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Arte

Opinión: El arte digital en Puerto Rico: la ilusión del reconocimiento

Por 6 min lectura
arte digital
stylish bearded man sitting with crossed legs and closed eyes in projector lights, fashion concept

Por: Emmanuel Cruz Lampón, FPGDA, FSIAD, IAPMC

Durante años hemos escuchado que el arte digital en la isla está surgiendo, que es una tendencia nueva, que los artistas están comenzando a explorar la tecnología. Pero esa narrativa, por repetida, no es del todo cierta. El arte digital no está emergiendo ahora en Puerto Rico. Lo que está ocurriendo es que lo estamos descubriendo tarde.

Desde finales del siglo pasado, hubo artistas boricuas trabajando con computadoras, con imágenes generadas digitalmente, con instalaciones que requerían código y programación. Pero el mundo cultural de la Isla, sus museos, sus críticos, sus curadores, no tenían las herramientas para mirar eso y entenderlo. La computadora se veía como un aparato útil para hacer cosas prácticas, no como un espacio para crear arte con todas las de la ley. Esa diferencia, que parece pequeña, explica por qué nos tomó tantos años comenzar a hablar en serio de este tema.

Por: vadymvdrobot

No es que faltaran artistas.  Faltó quien supiera mirarlos…

Mientras en otros países los museos y las universidades ya habían superado el debate de si lo digital era o no arte legítimo, aquí nos quedamos atrapados entre dos posiciones. Por un lado, estaba la gente que se fascinaba con la tecnología por la tecnología misma, como si lo digital fuera interesante solo porque era nuevo y brillante. Por el otro, estaban quienes toleraban el arte digital siempre que no compitiera con las artes tradicionales, siempre que fuera un adorno, un complemento, algo bonito pero sin mayor importancia. Entre esas dos posturas, lo que se perdió fue la oportunidad de entender el arte digital como lo que es: una forma de pensar, no solo una forma de hacer.

Hoy las cosas han cambiado un poco. Se habla más del tema, hay exposiciones, hay interés. Pero la pregunta que debemos contestar sigue ahí: ¿Este interés es real o es una manera de parecer actuales, de estar al día con lo que pasa en el mundo?

Los museos han comenzado a incluir arte digital en sus programaciones, pero casi siempre como algo pasajero. Una exposición aquí, otra allá, y después se acaba. No hay colecciones permanentes. No hay políticas claras de cómo conservar obras digitales, que muchas veces dependen de software que se vuelve obsoleto o de equipos que dejan de funcionar. No hay espacios fijos dedicados a esto. Se hace el gesto de incluir lo digital, pero no se transforma la estructura para sostenerlo. La inclusión ocasional no equivale a integración real, y el gesto simbólico no sustituye una política cultural. Y el reconocimiento sin estructura, sin apoyo real, es solo una ilusión.

A esto se suma una confusión que todavía no logramos superar. Se confunde usar herramientas digitales con hacer arte digital.  No es lo mismo. Un artista puede usar una tableta gráfica para pintar, y eso está bien, pero eso no convierte automáticamente su trabajo en arte digital, así como usar un pincel no convierte a alguien en pintor abstracto. El arte digital, cuando hablamos de él como un lenguaje propio, implica otra lógica: obras que funcionan con sistemas, con procesos, con interacción, con cosas que cambian con el tiempo o que dependen de quien las mira. No es solo el instrumento, es la manera de pensar la obra.

Por: hemul75

Y dentro de eso hay muchas variantes. Hay artistas que hacen pintura digital, ilustración, animación.  Hay otros que trabajan con código, con inteligencia artificial, con realidad virtual, con obras que se generan a sí mismas. Todas son prácticas digitales, pero no todas funcionan igual. Reconocer esa diversidad es importante para no simplificar las cosas.

