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Arte

Observaciones de «Emplazamientos del imaginario costero» de Sarabel Santos

Por 27 min lectura
Sarabel Santos

Imagen principal: El porvenir inevitable, 2019-2024. De la serie Mitigaciones de Sarabel Santos. Cloruro de polivinilo (PVC) recolectado. 45 ½” x 14 ½” x 7”.

Por Luis Cotto Román

Cuando en mi mente emplazo a la artista Sarabel Santos Negrón, llega tenue pero clara, solícita como corriente de viento y mar. Se presenta su obra en la frescura de las corrientes de aire del conocimiento de verdades profundas, pero también en las corrientes líquidas que sirven de bálsamo a las emociones, lo que provoca una apreciación estética integral.

Mi emplazamiento no es el preludio adversativo legal dirigido a reclamarle a la artista por algún exceso que violente las reglas de sana convivencia, aunque, quizás, sí es un reclamo mi intento por entender cómo logra Sarabel Santos Negrón mantener a través del tiempo y en su expresión artística un hilo conductor tan lúcido, coherente y comprometido en su acercamiento al imaginario de un litoral ideal e incontaminado. Mi emplazamiento a Santos Negrón busca, por otro lado, tratar de conocer esa otra acepción del término, esto es, la “ubicación”, “colocación”, “posición” y “enclave” de la artista sobre un planteamiento estético/filosófico/social que, luego de varias rutas, desemboca de manera brillante en su propuesta Emplazamientos del imaginario costero, que inauguró el jueves, 30 de mayo de 2024 en la Sala Carlos Osorio del Museo de Arte de Caguas.

 

Sarabel Santos
Ola, residuos (Waste Wave), 2016. Tinta y lápiz de color sobre papel. 18 ½” x 23 ½” x 7 ½”

 

Al destacar la coherencia de su propuesta, pienso primeramente en los momentos de embelesada contemplación que he experimentado en mi oficina de esa seductoramente roja, negra, gris y blanca Waste Wave (2016), dibujo en papel de sinuosas líneas y sensación de urgencia en el movimiento que, si bien anuncia el tránsito del furor de la ola con amenazante deshecho y su consiguiente daño ecológico, es, sin embargo, obra elegante y diestramente trabajada por la artista Sarabel Santos al punto en que se impone el imaginario mismo de una ola que erradique los elementos contaminantes e imponga en la fuerza y majestuosidad de su movimiento un orden restaurado.

La sensación del placentero vaivén se intensifica con la manipulación escultural con que la artista dotó al dibujo, impartiéndole ondulación al papel mismo, insuflándole así su movimiento; no trabajando el efecto mediante el más usual mimetismo pictórico que muy bien podía haber logrado la artista con su fina línea en el dibujo.

Waste Wave, y otras piezas de Sarabel Santos de otras etapas que he tenido el privilegio de apreciar, la han convertido inevitablemente ante mis ojos en una sirena del arte, de canto profundo y hechizante. Basta recordar las incursiones de Santos Negrón Negrón en la sexta edición del Caribbean Linked at Ateliers ’89 en Aruba, con la instalación como medio para reflexionar sobre la realidad ambiental y política de Puerto Rico dentro del marco del Caribe. Es por eso que, aclaro, el canto profundo y melifluo de Sarabel, lejos de extraviar al viajero, le alerta de peligros que lo podrían llevar a su exterminio. Es el de Sarabel Santos el canto de la sirena noble que guía; no que extravía.

Ante tal trasfondo, resulta verdaderamente fascinante, sin embargo, que aunque con unos matices más apagados, aparentemente asépticos y sobrios, en la pulcritud del blanco, la sirena/artista logre un canto aún más hondo y sobrecogedor con unos Emplazamientos del imaginario costero que, desde la apariencia de la más absoluta quietud, nos permite escuchar los sonidos del silencio; el rumor de las olas; la impetuosidad del mar; y el reclamo de éste de lo que fuera tierra firme, en una tensa relación marítimo terrestre que alcanzó su punto de quiebre.

Lo hace a fuerza de voluntad y de escuchar atentamente y respetar su voz interior; esa que le recuerda su condición de isleña y la invita a guardar una memoria del paisaje a punto de perderse, instándola a contemplar posibilidades soñadas y buscar crear soluciones ante la amenaza de lo que se va a perder. Es su relación íntima y simbiótica con el agua lo que la anima donde quiera que esté, como cuando a sus 20 años llegó a Toledo, y se encontró con el Río Tajo, que se convirtió en su orientación.

