Foto: La Fundación del Colegio San Felipe y los primeros alumnos de la escuela primaria en el año 1933, frente a la Catedral San Felipe.
Por: Yolanda Suárez-Crowe, bisnieta de La Hija del Caribe
Arecibo fue uno de los primeros pueblos fundados en Puerto Rico a principios del siglo XVII. Sin embargo, el desarrollo de su parroquia con la advocación a San Felipe se inicia, un siglo después, en el 1703. La Parroquia de San Felipe se convertiría en el centro vital de los arecibeños. En el siglo XIX observamos una expansión con el desarrollo de parroquias en la isla y la necesidad de facilitar educación escolar a todos los niños.
La instrucción primaria era limitada debido a que favorecía a los niños, cuyas familias podían incurrir en gastos de matrícula y becas para llevar a cabo estudios fuera de la isla. Otros niños recibían educación primaria en sus propios hogares o asistían a los liceos privados abiertos por damas educadas, algunas migrantes de los estragos de las guerras de Independencia en Latinoamérica.

Rosalía Ramírez Curbelo y su esposo, Pedro Alfonso Guerra, naturales de las Islas Canarias, emigran a Venezuela, en donde nacieron sus cuatro hijos. Durante la Guerra de Independencia de Venezuela, Pedro Alfonso Guerra queda prisionero en la Guaira, en donde muere durante la cruenta revolución venezolana, dejando a su esposa viuda y huérfanos de padre a sus hijos. La familia había perdido su hacienda de café en el terremoto de 1812. La pérdida de todos los bienes de fortuna sumada a la Guerra de Independencia de Venezuela causaron el éxodo de esta familia y de tantos venezolanos que huyeron para encontrar refugio en Puerto Rico y en otras islas del Caribe.
La única hija de los cuatro hijos de Rosalía y Pedro, llamada, Trinidad Alfonso Ramírez (1809-1867) tenía once años al llegar a Puerto Rico. A los 17 años, Trinidad Alfonso Ramírez contrae matrimonio con José Padilla Córdova, los futuros padres del futuro poeta, José Gualberto Padilla Alfonso “El Caribe”, y de los otros ocho hijos que tuvieron, incluyendo a la primogénita hija, Rosenda Padilla Alfonso. El hijo mayor, José Gualberto Padilla, tenía 14 años cuando embarca en goleta rumbo a España en el 1843 para iniciar sus estudios.
Siete años después, se quebrantó la vida familiar cuando Trinidad Alfonso Ramírez quedó viuda con siete hijos, cuatro de ellos entre las edades de dos y 12 años. Azotado por la inestabilidad económica y para poder ayudar a su madre, el joven, José Gualberto (entonces de 21 años) funda el periódico La Esperanza para pagar sus estudios de Medicina en España.
De igual manera, su madre, Doña Trinidad, con la ayuda de Andrés Tejada, funda un Liceo para señoritas. Rosenda, dos años mayor que su hermano en España, participó con su madre desde el inicio de la escuela/liceo. Al morir su madre, siete años más tarde, Rosenda continuaría la labor de maestra en el liceo. Entre sus alumnos figuraron Cayetano Coll y Toste (1850-1930) y Fidela Mathew y Adrián (1852-1927).
Joaquín Lago Padín, en Perfiles Arecibeños (1990), confirma que la madre de El Caribe, era una mujer de gran preparación y que tenía una escuela propia en Arecibo. Trina Padilla Otero, La Hija del Caribe, nombrada en honor de esa abuela, aprendió las primeras lecciones desde la infancia y a lo largo de su vida en un hogar que destilaba cultura, teniendo las lecciones de un padre erudito, médico-cirujano y poeta.
Lago Padín relata que Trina recibió los primeros estudios en una escuela de niñas bajo la dirección de Isaura Arnau, ubicada en la hoy conocida Calle De Diego, y en donde se encuentra el edificio Kress. Trina, una niña inquieta, e independiente, mostraba el genio y postura rebelde como su padre. Por su desafío, era castigada en un rincón con el cónico sombrero en la cabeza. Trina manifestaba su precocidad y astucia en su preadolescencia, y desde temprana edad, estaba acostumbrada a leer “tres veces más” de lo normal para una niña de su edad.
Anuncio
Trina Padilla Otero (1864-1957), nació y vivió en Vega Baja hasta los siete años, cuando su familia se mudó al pueblo de Arecibo para instalarse en la casa Ulanga. Arecibo fue su residencia y testimonio de las profundas raíces en los ochenta y seis años de su arribo al noble pueblo adoptivo.
Sus vivencias y luchas influyeron en la dirección que Trina Padilla de Sanz tomaría cuando la necesidad y la crisis económica cambiarían el curso de su vida y su familia. La Hija del Caribe fundaría el Colegio de San Felipe en Arecibo y, a la vez, mantendría a su familia y a varias generaciones dando clases de piano en su casa de Arecibo todos los días hasta entrada en edad.