En Puerto Rico ha habido momentos en que el arte digital ha aparecido en espacios importantes. Pero casi siempre ha sido desde lo visual, desde lo sensorial, desde la experimentación formal, no desde procesos donde lo digital sea la médula de la obra.  La tecnología ha estado presente, sí, pero como un recurso adicional, no como el lenguaje principal. Eso no quiere decir que esas obras sean malas o menos valiosas. Solo quiere decir que como país todavía no hemos desarrollado una relación de fondo con este medio, algo que vaya más allá del entusiasmo pasajero.

Antes de que las instituciones se interesaran, hubo proyectos independientes que intentaron juntar a los artistas que ya estaban trabajando en esto, aunque estuvieran dispersos. Gente haciendo cosas por su cuenta, sin esperar a que nadie los validara. Colectivos como Los Mochos, espacios como Beta-Local, exposiciones organizadas desde la autogestión, fueron creando un camino. Un hito importante fue Resolución 2020, una muestra que no pretendió inventar nada, sino mostrar lo que ya existía. Y lo que mostró fue que había una escena, sí, pero fragmentada, y que los artistas dedicados de lleno al lenguaje digital todavía eran pocos. Esa exposición no creó un movimiento. Lo hizo visible.

La importancia de esos momentos no está en su tamaño, sino en lo que revelan. Cuando artistas de distintas edades y trayectorias coinciden en un mismo medio, eso no es una moda. Es la señal de que algo está cambiando de verdad.

Ahora que los museos comienzan a integrar lo digital, algunos piensan que el reconocimiento llegó por fin. Pero hay que ser cuidadosos. La historia del arte enseña que las instituciones rara vez están a la vanguardia de los cambios. Casi siempre llegan después, cuando el riesgo ya es menor, cuando lo nuevo ha dejado de ser tan nuevo. El trabajo de verdad ocurre antes, en espacios más pequeños, donde la experimentación no necesita permiso. El museo no crea el cambio. Lo confirma, cuando ya es seguro hacerlo.

Por: balls340

Puerto Rico está en medio de esa transición. El arte digital empieza a aparecer en el discurso oficial, pero las estructuras para sostenerlo no existen. No hay un mercado preparado.  No hay espacios accesibles. No hay modelos claros de cómo coleccionar estas obras, de cómo conservarlas, de cómo exhibirlas más allá de lo temporal. El reconocimiento, por ahora, es parcial.

El arte digital no necesita que le den permiso para existir. Ha existido sin esperar a que nadie lo autorizara. Lo que necesita es un entorno cultural que reconozca que llegó tarde a esta conversación y que todavía está a tiempo de ponerse al día. Pero para eso hace falta más que buenas intenciones. Hacen falta políticas, recursos, formación y, sobre todo, la voluntad de entender que lo digital no es una novedad pasajera, sino una transformación profunda de cómo se piensa y se hace arte. El arte digital ya está aquí; la pregunta es si las estructuras culturales están listas para alcanzarlo.

Este texto no pretende tener la última palabra. Aspira a ser una invitación a seguir hablando, investigando y cuestionando. Porque el arte digital en Puerto Rico merece algo más que una ilusión de reconocimiento. Merece las condiciones para existir con toda su complejidad.

Sobre el autor

Artista digital, ilustrador, director de arte y diseñador gráfico profesional con más de 40 años de trayectoria profesional. Su obra artística ha sido documentada en diversas publicaciones y libros de arte, contando con el aval y análisis de destacados críticos de la escena contemporánea.

Es Fellow de la Professional Graphic Designers Association (UK) y de la Society of Illustrators, Artists and Designers (UK), además de poseer la certificación Graphic Designer Master por la International Association of Professional Organizations. Miembro activo de ACM SIGGRAPH y de la Fine Art Trade Guild, ha colaborado con publicaciones de prestigio global como Graphic Design USA, PGDA (UK) y Arte al Día LATAM.

Imagen principal:  LightFieldStudios

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Sobre el autor

La redacción del Periódico El Adoquín está compuesta por un grupo de escritores y editores independientes que trabajan para publicar información de interés cultural puertorriqueño los siete días de la semana.

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