Ese río, según Sarabel, la llevaba al mar, el cual a su vez, ella sentía, la traería de vuelta a la Isla. Posteriormente, llegó a la ciudad costera de Baltimore, a cuyo puerto se presentaba cada día para contemplar el agua. Más tarde, sin embargo, llegaría a Ohio, sitio que le afectaba al no facilitarle estar cerca de campos de agua, planteándole, a su vez,  problemas de cómo relacionarse con ese espacio.

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Mi encuentro, y eventual apego hacia lo que sería Emplazamientos del imaginario costero, se suscitó el 24 de octubre de 2020 cuando vi una imagen de la pieza titulada Bajo agua, y otras más que ya se insinuaban como parte de una serie, en ese ropaje minimalista rymanesco, distante en su mutismo intimista de la locuaz brillantez de Waste Wave.

En una especie de paroxismo y sensación de anestesiante aislamiento, como las cosas pueden parecer en el silencio y quietud bajo agua, entendí que la búsqueda de Sarabel Santos, y su compromiso con las corrientes de agua, se tornaba más profunda, tanto por el destaque de un mar y otros cuerpos de agua sin cauces que los aprisionen, como por su representación de los intentos humanos por coexistir con las aguas, canalizarlas, y convertirlas en aliadas luego de los seres humanos haberlas sometido a tanto maltrato. Le dije:

“Esa serie me tiene enamorado…. Hay algunas piezas particulares en las que he visto cómo presentas el flujo del agua desde una perspectiva mediatizada por la arquitectura y la ingeniería. En obras de otras propuestas has presentado el agua con mayor literalidad, en toda la expresividad de su flujo. Aquí la veo intervenida y canalizada por el ser humano. El PVC acentúa la sugerencia de dicha canalización. Es interesante que, aunque heredera del Minimalismo, expresas la influencia del movimiento de otra forma. Ahí está la simpleza e intemporalidad del blanco y la austeridad de formas, pero distinto al movimiento de los 60, tomas los materiales industriales y los trabajas tú misma. No es que diseñas y ordenas la preparación de esculturas en ese material industrial. Además, el material industrial que utilizas mantiene una consistencia lógica y referencial con el tema de cuerpos de agua”.

Sarabel Santos
Bajo agua, 2020. Escultura en cloruro de polivinilo recogido. 17” x 25”

Terminé adquiriendo Bajo agua y la coloqué en la oficina. Allí, la pieza se agenció una fanática que la contemplaba con admiración. Lo curioso es que la persona que no podía despegar sus ojos de la pieza, hasta ese momento parecía apreciar primordialmente la obra figurativa y realista tradicional y de brillante colorido, por lo que su conexión con una pieza en sobrio blanco, minimalista y ricamente conceptual, me asombró y deleitó. Se lo comenté a la artista, quien me indicó lo “maravilloso” de conocer la forma en que las personas “perciben los estímulos visuales”.

Le comenté a Sarabel Santos que esa reacción de la compañera de trabajo fue para mí muy reveladora, pues la hubiera esperado de alguien con mayor afinidad con el lenguaje contemporáneo y con formas más arriesgadas y menos tradicionales, a lo que la artista me comentó: “Esa opinión es a veces hasta más completa que la que podamos generar en base a una cantidad de información visual y conceptual que tenemos en nuestra mente. Es casi similar a cuando un chiquitín te dice un comentario espontáneo; no hay prejuicios, no hay riesgos de complacer o herir a alguien, mas sí está la sinceridad y transparencia de su gesto inocente. Por eso creo que todas las personas siempre tienen una voz que debe ser escuchada y atesorada”.

Al admirar su capacidad de escuchar y atesorar distintas voces del público que busca acercarse al arte, le indiqué a la artista cómo, con su propuesta, había logrado democratizar la belleza y el discurso de una expresión contemporánea tantas veces incomprendida por quienes tienden a apreciar en mayor grado el arte realista mimético tradicional. Me contestó que “[e]l arte es y debe ser siempre eso. El día que no se emplee esa democratización, hemos perdido la libertad que el mismo arte nos ha regalado”.

