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Arte

Alí Francis García: símbolo y narrativa visual de su nación

Por 10 min lectura
Alí Francis García

Por Abdias Méndez-Robles

“La nación no es ya un texto unificado, sino una narrativa en continua traducción.” Homi K. Bhabha (1949. Del libro The Location of Culture, 1994).

Tuve la oportunidad de visitar la Galería Guatíbiri, en Río Piedras, para apreciar la exposición del artista Alí Francis García, titulada El Manifiesto de Pablo Pueblo: Reflexión/Rebulución. El artista emplea el término rebulución como una expresión del lenguaje coloquial, creando una palabra compuesta entre rebulú y revolución.

La muestra se erige como un poema visual, una metáfora plástica del sentir y del vivir creativo del artista, estrechamente vinculada a su contexto histórico, social y político. En ella, el discurso pictórico se transforma en una herramienta de reflexión crítica: una traducción simbólica de la identidad puertorriqueña en constante diálogo con su tiempo.

El medio y la técnica utilizados por García revelan su profundo oficio artístico: sin dejar dudas sobre su dominio del hyper-collage digital, el diseño gráfico y el fotomontaje.

La muestra

Alí Francis García despliega una narrativa visual propia, contundente en el contenido, sutil y sublime en la forma y en el contenido. Su obra interpela al espectador desde una sinceridad en su opinión, posición política y su identidad: una defensa frontal y apasionada de su puertorriqueñidad. Puede haber diferencia y esta queda adjudicada, entre la orientación política del artista y la que subyace en su trabajo, y la del espectador. Pero queda en consenso   su honestidad intelectual, la claridad de su voz en defensa de la cultural y la puertorriqueñidad que cada espectador siente.

Su arte nace del amor por las raíces culturales de su ser como puertorriqueño y la historia de la sociedad puertorriqueña. El artista presenta un dominio magistral del símbolo como lenguaje, del manejo preciso de la técnica y el medio para dramatizar el discurso nacional, despertar conciencias y fortalecer la memoria colectiva.

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Lenguaje escénico y carga simbólica

En cada pieza, el artista construye una escena plástica teatral, con drama y escenografía. Introduce temas, personajes y escenario con la precisión de un dramaturgo. Cada composición encierra una carga emocional intensa; ideal, racional o utópica, que invita al espectador a participar del relato.

Su creatividad plástica mantiene un equilibrio sutil entre lo estético y lo narrativo. En sus obras no hay espacios vacíos de sentido o símbolos, ni elementos superfluos; todo está dispuesto con intención, coherencia y ritmo. La forma y el contenido dialogan, se traducen mutuamente, hasta fundirse en una unidad expresiva.

La obra y los símbolos como expresión de la nación

Los símbolos que emergen en su obra, escogidos con rigor y conciencia, no son simples ornamentos: son territorios de significado, signos en constante traducción. En ellos, la nación se revela no como una entidad fija, sino como una narrativa en transformación; una búsqueda perpetua entre memoria y deseo, entre historia y contemporaneidad.

El artista presenta en su obra diversos temas: momentos clave de la historia de Puerto Rico, homenajes a pintores, poetas y figuras políticas admiradas, así como reflexiones sobre inquietudes sociales y políticas. Cada pieza incorpora símbolos que fortalecen el mensaje central.

Boricua en la Luna: en honor a Juan Antonio Corretjer, esta obra se inspira en el poema emblemático de Antonio Corretjer (1908–1985), escrito en décima, el 12 de diciembre de 1980. Alí Francis García comenta que el texto surgió como respuesta a las críticas hacia los nacionalistas puertorriqueños radicados en Chicago, a quienes se les negaba su identidad por haber nacido en los Estados Unidos.

El artista señala: “La inspiración del mismo (la obra), nace cuando él visita a Alicia Rodríguez, y ella le narra la segunda visita que Don Corretjer le hiciera a la cárcel”. Alí Francis García comenta,  “Es cuando aprendí del origen y el mensaje del poema, según la intención del poeta”. El artista añade: “Si bien un boricua puede nacer en la luna, también puede morir en la luna y reclamar o mantener su patria del alma”.

