La discusión acerca de si Puerto Rico afronta una crisis de viabilidad gira en torno a retos demográficos, estructurales y económicos que ya han señalado varios analistas, economistas y demógrafos. Algo tan básico, urgente y necesario para la vida, como lo es el agua, el mal manejo de los recursos acuíferos, afecta diariamente la vida de miles de puertorriqueños y puertorriqueñas en toda el área norte. Por otro lado, los apagones casi diarios de la energía eléctrica en toda la Isla, un elemento esencial para la calidad de vida puertorriqueña. Lamentablemente, en Puerto Rico, muchas personas no lo quieren aceptar (prefieren invisibilizarlo), pero más de la mitad de los niños y niñas viven por debajo del umbral de pobreza. Otro gran desafío poblacional y demográfico es la emigración de los puertorriqueños, principalmente hacia los Estados Unidos, y el envejecimiento de nuestros adultos mayores. Los puertorriqueños en los Estados Unidos, se convierten en una minoría de inmigrantes hispanos, en Estados Unidos continental.
En Puerto Rico, se ha registrado una merma poblacional significativa en los últimos 25 años. Desde la destrucción de la Sección 936, por parte del gobierno de Pedro Roselló González, en la década de 1990; la Sección 936 era la espina dorsal de la economía puertorriqueña. A principios del siglo 21, la población aproximada era de casi 3.9 millones y para el año 2026 la población en Puerto Rico es de aproximadamente 3.1 millones de habitantes. Los puertorriqueños que emigraron a Estados Unidos, buscando mejores oportunidades económicas, forman parte de una política oculta y organizada entre los azules, como lo confirmaron los “brothers del Chat Roselló”, en la que el publicista Edwin Miranda dijo de forma descarada que «veía un futuro maravilloso, un Puerto Rico sin puertorriqueños.» Lo que es evidente no se pregunta. Muchas personas argumentan, con gran razón, que la crisis en los servicios básicos, tales como la electricidad y el agua, y que los incentivos contributivos atraen a inversionistas extranjeros mientras desplazan a las familias locales hacia la diáspora, por falta de oportunidades económicas.
La población de la isla sigue disminuyendo significativamente cada año, según los últimos reportes del Censo federal, los jóvenes en edad reproductiva y trabajadora se están mudando fuera de la Isla porque no existe un plan estratégico por parte del gobierno el cual pueda crear las bases para el desarrollo económico en la Isla. Por otro lado, el sistema de salud en la Isla se ha visto sometido a presión, pues, según los analistas, la atención a las personas mayores se ve perjudicada por una gran dependencia de programas de asistencia pública como Medicaid y por la fuga de profesionales médicos. Nuestra isla, va en una desaceleración de la economía y los economistas alertan acerca de los desafíos inflacionarios, de la dependencia elevada de las importaciones de alimentos y combustibles, así como también de las etapas de contracción que restringen la autosuficiencia local. Puerto Rico, se ha convertido en un puerto pobre, inviable y gentrificado por los multimillonarios.
Es aquí donde regresa el debate centenario sobre el estatus político, en el que se dialoga sobre la soberanía. Los sectores políticos y académicos discuten si la situación territorial actual restringe las herramientas para el desarrollo económico, lo cual demanda opciones que van desde la estadidad hasta la plena independencia, o el status quo del Estado Libre Asociado. El tiempo escribirá la historia de nuestra bendita Isla del Encanto.