Sarabel Santos Negrón siguió trabajando incansablemente y con fruición su propuesta “sintética”, la cual cataloga de ese modo, primeramente, porque ella efectúa una síntesis o selección del paisaje. Sin embargo, su obra también es sobre lo “sintético” de un material plástico (PVC) que recolecta en la comunidad. Sarabel acudía a una fábrica de remodelación de viviendas y rescataba el material. Se deleitaba en la variación de tonalidades del PVC dentro de la aparente homogeneidad del blanco.

Se dedicó a clasificarlos por formas geométricas y, utilizándolo como arma de expresión, emprendió el tema del aumento del nivel del mar. Pensó cómo traducir sensaciones del mar a formas. Se planteó la artista la idea abstracta misma de a dónde llega la basura. Consideró su labor de rescate de materiales como una “acción” que le permitía minimizar elementos que nos contaminan, lo cual, siente, es  una acción de mucha fe. Aplicó calor y empleó fuerza hasta domar el material nocivo, reconceptualizándolo y dotándolo de un discurso que proclama su aspiración a un ideal de restauración ambiental del entorno que hemos amenazado con nuestros desmanes.

Siento que su compromiso y lucha con el material ha logrado transformar el mismo, al punto en que logra estimular una honda evocación del rumor y la fuerza del mar, y la energía vital de éste, el cual  debemos preservar de la manera óptima, en circunstancias ideales; no como amenaza de destrucción de la civilización.

Un feliz día, Sarabel Santos me compartió la noticia de que presentaría una muestra, para la cual me solicitaba le facilitara Bajo agua. Me anticipó que la pieza recibiría un tratamiento especial en la muestra. Con emoción, le expresé:

“!Qué honor! La muestra va a ser un festín visual y un estímulo intelectual y emocional para quien la visite. Definitivamente, tu arte tiene el imprimátur de tu persona misma. Es algo extraño de explicar, pero indudablemente te refleja: en lo grácil, fino, meditado, en ese estado de quietud en equilibrio, elegancia, y en una proyección ostensible hacia la continuación de una lúcida narrativa. Acuosa, líquida, en movimiento canalizado y disciplinado, en flujo incesante de ideas, formas y líneas. Hay que verla en su integridad, para degustar ese diálogo fluido que vienes desarrollando hace años y que se apropia de dialectos fascinantes que manejas con destreza y aplomo. Estoy muy contento por ti”.

Previo a ver en persona todas las piezas que compondrían la muestra, tuve el placer de leer el texto La imaginación, promesa para el futuro, de Elsa María Meléndez, Curadora del Museo de Arte de Caguas y finísima artista por derecho propio, en que dice:

“En Emplazamientos del imaginario costero, la artista muestra el alcance de la gráfica y el estampado sobre siempre nítidas blancas resoluciones tridimensionales. La transferencia de los dibujos al plástico como práctica artística expandida en el grabado, ofrece monoimpresiones de texturas sobre el material que la artista ha rescatado de entre desperdicios. En esta serie de piezas titulada “Mitigaciones”, Santos Negrón Negrón transforma el material reciclado y revalida el interés de restituir la nobleza de nuestras costas.

La poética de estas piezas y los aspectos formales ofrecen una panorámica de símbolos que sintetizan texturas del paisaje natural, los islotes ahora conformados por siluetas de plástico recrean nuevas composiciones que se quiebran. En toda la serie las composiciones recuerdan islas que flotan en los horizontes pintados por la artista. Santos Negrón Negrón aplica calor sobre el material hasta torcerlo en ilusión de fragilidad y delicadeza. La horizontal divide la composición en dos realidades y borra las fronteras entre lo que recordamos y lo que imaginamos”.

Llegó la noche de la apertura y saludé con cariño a Sarabel Santos, expresándole la admiración y respeto que siento por ella. Fue entonces que advertí la cuidadosa e inteligente colocación y emplazamiento de la pieza que yo había facilitado para la muestra (Bajo agua), en la pared que anuncia el título de la muestra. La pared sobre la que estaba colocada se asemejaba a la portada de un catálogo de arte, con campos de color en tonalidades de gris, reminiscentes de un lienzo minimalista de Julio Suárez, con la forma irregular de Bajo agua a la parte derecha de la pared. Pensé espontáneamente al ver la ubicación de Bajo agua, en el broche de un fino libro, en presentación de gala, invitando a abrir la portada y abandonarse en el alucinante viaje de su lectura y contemplación.