 

Boricua en la luna: en honor a Juan Antonio Corretjer | 35” x 35” | hyper-collage digital/fotomontaje sobre tela | 2025

En la lectura visual de la obra se identifica una planta de plátano, símbolo de presencia, divulgación y apropiación en el tiempo y el espacio puertorriqueño. El artista plantea que es “un derecho simbólico de conquista, ya que los boricuas nos hemos infiltrado en todo el planeta and beyond”. Se incluye también la imagen real de la tumba del poeta Juan Antonio Corretjer Montes, ubicada en su pueblo natal de Ciales.

El artista nos indica que el poema que aparece en la obra es la versión que el cantante Roy Brown (1945) adaptó para hacer su canción en 1987, grabándola en La Habana, Cuba. Desde entonces, alcanzó gran popularidad y se convirtió en otro himno nacional puertorriqueño.

La obra presenta la bandera de Puerto Rico junto a la imagen del planeta Tierra y la mata de plátano, las únicas figuras que conservan color; el resto aparece en tonos grises, influenciados por la superficie lunar. Alrededor de la bandera se transcribe el poema.

La pieza capta y comunica el mensaje del poeta: no importa dónde nazca un puertorriqueño o su descendiente, su puertorriqueñidad es tan absoluta y única como la sienta en su interior.

El compás de la moral, es una exquisita obra que constituye una profunda crítica a la condición humana. Destaca por su cuidada selección de colores cálidos, la claridad de su narrativa simbólica y su estructura formal bien lograda. El artista subdivide la sociedad en cuatro grupos de personalidades representadas por insectos y animales, organizados en un diagrama simétrico con forma de brújula. Su propósito es cuestionar y proponer valores dignos para una sociedad ideal.

El primer grupo está representado por el cobo, aludiendo a las personas que se esconden ante la mínima provocación o problema, adoptando una postura de inacción.

El segundo grupo, la sardina, simboliza a quienes solo actúan cuando su protagonismo pasa inadvertido dentro de una multitud. Evitan el riesgo si ello implica perder su anonimato.

 

El compás de la moral | Diseño gráfico digital/fotomontaje sobre tela | 2018/2025

El tercer grupo lo conforma la garrapata, que representa a los “parásitos sociales”: individuos que viven del gobierno, la familia, la pareja o sus víctimas.

El cuarto grupo, ubicado en la parte superior de la obra, está representado por la abeja, símbolo del trabajo productivo y colectivo. El artista destaca su contribución ecológica y socioeconómica, su estructura social ordenada y su disposición a sacrificarse en defensa de la colmena.

El artista afirma: “De las cuatro categorías, la abeja representa las virtudes a emular en nuestra sociedad”. En el centro de la brújula se observa una estrella invertida, símbolo guía que, según el artista, alude a la Estrella Polar y a los ideales de una sociedad honorable. Contrapone esta imagen a la estrella en posición normal, que asocia con el ego y el protagonismo individual.

Llegamos a El manifiesto de Pablo Pueblo, esta es la obra central de la exposición del mismo nombre, que se presentó en la Galería Guatíbiri. El manifiesto de Pablo Pueblo constituye un discurso crítico sobre las circunstancias políticas de Puerto Rico. Es un dedo acusador, una voz que denuncia los vicios sociopolíticos, la politiquería y el conformismo del pueblo ante la ineficiencia gubernamental.

El artista reflexiona sobre los últimos veinte años desde su regreso a la isla: “Observando el rumbo y el estado actual de Puerto Rico, la debacle socio-política, la ineptitud y corrupción del aparato gubernamental y la decadencia de valores, la muestra es una representación de las preocupaciones, interrogantes y frustraciones que tantos de la clase trabajadora sufrimos”.

Explica, además: “Por este motivo me he apropiado del emblemático personaje de Rubén Blades, Pablo Pueblo, cuya historia sigue siendo relevante hoy, y con la que, como tantos puertorriqueños, me identifico”. La obra, junto con la exposición, constituye, según el artista “un testimonio irrefutable y poderoso como parte de una documentación visual nacional”.

 

El manifiesto de Pablo Pueblo | 37” x 67” | hyper-collage digital/fotomontaje | 2025

En esta pieza, el artista recurre por primera vez al autorretrato, inicialmente por la ausencia del modelo convocado. Sin embargo, más allá de lo circunstancial, se convierte en un acto simbólico: el artista se transforma en Pablo Pueblo como sacrificio y reflexión sobre la pertinencia del tema.

Los símbolos presentados en la obra, para el artista son esenciales por la representatividad de los hechos históricos en la vida política puertorriqueña. Experiencia que se puede extrapolar a muchos otros países.

