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Actualidad

Opinión | Respuesta a la Isla flotante de basura

Por 4 min lectura
Vista de Quebradillas PR

Puerto Rico no es, ni será jamás, la “isla de basura flotante” que algunos bufones buscan reducir con comentarios ignorantes y racistas. Puerto Rico es más que una isla; es un eco de olas y arenas que guarda en cada rincón las historias de resistencia y sueños de un pueblo que, a pesar de los desafíos, nunca se ha dejado vencer. Al ritmo de “Olas y Arenas” de Silvia Rexach, nuestras costas laten con un amor profundo por lo que somos, mientras que en “Soñando con Puerto Rico” de Bobby Capó resuena el anhelo de quienes llevan a su patria en el alma al encuentro con la fría emigración a la ciudad de Nueva York y otros destinos al este de Estados Unidos. Somos una tierra pequeña en extensión pero inmensa en espíritu, que ha regalado al mundo sus sones, sus letras y su esencia, como un abrazo perpetuo. Este suelo caribeño, marcado por siglos de lucha y de creación, se levanta como un recordatorio de que nuestras raíces son profundas, y nuestra cultura, poderosa e irrenunciable.

Es profundamente decepcionante escuchar a figuras públicas como el presunto comediante Tony Hinchcliffe referirse a Puerto Rico con comentarios cargados de desprecio y estereotipos racistas. Llamar a nuestra isla de la manera que la llamó es intentar enlodar una historia de lucha, dignidad y cultura a palabras huecas e ignorantes. No solo es insultante; también evidencia un desconocimiento total de lo que Puerto Rico representa en la historia y en el presente. Esta pequeña isla en el Caribe ha sido un lugar de resistencia, cultura y aportes que se extienden a nivel mundial.

El contexto de este comentario no es menor. En un mitin de campaña de Donald Trump, que aspira nuevamente a la presidencia de los Estados Unidos, el equipo organizador conocía el contenido del libreto de este supuesto comediante. Que una figura pública se atreva a manchar la dignidad de Puerto Rico bajo el amparo de un evento político, y que hasta esta hora Donald Trump no haya condenado públicamente esta atrocidad, es un agravio que deja mucho que decir sobre sus valores y su visión hacia los puertorriqueños. Puerto Rico merece una disculpa y un reconocimiento público de esta ofensa, porque callar es permitir que el racismo continúe su curso.

Puerto Rico ha sido, desde la colonización española un bastión de cultura, de lucha y creatividad en medio de constantes desafíos. Durante la Segunda Guerra Mundial, miles de puertorriqueños defendieron valores de libertad en las fuerzas armadas de Estados Unidos, y ni hablar de las guerras e incursiones militares posterior a esa gran guerra, mientras que en las décadas siguientes la isla se destacó como un polo de desarrollo en el Caribe, aportando con su cultura vibrante, sus voces en la música, la literatura y el arte. Estas contribuciones, alcanzadas pese a los obstáculos coloniales y económicos, no deben ni pueden ser opacadas por la ignorancia de quienes buscan reducirnos a una imagen falsa y simplista.

Este tipo de comentario no solo refleja una falta de respeto, sino una persistencia en   que intentan, una y otra vez, deshumanizar y disminuir el valor de nuestra identidad. A quienes buscan llamarnos “basura”, respondemos con hechos: Puerto Rico es tierra de poetas, artistas, deportistas, científicos y veteranos condecorados por Estados Unidos. Somos un pueblo que ha transformado la adversidad en fortaleza, que se levanta con dignidad ante la incomprensión y que responde al insulto con orgullo y unidad.

Tomemos el comentario de Hinchcliffe como lo que realmente es: basura que podemos reciclaren acciones que reafirmen nuestra dignidad y compromiso. Cada palabra despectiva es una razón más para convertir nuestra indignación en un llamado a la diáspora a votar contra la desigualdad y el racismo, y para recordarnos, una vez más, que somos más fuertes que los insultos.

Puerto Rico no se define por la mirada ignorante de quienes no nos entienden. Se define por nuestra historia de resistencia, por nuestra capacidad de crear belleza y por el orgullo que sentimos de ser quienes somos. Sigamos adelante con la cabeza en alto, porque, como siempre, sobrepasaremos esta adversidad, y la convertiremos en una reafirmación de nuestra identidad y resiliencia como pueblo.

Puerto Rico, aunque sin un Estado propio, es una nación cuya valentía y creatividad cultural han dejado una huella indeleble en el mundo. Nuestro bolero, con joyas como “En mi viejo San Juan” de Noel Estrada y “Sin fe” de Bobby Capó, sigue latiendo en cada rincón del Caribe y más allá. La salsa, impulsada por leyendas como el Gran Combo, Ismael “Maelo” Rivera, Roberto Roena y el Apollo Sound y Raphy Leavitt, entre muchos otros, han marcado el ritmo de nuestra identidad, mientras que el reguetón contemporáneo ha conquistado escenarios globales, reafirmando nuestra vigencia y fuerza cultural. Ante cada intento de menospreciarnos, respondemos con nuestro arte y nuestro poderío, porque Puerto Rico no solo es una isla en el Caribe; es el pulso de una herencia que late desde América Latina y vibra en el mundo entero.

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Dr. Carlos I. Hernández Hernández

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