Allí estábamos los asistentes, sentados cual en la costa, con un libro de ensueño frente a nosotros, mientras escuchábamos los mensajes de la ocasión y, a la vez, absorbíamos la plenitud toda de esas palabras impresas en la pared que prometían un imaginario costero memorable. Contiguo a la pared titular, colocada sobre el piso se encontraba la construcción Pleamar, en elevada maraña blanquecina evocadora de la marea alta bajo influjo de la argéntea luna. La pieza, con rastros de la arena arrastrada por la marea, intensificaba la sensación de un plácido compartir en la costa, pero era, quizás, presagio de peligro, pues el punto más alto de la marea podría alcanzar alturas aún mayores cuando el derretimiento de los polos continúe aumentando el nivel del mar y la marea misma.

Pleamar, 2024. De la serie Mitigaciones. Cloruro de polivinilo (PVC) recolectado y arena del norte de la Isla. 41” x 25”

Entonces pareció abrirse la portada gigantesca del catálogo de la muestra, y se nos invitó a degustar las bondades de la misma. Al acercarnos al espacio íntimo de lo que podría considerarse las primeras páginas del libro de la muestra en que los espectadores nos convertimos en personajes, se presentaba imponente un espléndido paisaje azul gris con el  nombre de Represa hipotética para un paisaje sin puesta de sol.

Me parecía, mientras tanto, escuchar de muy cerca una melodía piazzolesca de bandoneón, flauta de pan, órgano y tuba, algo mitigada por lo que imaginaba era una ejecución bajo agua. No sé si el compositor argentino alguna vez se planteó la posibilidad de un cuarteto semejante, lo cual dudo dada la rareza musical de la combinación instrumental que llegó a mi mente, pero para mí producía una bella melodía, mientras miraba absorto esa represa hipotética que, ante un paisaje aparentemente huérfano de una puesta de sol, de algún modo conjugó de manera armoniosa la intención humana de canalizar aguas y domar su furor, con un libre paisaje de mar abierto.

La verdad es que no puedo dejar de detectar en las formas de la represa un barco velero que atraviesa el mar; sus velas batiendo al compás del aire marino. Su fluir parece amenazado por una barrera que emerge de las profundas aguas grises, apagadas debido a la ausencia del sol a su cita con un crepúsculo que visualizo idealmente áureo, quizás matizado de rosas, violetas y anaranjados. Es pieza en tensión entre la serenidad de su fondo y el dinamismo de formas ejecutadas en el PVC. El dibujo impreso de líneas parece evidenciar una presencia humana febril.

Represa hipotética en un paisaje sin puesta de sol, 2019-2024. De la serie Mitigaciones. Cloruro de polivinilo (PVC) recolectado, pintura acrílica, transferencia de dibujos e imágenes. 47 ½” x 50 ½” x 8 ¼”

Me muevo más a la izquierda del paisaje y escucho ahora con mayor nitidez la nostálgica música del cuarteto. Pienso que, quizás, el influjo de la poética visual de Sarabel ha pulsado sublimes acordes en mi imaginación, de esos acordes que, más que llamarse así por musicales, nacen de su asociación con lo que es caro al corazón (cordis). Siento que esos acordes del cuarteto, si bien ausentes de la realidad de otras personas, son estímulos inmateriales que, no obstante su inmaterialidad, emergen para mí quiméricos, posibles y verdaderos.

Puedo ver ahora el retrato de ese cuarteto musical en La Quimera, pieza irregular y asimétrica, que toma su lugar en una esquina, a la izquierda de la represa hipotética sin puesta de sol. Cual quimera al fin, es de una abstracción indómita, con formas sugerentes y camaleónicas que se alzan de manera multiforme, desde la de un fluido movimiento acordeonado; la doliente flauta de pan andina; los estentóreos tubos de un órgano que lanza al aire notas que evocan cantatas de Bach; hasta el profundo lamento de la boca ancha de una tuba. Miro con gusto el retrato del cuarteto cuya melodía nocturna me acompañó desde que posé mis ojos sobre el paisaje sin puesta de sol. Observo la ejecución del cuarteto y su música se expande, hasta en las propias sombras en la pared.

