuerdos que enriquecieron sus vidas.

Es fascinante cómo en ese entorno familiar, lleno de vida y risas, la música actúa como un hilo conductor, pero no el único. El hecho de que las dos familias pasaban temporadas todos juntos en la casa de Arecibo da la impresión de que no solo se trataba de una amistad profesional, sino también de un lazo emocional muy fuerte.

La presencia de los hijos y nietos, de Trina y la familia de Bogumil, su esposa y su pequeño hijo Bogumilito reveló cómo las generaciones también compartían esa conexión, tal vez sin darse cuenta de la magnitud de lo que se estaba viviendo: una verdadera amalgama de arte, amor y familia.

Además, el hecho de que estas reuniones se realizaran en un lugar tan especial como la casa de Trina en Arecibo refuerza la idea de un refugio. Un espacio donde las familias no solo se encontraban, sino que compartían su vida cotidiana, sus tradiciones y sus pasiones.  Sin duda, algo que debe haber quedado grabado en la memoria de todos los que participaron en esos momentos. Como lo recordaría mi madre, Yolanda Fernández Sanz en su libro Trina Padilla de Sanz, La Hija del Caribe, Colección de Recuerdos en 1996.

 

Yolanda Fernández Sanz Trina Padilla de Sanz: La Hija del Caribe Colección de recuerdos. Editorial Plaza Mayor. 1996.

Sin embargo, la tragedia delinea un antes y un después en la vida de Sykora. Lo que marcó un cambio transcendental con la prematura muerte de su hijo Bogumilito, a la corta edad de cuatro años.  La pérdida de un hijo es una de las tragedias más profundas que cualquier ser humano pueda experimentar, un dolor indescriptible y hondo.  Es conmovedor que Bogumilito quedó enterrado en suelo borincano, como un recordatorio permanente de la conexión entre Sykora y Puerto Rico. El Cementerio Municipal de San José, en San Juan, se convirtió en el lugar de descanso de su amado hijo. Dejando la memoria en la vida de quienes lo conocieron.

La tragedia que sufrió Sykora, guardada en suelo puertorriqueño bajo el velo de dolor dejó un quebranto emocional sin fronteras en la vida de este gran chelista. La forma en que la comunidad puertorriqueña recibió a su familia, tanto en los momentos de alegría como en los de duelo, reforzó el vínculo entre el artista y la isla que tanto quiso.

La mutua admiración, cariño y amistad se mantuvo desde el momento en que Sykora parte de Puerto Rico para continuar sus conciertos en Europa.  La distancia no logró interrumpir ese vínculo. Ya que las cartas fueron el puente que permitió mantener viva la amistad a lo largo de un tiempo impredecible.  Trina, al guardar todas las cartas de Sykora, revelaba el valor sentimental que le otorgaba a su relación.

El íntimo recuerdo y aprecio que Bogumil tenía por su gran amiga Trina Padilla queda evidente en las cartas que conservaría Trina Padilla. Las cuales forman parte de ese tesoro legado a su descendencia.  Entre estas seleccioné la carta de Sykora con fecha 26 de enero desde el Hotel Europa, Las Palmas, Canarias.:

«Mi querida y muy recordada amiga Doña Trina. Después de dar aquí dos conciertos (2/o era ayer) con gran gran éxito, le mando mis cariñosos saludos y recuerdos.  Los Canarios son gente muy cariñosa y buena y han hecho todo lo posible para mis conciertos. Hasta los diarios han publicado gratis anuncios sin visitarlos y pedirlos.  Esto es colmo de la gentileza. Frecuentemente recuerdo a usted y su familia, los felices días que he pasado en su casa.  Estos días no vuelven más, la tristeza vino después cual no se borra nunca de mi corazón. Pronto me voy a España, probablemente después del concierto de la orquesta Filarmónica, cual se presentará la semana próxima.

¿Como anda la vida en Arecibo hay conciertos?  Después de llegar a Las Palmas le mandé una carta (4 de enero) creo que usted la recibió, pero de Usted llegó nada. Mis muy cordiales saludos a Usted y toda su Familia también de mi Señora. Su devoto amigo, Bogumil Sykora».