La palma, emblema del Partido Nuevo Progresista, aparece acompañada de bolsas de dinero, aludiendo a la avaricia y a la corrupción política, males que también arropan a los partidos que han compartido el poder, como el Partido Popular Democrático. Las instituciones políticas han sido utilizadas por politiqueros y sus secuaces para saquear el presupuesto público, en un escenario donde tanto los políticos ya conocidos como aquellos que aún no han llegado al poder despiertan desconfianza, generando incertidumbre en las opciones partidistas.

El esclavo en oro, autorretrato del artista atado al tronco del árbol, representa la riqueza del país y de su gente trabajadora, sometida a los vaivenes del poder. Las cinco vacas, vinculadas a la numerología, simbolizan la avaricia y el vicio que corrompen a los “legisladrones” y oficiales del gobierno. El cordero, tomado del escudo de Puerto Rico, representa al pueblo: sumiso, trigueño y manipulado.

El artista indica que el número “86-190” en el uniforme alude al “código 86” del FBI, que significa “eliminar”, y al número 190, que corresponde al turno de la gobernadora Jennifer González (1976), en la lista de los gobernadores que ha tenido Puerto Rico. Alí aclara: “No promuevo la violencia, sino la conciencia crítica y la memoria histórica”. Con este acto de reinterpretación y creación de códigos, el artista invita a los puertorriqueños a romper con cinco siglos de sometimiento.

En la pieza El Ganzo de mami, Alí se apropia de varias obras, para crear una composición sátira, con un mensaje crítico de la humanidad y sociedad. Las obras que ha usado son El autorretrato (1645) de Diego Velázquez (1599-1660), La madre de Whistler (1871) de James McNeill Whistler (1834-1903), Muchacha desnuda sobre una piel de pantera (1844) de Félix Trutat (1824-1848), El juramento de los Horacios (1784) de Jacques-Louis David (1748-1825), y El nacimiento de Venus (1863) de Alexandre Cabanel (1823-1889).

La composición ironiza sobre el “ganzo”: el hijo mantenido que vive del sustento de su madre, pero gasta sus bienes en placeres y compañía femenina, sin asumir responsabilidades. Es una crítica social a un mal atemporal. Así como atemporal está la obra ambientada, en una casa criolla de Ponce con vista al puerto de La Guacha y la isla Caja de Muertos, creando una fusión de estilos de arte.

Elizam Escobar Ortiz: La Reflexión Perpetua del Artista, es un homenaje al patriota y artista Elizam Escobar Ortiz (1948 – 2021). Alí relata: “Durante el emotivo velatorio de Elizam tuve la convicción de hacer una obra conmemorativa al patriota”. Así nació una simbiosis entre la intención de Alí y la figura de Escobar, basada en el vínculo entre su experiencia vital y su creación artística.

El resultado es un retrato excepcional de un artista que defendió con firmeza sus ideales y trabajó con honestidad intelectual. En la obra, Escobar aparece frente a un espejo, en un acto de autorreflexión. Sin embargo, su reflejo no se mira a sí mismo, sino al espectador, estableciendo una mirada inquisitiva. El artista explica, poniendo palabras en Escobar: “Yo me veo y me analizo dentro de mi realidad existencial, ¿y tú lo puedes hacer?”.

Escobar se presenta de espaldas, invitando a conocer al ser humano más allá del retrato. Alí Francis lo recuerda como un hombre humilde, sencillo y de humor extraordinario. La cita inscrita en la pieza, “Todo lo que a mí me pasa termina en la pintura” pertenece a Escobar y fue seleccionada por Alí por encapsular su esencia. En la espalda del retratado, el artista coloca una estrella con tres cubos que forman las iniciales del nombre de Elizam “EEO”, y símbolo de la creencia política del homenajeado.

“Para mí, Elizam es uno de los artistas puertorriqueños más prolíficos e importantes del siglo XX y XXI. Que en paz descanse”, concluye Alí Francis.

Elizam Escobar Ortiz: La Reflexión Perpetua del Artista | hyper-collage digital/fotomontaje sobre tela | 2021/2025

El trabajo creativo de Alí Francis García no solo representa a la nación, su cultura e historia: la reinterpreta, la traduce visualmente y la codifica, convirtiendo su arte en un espacio de reflexión, crítica y resistencia.

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