La quimera, 2019-2024. De la serie Mitigaciones. Cloruro de polivinilo (PVC) recolectado. 31 ½” x 11 ½” x 10 ¾”

Frontal al paisaje, enfila sus miras El punto de fuerza metafísico. Como hermana de La Quimera, lanza al viento su propia melodía, con preludio y coda en suave movimiento, el dibujo grafista de la artista, y una prominente prolongación superior que coquetea con romper con el lirismo y cohesión concentrada del resto de la pieza, mas surge como tilde o punto de fuerza, y hasta pistilo de una fragante flor blanca.

El punto de fuerza metafísico, 2019-2024. De la serie Mitigaciones. Cloruro de polivinilo (PVC) recolectado, transferencia de dibujos e imágenes. 31” x 20” x 19”

Con la imagen del pistilo de la flor en mi mente, continúo mi recorrido, y me parece ver los pétalos de esa misma flor, más  la asociación es muy personal y, por lo visto, arbitraria. Los pétalos sueltos que advierto seguramente no lo son, pues el título de la pieza (En el tiempo de la creciente), sugiere la representación de la subida del agua de mar por el efecto de la marea. La creciente se presenta aislada en formas breves sobre la pared, sin otro soporte que la pared misma. El proceso de la creciente se intensifica con las sombras en la pared que parecen emerger de profundidades; se materializan en los ondulantes crecientes trabajadas por la artista; para descender en las profundidades de un insondable mar.

En el tiempo de la creciente, 2024. De la serie Mitigaciones. Tríptico. Cloruro de polivinilo (PVC) recolectado, pintura acrílica, transferencia de dibujos e imágenes. 13 ½” x 21 ½” x 10 ¾”

Una construcción de múltiples piezas colocadas de manera horizontal, algunas rectas y otras curvas, representa el movimiento incesante del mar, con sus variaciones en intensidad y formas. El porvenir inevitable combina momentos e intensidades del flujo del mar, con las altas y bajas de la marea. La pieza refleja la cristalización del porvenir que, con diferentes ropajes, no puede ser evitado.

El porvenir inevitable, 2019-2024. De la serie Mitigaciones. Cloruro de polivinilo (PVC) recolectado. 45 ½” x 14 ½” x 7”

Una sutil y reducida forma de variados dobleces, con las marcas negras, blancas y grises del dibujo de la artista, parece nadar plácidamente en un campo verde azul como aguamarina de incalculable valor; de hipnotizante efecto visual. La forma parece un pez (o quizás una mantarraya) en un ambiente mitigado. La identificación de la pieza tiene un código (“m.s.n.m.”) que no entendí en el momento ni pensé que tuviera tanta importancia, y no le presté mayor atención, al punto en que pensé que la pieza no tenía título.

La serenidad mediatizada por el aviso parece romperse en La alegada ruta de desalojo, donde la ola se retrae para arremeter y embestir con fuerza. Las formas blancas en el centro se perciben en disgregación y zozobra.

Sarabel Santos

La invitación a la reflexión existencial se presenta de forma alegórica y bellamente metafórica en Planos explícitos de la conciencia y la voluntad, en diferentes formas que parecieran incrustadas en la pared, con patrones de color de franjas azul y gris. La pieza alude a lo que parecen diferentes códigos visuales y de significado inherentes al proceso de empeñar la conciencia y la voluntad sobre los diversos estadios del paisaje que el espectador ha contemplado en su reflexión, incluidas sus paradas simbólicas de música y poesía.

Sarabel Santos
Planos explícitos de la conciencia y la voluntad, 2024. De la serie Mitigaciones. Políptico de 4 piezas intervenidas por ambos lados con pintura e incisiones que reflejan el mapa hidrológico del karso norteño. Cloruro de polivinilo (PVC) recolectado, pintura acrílica y grabado. 40” x 14” x 16”

Como parada final, La construcción de la isla propia invita a la visualización de lo que puede ser la Isla si sus habitantes tomáramos conciencia y empeñáramos la voluntad para procurar una mejor salud ambiental en nuestro entorno. Como Borinquen misma, es de dimensiones reducidas, pero con un aprovechamiento del plano pictórico con elementos visuales en armonía y belleza.

Sarabel Santos
La construcción de la Isla propia, 2024. De la serie Mitigaciones. Cloruro de polivinilo (PVC) recolectado, pintura acrílica, transferencia de dibujos e imágenes. 12” x 12” x 3 ¾”

Quedé embelesado esa noche y quise plasmar por escrito mis emociones más sentidas al recorrer la muestra, las cuales a este punto he compartido libremente con el lector. Sabía, sin embargo, que la propuesta conceptual era muy seria, de la cual había atisbado algo, pero mi consideración de la propuesta de Sarabel, una vez plasmada por escrito, reclamó más de mi pensar y mi sentir.

