Saltar al contenido principal
San Juan80°☀️ Despejado
HIMNO DE PUERTO RICOHIMNO DE P.R.
PublicidadPublicidad: Anuncio OFIC Medalla Horizontal half pages
Actualidad

Entre pétalos y promesas rotas: la Maga puertorriqueña vs. el MAGA de Trump

Por 4 min lectura
MAGA

Hay flores que florecen al alba y otras que se marchitan con el estruendo de los discursos políticos. Entre las primeras, la Maga puertorriqueña —hermosa, delicada, de un rojo profundo y orgulloso— nos recuerda que la identidad nacional se cultiva en la tierra y no en las oficinas de Wall Street. Entre las segundas, el MAGA de Donald Trump florece como una gorra roja fabricada en serie, símbolo de un imperio que pretende seguir administrando desde el norte las raíces de un archipiélago que sigue esperando justicia. Le debo la idea de contraponer estos dos símbolos —la flor nuestra y la consigna ajena— a una luminosa sugerencia de la Dra. Nancy S. Caballero, quien con fina agudeza propuso leer, desde el campo semántico de lo floral, el conflicto colonial y fiscal que aún nos hiere.

La flor Maga, de nombre científico Thespesia grandiflora, fue declarada flor nacional de Puerto Rico en 2019, aunque su asociación con la identidad boricua venía de mucho antes. La flor es endémica de la Isla, sus pétalos aterciopelados, su tallo firme y su adaptabilidad al clima tropical representan con sobrada belleza la resistencia de nuestro pueblo. La Maga no es ornamental: es histórica. Adorna plazas, crece junto a escuelas públicas, y florece incluso cuando la política se marchita.

Y como símbolo de orgullo, también ha cruzado el mar. Cuando la atleta puertorriqueña Jasmine Camacho-Quinn ganó la medalla de oro en las Olimpiadas de Tokio 2020 en el evento de 100 metros con vallas, subió al podio luciendo la flor de Maga en su cabeza. El gesto fue tan sencillo como elocuente: una mujer criada en Estados Unidos, hija de la diáspora, afirmaba con orgullo su puertorriqueñidad ante el mundo entero. Ese instante floral fue una victoria no solo deportiva, sino cultural. Porque la diáspora no olvida quién es, y en ocasiones —por lo que les ha tocado vivir “a la extraña nación”, como dice la canción En mi Viejo San Juan del compositor Noel Estrada— siente más viva y urgente la identidad que quienes hemos nacido aquí.

En cambio, el MAGA (Make America Great Again) de Donald Trump no germina en tierra fértil, sino en terreno minado. Es un eslogan que ha cruzado fronteras y se ha plantado en la política colonial de Puerto Rico como si fuésemos un potecito de bonsái federal. Y ahora, en un gesto digno de telenovela, el expresidente —sí, aquel que confundió papel toalla con política pública— ha decidido destituir a cinco miembros de la Junta de Supervisión Fiscal que administra las finanzas de Puerto Rico bajo la infame Ley PROMESA.

La movida ha levantado más cejas que una planilla mal llena. Todo tiende a indicar que Trump, siempre afín a los intereses de los grandes inversionistas, se propone reorganizar la Junta con miembros más favorables a los bonistas de la Autoridad de Energía Eléctrica (PREPA). Bajo la administración anterior, se había negociado un pago de poco más de 2 mil millones de dólares a los bonistas, pero la cifra podría escalar —según analistas— a entre 6 y 8 mil millones, si los nuevos nombramientos favorecen el interés de los mercados por encima del bienestar del pueblo.

¿Y quién pagará esa cuenta de luz inflada y perpetua? Adivine. No serán los corredores de bolsa en Manhattan.

Aquí es donde la Maga, nuestra flor, vuelve a recordarnos lo que importa. La flor nacional no necesita gorra ni slogan. No promete grandeza a costa de otros. Simplemente florece, firme y hermosa, como el pueblo que la reconoce suya. Y si algo nos enseña la historia botánica y política del país, es que una flor puede más que una gorra cuando representa la dignidad de una nación.

En esta historia de dos Magas —una flor y un eslogan—, la flor gana por belleza, por historia y por honestidad. Mientras la una decora jardines y poemas, la otra encabeza planes para hipotecar el futuro energético de un país colonial.

Así que, entre la Maga que florece en los patios de nuestras escuelas y el MAGA que pretende florecer en los pasillos del poder federal, nos quedamos con la flor. Porque la Maga de Puerto Rico no necesita ser grande otra vez: ya lo es.

Apoye nuestra labor

Ayúdenos a seguir contando nuestra cultura

Si quiere ayudar a que continuemos apoyando la cultura puertorriqueña, puede hacerlo aquí.

Donar con PayPal Pago seguro en PayPal. También acepta tarjeta.
Dr. Carlos I. Hernández Hernández

2 comentarios

Deja un comentario

Descubre más desde Periódico El Adoquín

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo