Imagen: Cuarteto Rubiano (Jorge Rubiano en la izquierda). Puerto Rico Ilustrado, 1928. Cortesía del Proyecto del cuatro.
Por Néstor Murray-Irizarry, historiador
Para Gustavo Batista Ortiz del Ribero y Ernesto Cordero
Uno de mis grandes amigos, Gustavo Batista Ortiz del Ribero, hermano del alma, a quien perdimos mientras yo vivía en Nueva York, me enseñó a querer a mucha gente buena. Gustavo y yo mantuvimos una amistad sincera y llena de anécdotas que servirían para un libro de grandes méritos. Una pena que no recuerde muchas de las narraciones que Gustavo me narró en altas horas de la noche, sin vinos, ni quesos … solo la noche y su mandolina.
Nunca olvidaré la gran noche que pasamos en Manatí en la presentación de mi libro Ensayo de música: Fernando Callejo y Ferrer, el padre de la historia musical de Puerto Rico. Esa noche la familia de Callejo y los asistentes, escuchamos, probablemente el último recital que ofreció en público el querido amigo ya fallecido. Sylvia, su eterna compañera, estaba esa noche… y Manatí se vistió de gala.
Uno de los maestros de Batista, que siempre mantuvo a flor de labios era un musicólogo colombiano nacido en Bogotá. Gustavo nunca olvidó la enseñanza de su maestro. Yo tampoco pude olvidar el gran respeto y amor que sienten discípulo y maestro.
Jorge Rubiano era compositor, director de orquesta y bandas. En Puerto Rico se dedicó a organizar grupos más pequeños como La Rondalla de Puerto Rico. Le favoreció a Rubiano de ampliar su gran misión de trabajar y componer para los instrumentos de plectro. Cuando Rubiano llegó a Puerto Rico en 1919, -comenta el historiador musical Pablo Marcial Otero- trajo consigo un caudal de experiencias del mundo de la composición, ejecución y dirección de grupos musicales.
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Tenía apenas 29 años, pero su larga estadía entre nosotros significó un gran avance en el quehacer guitarrístico del país. Citando al musicólogo Ernesto Cordero, quien indicó que sus conciertos y dedicación a la enseñanza, por largos años, lograron despertar un genuino interés por la guitarra clásica en Puerto Rico. Durante los 45 años que se radicó en nuestro país, ayudó a formar centenares de músicos. Podría decirse que la gran mayoría de los guitarristas puertorriqueños de hoy son fruto, directa o indirectamente del Maestro Jorge Rubiano.
Batista escribió sobre su gran Maestro: “Hoy se puede decir, sin temor a equivocarse que no existe un músico de los que nos honran que no haya sido fruto directo o indirecto de Rubiano, tanto en el campo culto como el popular”. Otra de las aportaciones del maestro Rubiano fue la creación de la ‘familia del cuatro puertorriqueño’.

El querido amigo y musicólogo Ernesto Cordero resumió la vida y obra del Maestro Rubiano:
«El maestro Jorge Rubiano nació en Bogotá, Colombia, el 14 de julio de 1890. Obtuvo su educación primaria en su ciudad natal, en la escuela Doctor Moreno y en el Colegio Colón. Durante los últimos años de la segunda década de este siglo, en el barrio de San Agustín del antiguo Bogotá. Organizó y dirigió la agrupación ‘Arpa Colombiana’. Esta agrupación interpretaba mayormente música de compositores de la época de Rubiano, siendo algunos de ellos: Murillo, Morales Pino, Fulgencio García, Luis A. Calvo y Velasco. Más tarde y con miras de llevar la música colombiana a otras tierras, organizó el ‘Quinteto Colombiano’.
Este grupo estaba constituido por Rafael Lemoine (Bandola), Elio Gabanzo, barítono; Joaquim Forero, tenor; Jorge García, pandereta; y el propio Rubiano, el cual tocaba la bandola. El conjunto ejecutaba bambucos, pasillos, romanzas, danzas; en fin, todas las modalidades del folklore colombiano. Dictó conferencias y organizó orquestas en varios países de Europa. Cuando regresaba a su añorada América, hizo escala en San Juan de Puerto Rico donde permaneció 45 años. En esta misma ciudad murió el 15 de julio de 1964».

Sus restos mortales se encuentran en el cementerio de Villa Palmeras. Jorge Rubiano fue uno de los últimos sobrevivientes del destacado grupo de compositores colombianos formado por Emilio Murillo, Jerónimo Velazco, Fulgencio García y Jorge Añez. Entre su variada y extensa producción merecen especial mención su obertura Amaneciendo, el pasacalle Hasta Luego, el pasodoble Guitarras y Panderetas, la jota Bailadora y el pasillo Sabrosito. Sus composiciones más conocidas en Colombia son: La Serpentina, Elvira, Festival, y Ella.
De acuerdo a DAHR (Discography of American Historical Recordings, facilitado por el historiador Jaime Jaramillo) Jorge Rubiano grabó desde 1919 a 1932, alrededor de 32 de sus obras, incluyendo versiones de algunas de sus composiciones con orquestas, dúos, vocalistas, tríos, cuartetos, instrumental, quintetos; y con agrupaciones como el Trío Colombiano, La Orquesta internacional, Quinteto Nacional, Grupo Rubiano, Cuarteto Bogotá Los Castellanos, y el Dúo Quiñones.
Puerto Rico siempre recordará con profunda admiración la encomiable labor didáctica que realizó este gran educador, colombiano de nacimiento y puertorriqueño por adopción. porque reconocemos la nobleza del esfuerzo y la ingente labor realizada por el maestro Rubiano.