Por eso, acogí con gran interés la invitación que me extendiera la artista a asistir a un conversatorio el sábado, 20 de julio, que ella tendría con el Arq. Fernando E. Pabón Rico, AIA, CAAPPR, Director del Centro Caribeño de Aumento del Nivel del Mar, Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico. Un grupo muy nutrido y entusiasta se presentó cerca de las dos de la tarde de ese día. La tarde de ese sábado 20 de julio ya anticipaba el majestuoso despliegue en la noche de una luna bellamente ataviada en una casi absoluta plenitud y fulgor de su fase llena, el día del aniversario 55 de su encuentro cercano con el hombre.

El presagio de este encuentro, justo el día del aniversario de hombre y luna, alojó en mi mente la sutil esperanza de que los seres humanos demostremos la mesura y sabiduría para no intervenir indebidamente con los procesos naturales. Respiré aliviado cuando pensé que esa visita a la luna no parecía haber propiciado un nefasto estado en la marea, ni haber alterado de modo alguno a la luna, pues poco nos hubiera faltado para que una visita insensata en 1969 agudizara el problema del creciente nivel del mar aquí en el planeta Tierra.

La reunión del grupo visitante con la artista y el arquitecto fue reveladora, estimulante, así como mi diálogo posterior con la artista en que ésta compartió un poco más de sus urgencias conceptuales y creativas, llevándome de algún modo, a un segundo recorrido que se añadiría al quizás más inocente e idealista que experimentara la noche del 30 de mayo. Entendí que la más cabal comprensión de una expresión visual artística no debe partir de la premisa inflexible de que la obra debe ser capaz de referirse a ella misma por sus cualidades formales intrínsecas, sino que el elemento verbal y discursivo puede ser un justiciero elemento de apreciación, principalmente en la contemporaneidad. Comprendí, pues, que la contemplación estética se nutre necesariamente en ocasiones de anécdota, información, de escuchar a la artista en su dolor y también en su idealismo para expresar artísticamente un problema de más hondo calado.

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Con sentido de propósito, repasé con Sarabel el espléndido paisaje azul gris con el  nombre de Represa hipotética para un paisaje sin puesta de sol, y la artista me expresó su temor en los siguientes términos: “No tener una puesta de sol, para mí, es aludir a ese momento en el que el tiempo no transcurre, donde no hay mañana”. Esa represa a la que hace referencia el título versa sobre los diques que se ubican en la costa para mitigar la erosión, pero, añade la artista que si no existe un mañana, la represa, necesariamente, es hipotética. La pieza es un lamento a “ las iniciativas de mitigación a destiempo, cuando ya es demasiado tarde evitar un daño”.

La melodía que había escuchado salir de mi mundo interno al exponerme a Quimera, adoptó en labios de Sarabel un lirismo diferente, pues por fin conocí la composición de la artista, una miniatura musical de melodía singular, pequeña, con el motif del concepto de “isla”. Enmarcó Sarabel su reflexión en la quimera del concepto de “isla” de D.H. Lawrence, quien expresó que “una isla, […] debe ser bastante pequeña para sentirse como ella y diminuta para que se adapte perfectamente a tu propia personalidad”.

Para Sarabel, la quimera es esa isla idealizada por el no isleño, quien estima la isla como lugar paradisíaco de plenitud, playa y felicidad. Indica la artista que pensó en el título luego de su residencia en Caribbean Linked en Aruba en 2022. Me explica que Aruba es denominada “la isla de la felicidad” o “la isla feliz”. Abunda, diciendo que es como si al denominarla “isla” se automatizara la idea del territorio como un “lugar ideal, perfecto, donde no hay espacio para la tristeza, solo eternas vacaciones y plenitud”. Expone Sarabel que las islas del Caribe, que pertenecen principalmente a Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Francia, “son territorios explotados, capitalizados, comercializados”. Concluye con convicción que no son el ambiente paradisíaco para el que vive en las islas, sino para el que viene del extranjero.

