En la Periferia de la Historia, su reciente autobiografía, la pionera dominicana de la televisión puertorriqueña, Carmen Elisa Despradel Imbert, convierte sus recuerdos en un mapa íntimo del Caribe del siglo XX. Entre anécdotas familiares, evocaciones del Santiago de los Caballeros de su infancia y los albores de la televisión boricua, Despradel teje un relato donde la vida personal y la historia colectiva se reflejan una en la otra.
El libro se abre paso en un terreno históricamente vedado para muchas mujeres: el de narrar su propia historia. En sus páginas late una afirmación poderosa —que escribir la vida propia es un acto de libertad—, especialmente para quien creció bajo los ecos del Trujillato y sus sombras de censura y miedo. La autora rescata los matices de una época convulsa, poblada de silencios forzados, pero también de mujeres que aprendieron a sobrevivir entre la discreción y la inteligencia, “sin morir en el intento”.
Como escribe Chiqui Vicioso del periódico dominicano El Nacional, «Despradel Imbert, dominicana que nació a la luz pública con la televisión puertorriqueña y como Maricusa Ornes y Carmen Natalia Martínez Bonilla, puso muy en alto la nación dominicana».
En la Periferia de la Historia celebra precisamente eso: la voz que rompe el cerco. Despradel recuerda el Santiago de los años treinta y cuarenta, con sus rituales sociales, sus colegios de señoritas, sus fiestas familiares y sus contradicciones. La autora no solo ofrece una mirada íntima al entorno que la vio nacer, sino también un registro humano de cómo las mujeres supieron navegar entre la obediencia impuesta y la lucidez propia.
El exilio, o más bien la migración del alma, ocupa un lugar central en este relato. En Puerto Rico —su “Edén”—, Carmen Elisa florece. Es allí donde la joven curiosa e inquieta se transforma en figura pública gracias a la televisión naciente, guiada por la amistad y el apoyo de la compositora Sylvia Rexach. En esa tierra hermana, la narradora encuentra la posibilidad de reinventarse y de dejar una huella en los inicios de la pantalla puertorriqueña, abriendo camino a generaciones futuras.

Más que una cronología, este libro es una meditación sobre la persistencia del recuerdo. “Incursionar en el maravilloso mundo de las letras a los 92 años no es tarea fácil”, confiesa la autora. Pero el resultado es un testimonio luminoso: “Esta autobiografía no es un libro de historia. Es más que un relato de mis vivencias, un testimonio íntimo de mis imborrables memorias y algunas de las lecciones que aprendí en el transcurso de los años”.
Con ternura, Despradel dedica sus páginas a las generaciones venideras: “Comparto esta mi historia, con la esperanza de que inspire y resuene en el corazón de mis nietos y bisnietos para que un pedazo de su abuela Cucú permanezca por siempre en sus corazones”. Esa dimensión afectiva —la ilusión de dejar un legado— es la que convierte En la Periferia de la Historia en algo más que una autobiografía: es un acto de continuidad, una afirmación de que contar es también resistir al olvido.
En su sencillez elegante y su mirada lúcida, el libro de Carmen Elisa Despradel Imbert confirma que toda periferia es, en realidad, un centro oculto de la memoria. Y que escribir, a cualquier edad, es volver a florecer.
“En la Periferia de la Historia” — Carmen Elisa Despradel Imbert— se puede adquirir en la Librería Norberto González en Río Piedras y en Casa Norberto en Plaza Las Américas.