A pesar de que existían escuelas parroquiales en la Capital, y en pueblos limítrofes de la isla, a finales del siglo XIX la pobreza económica en toda la isla coexistía con la falta de recursos para proveer la educación de todos los niños sin distinción de clase económica.
El resultado de la Guerra Hispanoamericana y la posesión de Puerto Rico por los norteamericanos impactó todas las esferas de la vida social, espiritual y cultural de la isla por una nación que impuso su vernáculo, cultura y religión, ajena a la nuestra. Asaltó nuestro engranaje vital como provincia autónoma de España, nuestro idioma, cultura, religión, historia y por ende, nuestro sueño de nación quedaba estrangulada.
Muchas escuelas cerraron con el cambio de educación en Puerto Rico bajo el control de los norteamericanos. El impacto económico entre dos huracanes San Felipe en 1928 y San Ciprián, cuatro años después en medio de la Depresión en los Estados Unidos, fueron golpes significativos en todos los niveles de vida, afectando especialmente la educación de los niños en toda la isla. Muchos pueblos carecían de escuelas y la sumada y onerosa distancia que requería tener que viajar a otro pueblo para poder educar a los hijos impedía o limitaba la motivación de las familias.
Los niños o niñas que podían pagar la entrada en el colegio/escuela y transporte, tenían que vivir en los internados, siendo un requisito de la institución docente para los estudiantes residentes de otros pueblos. La separación era traumática tanto para los padres como para los hijos, que tenían que adaptarse a un ambiente nuevo, resultando en ansiedad y tristeza. Estas escuelas, lejos del hogar familiar, limitaban también las visitas de sus familias. La transportación para viajar en vehículos privados o públicos era costosa y tomaba tiempo entre llegada y despedida para regresar antes de que cayera la noche. Los caminos y carreteras en la década de los 30, sin duda, eran muy diferentes a las autopistas de hoy y los existentes medios de transportación que facilitan el acceso en corto tiempo.
Relata mi madre, Yolanda Fernández Sanz, el trauma que le causó la separación y partida cuando llegó su turno de ser matricularla en el Colegio de la Inmaculada de Manatí en el 1926. Salieron en carro público temprano en la mañana, acompañadas de la familia y por supuesto de la abuela Trina. Yolanda, sería la niña más pequeña del internado. Su hermana mayor, Elsa, habiendo iniciado su educación en la misma escuela, ya cursaba la secundaria en ese año escolar. Ambas quedaban internas en el Colegio en Manatí, provocando una despedida extendida y dolorosa.
Todo cambió al terminar el tercer grado, en Manatí, cuando le tocó el turno de entrar al Colegio de Manatí a su hermana, Fabiola Fernández Sanz, la nieta menor de La Hija del Caribe. Su estadía; sin embargo, fue muy corta, porque la abuela, Trina Padilla de Sanz, enfermó de melancolía al quedar separada de su nieta más pequeña. La única medicina efectiva era obtener el regreso de Fabiola a la casa de Arecibo. La necesidad de regresar a la nieta en aquel tiempo fue un motivo cuyo desenlace fue favorable y fortuito.
Anuncio
El incremento poblacional, evidente en las tres primeras décadas del siglo XX, contribuyó a la necesidad de desarrollar el servicio pastoral católico de la Parroquia de San Felipe en Arecibo que no daba abasto por la creciente feligresía. Trina Padilla, una mujer comprometida en su defensa de los valores tradicionales, y la educación católica, siempre mantuvo una estrecha relación con la congregación católica y ejercía un genuino interés y liderato para levantar el interés de la comunidad arecibeña en toda clase de actividades cívicas, educativas, y caritativas dedicando su tiempo y energía.
El gobierno norteamericano en Puerto Rico organizó todos los servicios, incluyendo las Iglesias, Parroquias y todas las instituciones en la isla, asegurando una administración y directiva central proveniente de Estados Unidos. Cuando los cuatro frailes americanos de la cofradía del Espíritu Santo llegaron a Arecibo, el servicio parroquial de San Felipe abarcaba una población estimada de 18,000 personas, con dieciocho barrios rurales, y 32,000 habitantes.
Para atender las dificultades y necesidades de la feligresía, los cuatro frailes asignados, Christopher J. Plunkett, Regis Guthrie, William Duffy y Joseph B. Boyd iniciaron el servicio pastoral en el pueblo de Arecibo. El Rev. Christopher J. Plunkett de 63 años, fue nombrado Pastor de la Iglesia de San Felipe. Estos cuatro frailes se adaptaron, aprendiendo nuestro idioma y costumbres, y con amor y tenacidad hicieron una extraordinaria labor pastoral por décadas. Por esta razón, recibieron el merecido reconocimiento de haber sido pioneros del desarrollo de la parroquia San Felipe de Arecibo en el siglo XX.