Cuando en mi visita inicial había apreciado El punto de fuerza metafísico, había advertido en la pieza una prolongación superior que percibía como coqueteando con quebrar el lirismo y cohesión concentrada del resto de la pieza. Sarabel diserta sobre la obra y su tono es más filosófico, no tanto en denuncia del problema concreto inmediato que representa el aumento en el nivel del mar, sino en tratar de presentar la magnitud de fuerzas asociadas con el concepto de isla. Identifica la isla como ese punto de fuerza metafísico y hervidero de orígenes, en que “se condensan las fuerzas de la inmensa lógica del océano”. Me expone la artista que, “[p]or ello, la forma de la pieza persigue el movimiento e irrumpe el espacio. Es la fuerza, el estallido, el momento de creación y el surgimiento de nuestra realidad”.

Le destaco a Sarabel la fragmentación que advierto en En el tiempo de la creciente, y me dice: “Su construcción es fragmentada porque es un reloj. Habla de los ciclos de la marejada. A veces sube, a veces baja; a veces, embravecida”. Incursiona la artista en una disertación sobre el tiempo como continuo y no fragmentado, pero asegura que los seres humanos lo percibimos de manera distinta, dividiéndolo por temporadas, y creemos tener “control” por conocer cómo se “comporta” la marejada.

Sarabel destaca: “En el tiempo de la creciente es este tiempo; donde parece que hay un ciclo de bajamar y pleamar, pero no advertimos que estamos siempre en creciente”. En la tarde del 20 de julio, en su conversación con el arquitecto Pabón Rico, Sarabel explicó las incisiones en la superficie de PVC en la pieza como dirigidas a impactar el material, con la resolución de impactar dentro de un camino de progreso. Explicó que, para la pieza, y otras de la muestra, transfirió al PVC dibujos e imágenes que había producido luego del paso de los huracanes Irma y María por Puerto Rico. Defendió que, aunque forman parte de la escultura, siguen siendo dibujos.“La forma en que pienso el espacio es a través del dibujo”, expresó Sarabel. El arquitecto Pabón Rico destacó que esos dibujos se encuentran en un diálogo con una línea horizontal (con el horizonte).

Abordo a Sarabel sobre el movimiento incesante del mar, con sus variaciones en intensidad y formas, que había identificado en El porvenir inevitable. Me explica que representa el dibujo de la línea de costa o línea de playa. “Cada año, esa línea de playa (la orilla) que vemos cuando nos relacionamos con el mar, va cambiando y va entrando cada vez más a tierra. La pieza persigue referir ese aumento del agua. Son líneas infinitas de la costa. Por eso la repetición en la horizontalidad y en ciertas áreas, hay acentos de movimientos, para referirse a eventos climatológicos que accidentan aún más el paisaje costero”.

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En mi intercambio de impresiones con la artista, correspondió el turno a la pieza sutil y de reducida forma de variados dobleces, con formas que parecían nadar plácidamente en un campo verde azul. Esa pieza, que yo había pensado inicialmente que carecía de título, tenía uno muy peculiar (“m.s.n.m.”), que la artista me aclaró se refiere a “metros sobre el nivel del mar”. La obra fue motivo de apasionada discusión tanto en el conversatorio del 20 de julio como en un aparte de la artista para explicarme su intención. Para Sarabel, la pieza es la representación plástica de la interrogante: “¿Tendremos este paisaje en el futuro?”.

Me explica que la privatización de nuestras costas lo amenaza. Observa que el horizonte está allí, pero está cambiando. “¿A dónde llega?  ¿A dónde va?”, reflexiona la artista. Con angustia, prosigue su exposición indicando que trata de crear una memoria. Experimenta el terror de olvidar lo importante, que es plantearse activamente qué puede hacer para preservar lo que merece ser preservado.   Lanza al aire la pregunta clave: “¿A dónde llegará el horizonte si sigue el aumento del nivel del mar?”. Pabón Rico, pocas horas antes, había expresado el lamento de que el aumento del nivel del mar es un “conflicto en el horizonte. Aumenta el nivel del mar y no se puede detener”.

Con el beneficio de la discusión, concluyo que el sosiego que me había transmitido la pieza inicialmente podría haber sido sólo un espejismo. No había advertido que ese sosiego y aparente quietud de un flotar despreocupado, se veía amenazado por “metros sobre el nivel del mar” que se elevan cada vez más. Parece la pieza reflejar una sintonía ideal, pacífica, serena; las cosas en aparente equilibrio, pero el panorama no es tan plácido. Pienso que, como hiciera con Pleamar, la artista no pretende romper con la apreciación de las formas, líneas y flujo de un ondulante mar que calma, pero el código se infiltra en la conciencia del espectador para que sepa que hay amenazas que otean en el horizonte y no se pueden soslayar.