Carta de Sykora a La Hija del Caribe. Colección de María Teresa Suárez

La noticia de la muerte de Sykora en 1953 marcó un giro doloroso en esa historia. El lamento de Trina, al perder a su querido amigo, no solo resalta la calidad de su vínculo, sino también el profundo respeto y aprecio que ella sentía por él. Es conmovedor pensar cómo, incluso después de la muerte de Sykora, Trina siguió atesorando su correspondencia, como una forma de mantener su memoria viva.

La muerte del genial chelista, Bogumil Sykora, a sus 69 años, es un contraste triste. Porque no tuvo la longevidad que tanto Trina Padilla como Pablo Casals tuvieron, sobreviviendo a Sykora por más de 20 años. Como pianista y poeta de gran sensibilidad, Trina Padilla entendió la importancia de Sykora. No solo como músico, sino también como una persona con quien compartió experiencias. Además de momentos significativos en su vida profesional y personal.

En recuerdo y memoria de su querido y entrañable amigo, Trina le dedica su homenaje póstumo. “Ahora ha enmudecido su arco en la instancia del tiempo inapelable… Pero su figura surge radiante en el tiempo, en proyecciones divinas, y si no es el poeta que canta en el instrumento que más imita la voz humana, es dios que busca en otros mundos señalados por Dios donde residirá su espíritu inmortal.

Tu hermana, que llora inconsolablemente, te dedica el recuerdo espiritual unido a sus plegarias con su poema In memoriam:

 IN MEMORIAM Sykora

En la clave de sol que es donde mora

tu espíritu que es ritmo y es sonido

que al escucharte el ruiseñor su nido

abandonó al nacer la nueva aurora…

Tu genio deslumbrante que atesora

el dulce ritmo y el fugaz latido

es el magno poema que ha vivido

tu alma de artista gigante y creadora.

Yo quisiera decirte en este verso

algo digno de ti, y mi alma esclava

de tu sublime inspiración te diera

El aplauso de todo el Universo,

un Vítor de la tierra brava eslava

y un jirón del azul de mi bandera…

Trina Padilla de Sanz no llegó a conocer personalmente a Pablo Casals ni tuvo la oportunidad de escucharlo.  No lo conoció como pudo conocer a Sykora. Sin embargo, Trina Padilla sabía del extraordinario talento de Casals por la prensa que la mantenía al tanto. Como ella misma escribió en 1956: “En mi larga carrera musical, y en mis constantes lecturas por todo lo que se relaciona con el arte musical, he podido empaparme muy minuciosamente de la carrera musical del gran artista catalán.”

Incluso durante su viaje a Madrid, Trina fue testigo de la admiración mundial que todo el orbe artístico tributaba a este “Dioscuro” del arte musical.  Había escuchado las múltiples anécdotas que se decían de su genio, en todas las ciudades de España, por amigos, entusiastas y artistas.

Rindiéndole un merecido tributo, La Hija del Caribe termina su artículo con la generosidad de la palabra poeta y escribe:

“Esta humilde aficionada a la música, quiere rendirle con estas palabras salidas de su alma de artista, un saludo cordial a él, y a nuestra España, que al llegar a sus oídos como una palpitación de alas, llegue a la antena de su corazón”.

En ese mismo año, Trina Padilla recibe una carta de Casals, y la dedicación de su retrato.

Foto retrato dedicado y abajo, la carta de Casals a La Hija del Caribe. Colección de María Teresa Suárez

 

Pablo Casals gozó de un reconocimiento universal, aún evidente, que lo colocó como el más grande de los chelistas en el mundo entero. Su nombre además es significativo, especialmente en Puerto Rico, por haber fundado El Festival Casals.  Dedicado a la música clásica, el Festival Casals es celebrado anualmente y se considera uno de los eventos culturales más importantes de Puerto Rico.  El festival se distingue por la participación de talentosos músicos internacionales. Lo que lo ha convertido en una importante referencia de la música clásica en América Latina y el Caribe, extendiéndose a todos los rincones del mundo.

Por más de seis décadas, el festival ha ofrecido conciertos, recitales y presentaciones de orquestas de gran renombre. Las que atraen a miles de visitantes y residentes locales para disfrutar de la alta calidad musical todos los años.  Además, este evento tiene un enfoque educativo, ofreciendo clases magistrales y actividades relacionadas con la música clásica para estudiantes y jóvenes músicos. El sueño de Trina Padilla de educar a los jóvenes en el buen gusto de la música se hizo una realidad. Su pasión por la música no solo era un sueño personal, sino una misión por la cual Trina Padilla dedicaría su vida a la música. La más grande de todas las artes y su gran amor.