Para evitar conflictos que generarían al retener a Fabiola con su abuela, Trina Padilla plantea la idea de establecer el Colegio San Felipe de Arecibo. En 1930, bajo su iniciativa y liderato, Trina Padilla obtiene el apoyo de un grupo de amigas arecibeñas, entre ellas, Faustina de Santos, Carmen Aponte y Cambucha García, además de su yerno, José García Abreu (tío de René Marqués). Obtienen el patrocinio del Rev. Christopher Plunkett, entonces coadjutor de la Iglesia San Felipe de Arecibo, y visitan al Obispo Jaime Vincent Byrne, quien aprueba el Proyecto del Colegio de San Felipe.
Se asigna el traslado a Arecibo de las Hermanas de la Divina Providencia desde Pittsburgh, Pennsylvania, para facilitar la enseñanza en la nueva escuela. Las primeras seis hermanas incluyeron a: Callista Strauss, De Chantal Huber, Macaria Goertner, Bertrande Leiniger, Innocent Miller y Theodoret Bretzel. Tomaron el tren de Pittsburgh a Washington, DC y fueron recibidas por el Padre Félix, un fraile Capuchino, quien las condujo al barco de vapor Bárbara, en Baltimore. Las monjas llegaron el 14 de agosto de 1932 y en menos de un mes, iniciaron enseñanza en el Colegio San Felipe. Los niños hablaban español, los textos escolares eran en inglés, y el alemán era el vernáculo de las monjas. Sin embargo, las dedicadas monjas se adaptaron y aprendieron español.
El 6 de septiembre de 1932 el Colegio San Felipe comienza con una matrícula de 35 niñas.

Los salones organizados por el Padre Guthrie, las monjas y voluntarios de la comunidad tenían sus pupitres, pizarras y demás artículos escolares. El colegio estaba ubicado en la planta baja del Casino de Arecibo. La matrícula abarcaba el primer grado (clase de Fabiola) hasta el quinto grado (clase de Yolanda) de escuela elemental. Año tras año se añadía un grado hasta llegar al cuarto año de la secundaria. Los padres y familiares pudieron mantener cerca a sus hijos, y, por supuesto, cabe mencionar la milagrosa recuperación de Trina Padilla de su melancolía.
El padre Boyd fue nombrado pastor de la parroquia, en donde ejerció una labor espiritual por dieciséis años, desde 1939 hasta 1955. San Felipe se convirtió en la parroquia más grande de Puerto Rico y en 1960 la Santa Sede creó una nueva diócesis en San Juan, llamada Diócesis de Arecibo. El puertorriqueño, Rev. Alfredo Méndez, se convirtió en su primer obispo e hizo de San Felipe su Catedral.

El Colegio San Felipe inauguró su nueva biblioteca con el nombre de Trina Padilla de Sanz el 11 de abril de 1967 para celebrar el décimo aniversario de su muerte y reconocer la pionera labor de Trina Padilla en la creación del Colegio de San Felipe. El cuadro de Trina Padilla de Sanz pintado por Miguel Pou Becerra fue colocado en el salón de la nueva biblioteca y presentado con la siguiente dedicación:

“¡Qué mejor lugar para ti, Trina Padilla de Sanz!
Tú que fuiste hermana del pentagrama y de la lira,
presides ahora por imperio de tu valía, este santuario del saber.
Y, ¡cómo gozarás alla arriba,
en los luceros donde habitas, viendo como estos libros,
reciben la caricia de manos juveniles!
Tú que fuiste inspiradora poetisa, fiel enamorada de la música,
y sobre todo, ejemplo de mujer buena, quedas en tu casa…”



Muy interesante! Muchos datos de este amado pueblo que me adoptó cuando iba a cumplir siete años. Me llamó la atención que el Colegio San Felipe comenzó un 6 de septiembre de 1932. Nací nueve años despues un 6 de septiembre…