La figura de José Celso Barbosa ha sido, durante más de un siglo, objeto de interpretaciones encontradas: admirado por unos, minimizado por otros, y a menudo reducido a su filiación estadista o a su ascendencia afrodescendiente. El volumen José Celso Barbosa y Alcalá: Un encuentro con la historia (Ediciones Magna Cultura, 2025), editado por Gloria Tapia Ríos, propone desbordar esa mirada reduccionista para ofrecer un retrato múltiple y profundamente humano del prócer bayamonés. A través de quince ensayos escritos por historiadores, sociólogos, genealogistas, arquitectos e investigadores de diversas disciplinas, el libro despliega una ambiciosa y necesaria empresa de reconstrucción historiográfica.
Desde el primer capítulo, Tapia Ríos plantea con claridad la tesis editorial: rescatar a Barbosa de los márgenes de la historiografía, no para imponer una nueva mitología, sino para iluminar sus complejidades, contradicciones y contextos. Así, se entrelazan en estas páginas la historia social, la genealogía crítica y la historia cultural. Además de la psicohistoria, la memoria arquitectónica, el análisis de archivo, la práctica médica, la legislación social, la educación y la masonería. Todo para componer un fresco plural y dinámico. No se trata de escribir una historia de Barbosa, sino de habilitar un diálogo intergeneracional y epistemológico con sus múltiples presencias.

Uno de los grandes méritos del libro es su clara conciencia de los entuertos historiográficos que han condicionado la recepción pública de Barbosa. La disputa sobre su pensamiento político, las tensiones con sectores autonomistas e independentistas. Además de las tergiversaciones ideológicas y los silencios en torno a su negritud. Todos han sido abordados con rigor, sin complacencias ni simplificaciones. En lugar de eludir las contradicciones, los ensayos las colocan en el centro de la interpretación. Barbosa emerge, así, no como una estatua de bronce, sino como un sujeto profundamente moderno. Producto de una historia colonial atravesada por el racismo, la desigualdad, la movilidad social y el deseo de justicia.
El volumen, además, realiza una valiosa contribución metodológica. En textos como el de Norma Feliberti Aldebol y Else Zayas León sobre la genealogía de Barbosa, se pone en práctica una historia social desde abajo. Atenta a los vestigios, a los silencios del archivo y a la potencia política de lo aparentemente menor. En otros, como el de Daniel Expósito, se aborda la dimensión espacial del prócer, mostrando cómo las ciudades que habitó moldearon su subjetividad política. A esto se suma la exploración del archivo y su curaduría. Brillantemente trabajada por Pedro Roig Alvarado, quien nos recuerda que toda memoria es también una forma de poder.
Uno de los ensayos más impactantes es, sin duda, el de Aarón Gamaliel Ramos, quien redefine a Barbosa como “utopista afrodescendiente”. Esta lectura lo inscribe en una genealogía caribeña de pensamiento negro radical. En la que la defensa del estadoísmo es entendida no como servidumbre colonial, sino como estrategia de protección frente a las élites criollas blancas que también lo marginaban. En esta relectura, Barbosa se convierte en interlocutor de Fanon, Martí y Hostos. Además de los movimientos que hoy reclaman justicia racial con palabras nuevas, pero con dolores antiguos.
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Los aportes del volumen son vastos, pero también hay que señalar sus límites. Aunque el libro logra una gran amplitud temática, algunos ensayos repiten marcos teóricos. O en su defecto no logran profundizar en el diálogo con otros pensadores contemporáneos a Barbosa. Una mayor articulación transcaribeña —con figuras como Luperón, Martí, Gregorio Laza, Hostos o incluso Betances— habría enriquecido aún más las comparaciones. Aun así, el texto tiene una virtud difícil de lograr: logra interpelar al lector tanto desde el análisis documental como desde la conciencia ética.
En un país que ha desdibujado los perfiles de sus próceres para acomodarlos a los moldes partidistas del presente, este libro representa un gesto de restitución. No para glorificar a Barbosa, sino para devolverle su humanidad. Y con ella, su fuerza transformadora. Porque en sus luchas por el ahorro colectivo, por la salud pública, por la educación, por la representación, Barbosa no solo imaginó un país distinto: lo trabajó con manos de médico, con pluma de legislador, y con el espíritu de quien no acepta la marginación como destino.
José Celso Barbosa y Alcalá: Un encuentro con la historia es, en definitiva, más que una biografía colectiva: es un ejercicio de memoria crítica. Es una invitación a repensar nuestra relación con el pasado, no desde el juicio ideológico, sino desde el deseo profundo de comprender. Y es también un acto de justicia hacia un hombre que, en la contradicción de su tiempo, nos dejó una idea radical que sigue interpelándonos: la dignidad no se hereda, se construye.


