La artista puertorriqueña Vanessa Rivera presenta la exposición Caribe: huella viva, una propuesta que continúa y expande su serie Latidos del Caribe. La muestra se encuentra abierta desde el 11 de septiembre y permanecerá hasta finales de octubre en la Sala Miguel A. Domenech de la Compañía de Turismo, ubicada en el Paseo de la Princesa en el Viejo San Juan.
En esta nueva etapa, Rivera profundiza en la idea de la “huella”: la marca que el tiempo deja en la tierra, en el cuerpo y en la historia. Cada pieza rinde homenaje a la identidad caribeña, a la biodiversidad que caracteriza a la región y a las transformaciones constantes que enfrentan las islas.

Con más de quince años de trayectoria en el arte del mosaico, la artista ha ampliado las posibilidades de este medio al integrar escultura, textiles y estructuras geométricas en un lenguaje contemporáneo. Su objetivo, como explica, ha sido “romper la idea del mosaico como algo meramente decorativo y convertirlo en un lenguaje que hable de lo que somos, que despierte conciencia y que invite a la reflexión”.
Reconocida a nivel internacional, Rivera ha expuesto su obra dentro y fuera de Puerto Rico. Sobre esta propuesta comenta: “Caribe: huella viva representa un punto de madurez en mi camino artístico: es la síntesis de muchos años de trabajo, experimentación y compromiso con el Caribe. Cada pieza es, a la vez, un mapa y un cuerpo vivo; una invitación a reconocer la belleza de lo que nos rodea y la responsabilidad de cuidar la huella que dejamos en nuestra tierra”.
La pieza La Raíz…
Por otra parte, la artista nos habla sobre el corset La Raíz, concebido como parte inicial de la colección. Además de que adquirió una dimensión inesperada al ser presentado en el escenario de un concierto de Bad Bunny. Esto en colaboración con el diseñador Herman Nadal. En esa ocasión, lo lució la vocalista Lorén. Integrante de la banda Chuwi, durante la residencia del artista en septiembre. Para Rivera, la experiencia representó un momento significativo al ver su obra escultórica trasladada al ámbito escénico.
En esta pieza Rivera transforma el cuerpo en escultura y la moda en un medio de memoria. Realizado con fragmentos de smalti (teselas), este mosaico honra la cultura taína y narra la historia caribeña mediante una paleta simbólica. El marrón del yute evoca la tierra fértil. Además del verde, el paisaje y el dorado, lo sagrado. Incluyendo al blanco, la pureza de las raíces y el crema, el equilibrio y la armonía.

La integración de la moda contemporánea aportada por Nadal reforzó el carácter innovador de la pieza. Además de que trasciende lo decorativo y dialoga con las tendencias actuales. La presentación en tarima, uniendo arte, música y moda, se convirtió en un gesto simbólico que reafirma la vitalidad de la cultura caribeña. Como expresó la artista: “El corset representa precisamente nuestra raíz. Es mi manera de honrar la cultura taína y de recordarnos que nuestra identidad es algo vivo que sigue dialogando con el presente”.