Puerto Rico Ilustrado 11 de febrero de 1950 p. 26.

Mi madre, con gran admiración y entusiasmo, relataba y me demostraba (con un chelo imaginario) la manera en que Casals había revolucionado cómo tocar el violonchelo. Casals perfeccionó la técnica del violonchelo, introduciendo una mejor postura y uso del arco, para producir un sonido más fluido y emotivo. Su técnica liberó el movimiento del brazo, dando alas a mayor expresión emotiva y capacidad para generar tonos más ricos y variados.  Su talento innovador transformó el chelo de un instrumento considerado secundario y limitado en comparación con el violín y el piano, a un instrumento con una altura emocional en calidad expresiva, similar con otros instrumentos solistas.

Fueron muchos los logros legados por el genio de Casals.  Merece todo el crédito de haber resucitado, la música de Bach, entonces casi olvidada. Soplando nueva vida y dinamismo emocional a través de su innovadora capacidad interpretativa de su chelo.

Notable también fue la composición escrita por Casals titulada “El Canto de los Pájaros”. Esta pieza, tan hermosa, se basa en cantos de los pájaros, que Casals escuchaba durante su estancia en su casa en Cataluña.  Esta obra se ha convertido en un símbolo de la música catalana. También en una de las composiciones más representativas del espíritu de Casals, quien también fue un ferviente defensor de la paz y la libertad. Por esta razón, prefería que lo llamaran por su nombre catalán “Pau” porque significaba PAZ.

Aunque Pablo Casals nació en El Vendrell, Cataluña en 1876, su vínculo con Puerto Rico fue significativo. Su madre, era puertorriqueña, y Casals siempre sintió una profunda conexión con la isla caribeña, la cual adoptaría como su segunda patria.

La Guerra Civil Española y el advenimiento de la dictadura de Francisco Franco causaron un extraordinario éxodo a Puerto Rico a finales de 1950. Esta ola migratoria de España a nuestra isla fue significativa por el calibre intelectual y talento que arribó a nuestras playas.  Ilustres como Pablo Casals, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas y tantos otros enriquecieron el ambiente cultural. Además de que contribuyeron al desarrollo intelectual y el interés global de la Universidad de Puerto Rico.  Esta inigualada migración a Puerto Rico influyó en la evolución y el crecimiento de la Universidad de Puerto Rico (UPR) como un centro académico de renombre en la región del Caribe y, en toda América Latina.

Aún recuerdo, sin contar el paso de los años, cuando joven universitaria me colaba en el teatro de la Universidad para escuchar los ensayos musicales cuando los artistas practicaban informalmente en el auditorio para el festival.  Recuerdo escuchar y ver a la maravillosa chelista, Jacqueline du Pré. Asi como recuerdo el sentimiento de tristeza que todavía siento cuando recuerdo que una ESTRELLA dejó de brillar… cortando la vida de esta gran mujer chelista a tan temprana edad.

Durante este tiempo, en los inicios del Festival Casals, Yolanda Fernández Sanz trabajaba entonces en la Administración de Fomento Industrial, en la redacción de la Revista de Fomento llamada La Rueda.  Tuvo el honor y gusto de atender a don Pablo Casals. Quien con motivo de la fundación del Festival Casals, estaba visitando las oficinas de Fomento. Pablo Casals muy relajado y cómodo en el sofá, aprovecha fumar su pipa gustosamente mientras Fernández Sanz lee atentamente un documento.

Yolanda Fernández Sanz y don Pablo Casals en las oficinas de la Administración de Fomento Industrial ca. 1957. Archivo Personal.

El Festival Casals se ha convertido en un homenaje perpetuo a la memoria de Pablo Casals desde su muerte en Puerto Rico hace 52 años. Aunque sus restos fueron trasladados al suelo catalán, su memoria perdura en Puerto Rico. Mientras que a su vez es celebrada cada año en el Festival que lleva su nombre y la música clásica. El cual sigue siendo un punto de encuentro cultural en Puerto Rico.

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Yolanda Suárez-Crowe

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