Recuerdo el sentido de  disgregación y zozobra en La alegada ruta de desalojo, donde la ola parece retraerse para arremeter y embestir con fuerza. En el conversatorio del 20 de julio, la artista llama la atención a que es la única pieza que presenta un horizonte quebrado. “La isla se hace más pequeña, pues se sigue construyendo cerca de la costa. La costa va a llegar a nosotros”, dice Sarabel. Reconoce la vulnerabilidad que representa dicha situación para quien ama el mar y puede sentir amenazado su puesto de observación. “Sólo me relaciono con el océano a través de la costa. Sólo así puedo dialogar con el océano”, afirma la artista Sarabel Santos.

Reconoce, sin embargo, que también logra relacionarse con el océano a través de la materia. Con la cual entiende que logra transmitir la fuerza del agua. Pabón Rico expresa con preocupación que las rutas de escape se están viendo amenazadas. Le pregunto aparte a la artista si es muy tarde para el desalojo. Con pesar, pronuncia: “La alegada ruta de desalojo es el plan tardío de algo que ya es inevitable y que ya está sobre nosotros. El mar se quiebra, el horizonte crece, la civilización se hunde”.

Le menciono a la artista la reflexión existencial que, alegórica y metafóricamente, parece promover Planos explícitos de la conciencia y la voluntad. Me explica que la instalación de la pieza en la pared alude a la cadena de montañas cársicas del norte. Prosigue, indicando que estas montañas y mogotes salen de la tierra como pilares en medio de zonas bastante urbanizadas y algunas muy llanas.

Sus raíces son subterráneas. La artista expone que el carso norteño está protegido; que hay políticas para su cuidado y conservación, lo que no sucede con las costas. Expresa que hay una conciencia y voluntad colectiva y gubernamental para su conservación. Cuando habla de “planos explícitos” “es porque en el reverso de las piezas están grabados el mapa hidrogeológico del Río Cibuco. Además del Río Grande de Manatí, Río Guajataca y Río Grande de Arecibo. Tomado de un mapa de 1965 en el libro Hydrogeology of the Karst of Puerto Rico, de Ennio V. Giusti (1978).

Me explica Sarabel que no utiliza un soporte en esta obra porque estima que el espacio habitado es en sí su principal soporte. “Igualmente, de manera práctica y funcional, para fines de instalación, son unas “tablillas” a la pared. Pero subvierto el orden tradicional de las tablillas por motivación a romper con lo convencional y provocar que nos tengamos que cambiar de posición para observar con detenimiento estos ‘mogotes’ que vemos todo el tiempo y a veces, los damos por sentado”. Cuando le pregunto por la similitud en el tratamiento de la instalación de la pieza con la de En el tiempo de la creciente, me indica que tuvo similar motivación de invitar a observar desde otros ángulos y posturas. No sólo físicas, sino conceptuales y simbólicas.

La construcción de la isla propia es, para Sarabel, el sueño que acaricia su mente de lograr un mejor país. “Está sobre un horizonte interrumpido por un cuadrado. El cuadrado es el símbolo del orden, de los cuatro puntos cardinales, de los cuatro elementos (aire, tierra, agua, fuego). Es también símbolo de la tierra. Es la premisa para construir y emplazar este país en un lugar firme”.

Con ese pensamiento de raigambre optimista, mesurada e idealista que lanza al aire la artista, opto por culminar mi acercamiento a la muestra y cierro en mi mente el catálogo imaginario que había abierto la noche de apertura de la muestra, sabiendo, sin embargo, que será inevitable recrearlo en mi mente de ahora en adelante. Sabía que había degustado la última página de un catálogo coherente con una historia lúcida que me impactó como lo puede hacer el arte de peso y densidad. Vi en la artista a una escritora de códigos plásticos y narradora de primer orden que sabe hilvanar una historia que no es ficción, sino impregnada de un realismo muy de nuestros tiempos que, sin embargo, no abandona la pandoriana esperanza que, pese a los males que puedan haberse desatado, permanezca en el fondo de la caja de este fascinante mundo.

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