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Literatura

Dras. Mercedes y Lucé López Baralt reciben la Medalla Felisa Rincón de Gautier al Servicio Público

Por 9 min lectura
Medalla Felisa Rincón

La Fundación Felisa Rincón de Gautier reconoció a dos figuras esenciales de la cultura y el pensamiento puertorriqueño al otorgar, el pasado viernes 14 de noviembre, la Vigésima sexta y Vigésima séptima edición de la Medalla Felisa Rincón de Gautier al Servicio Público a las destacadas académicas Dra. Mercedes López Baralt y Dra. Lucé López Baralt.

La ceremonia, celebrada en el Restaurante Antonio’s en Condado, reunió a miembros del sector cultural, académico y comunitario para honrar la trayectoria de ambas homenajeadas, cuyas aportaciones han marcado profundamente el estudio, la difusión y la defensa de la identidad puertorriqueña.

La Dra. Mercedes López Baralt fue distinguida con la Vigésima sexta Medalla por su sólida carrera dedicada a la investigación, la educación y la promoción de los valores culturales del país. Su labor ha sido reconocida por su compromiso con el servicio público y la formación de nuevas generaciones.

Por su parte, la Dra. Lucé López Baralt recibió la Vigésima séptima Medalla en reconocimiento a su liderazgo cultural, su producción intelectual de alcance internacional y su papel como referente en la proyección de la cultura puertorriqueña fuera de la isla.

La Medalla Felisa Rincón de Gautier al Servicio Público —establecida por iniciativa de la propia doña Felisa— forma parte del legado de la Fundación, que busca ofrecer modelos de excelencia a niñas, jóvenes y comunidades en desventaja. El reconocimiento se concede a mujeres que, mediante logros sobresalientes en sus campos, demuestran compromiso con el servicio público y se convierten en inspiración para el país.

A continuación, los mensajes que ofrecieron las hermanas López Baralt al recibir esta importante distinción…

Dra. Lucé López Baralt: “Para mi hermana Mercedes y para mí es un no solo un gran honor sino un motivo de inmensa alegría el haber sido distinguidas –a la vez– con el Premio Felisa Rincón de Gautier, la eterna alcaldesa de San Juan. Doña Fela fue no solo una puertorriqueña destacada en el servicio público, sino una mujer internacional que rebasó las fronteras de nuestro país–justamente por haberlo servido de manera excepcional. Recibir un Premio patrio juntas es de lo más emocionante que nos puede pasar a estas dos hermanas que hemos intentado, en el espíritu de doña Felisa, servir a Puerto Rico.

Con este Premio nos cabe el honor de cerrar filas con mujeres ilustres que también lo han recibido: la Dra. Coello de Novello, Sor Isolina Ferré, la congresista Nydia Velázquez, mi antigua compañera de estudios Sandra Zaiter, la madre Socorro Juliá (para nosotras, “Soco”), la Dra. María Dolores Fernós, nuestra querida Tati, entre tantas otras. Va nuestra gratitud a los miembros de la Fundación Felisa Rincón, que además de otorgar estos premios, entrega becas, organiza talleres en las cárceles de mujeres y ayuda a los no videntes, manteniendo vivo el espíritu nutricio de doña Fela. Va nuestro saludo especial al señor Presidente, Ing. Ricardo Rincón Vela, al Lcdo. Roberto Martínez y a Hilda Rodríguez. Gracias de corazón a la Dra. María Teresa Narváez Córdoba, que me ha acompañado con su inteligencia y su cercanía vital por más de medio siglo, por sus emocionantes palabras. Ella también es mi hermana.

Merce y yo recordamos personalmente a doña Fela, figura de una popularidad sin precedentes en el Puerto Rico de mediados del siglo XX. Aun me parece ver cómo los niños le extendían la mano gritando “¡Doña Fela, doña Fela!” para contactar de cerca aquel ser mítico el día que visitó nuestro Colegio en Hato Rey. Hacía poco que la alcaldesa nos había traído nieve para que palpáramos el prodigio, anticipando por muchos años el momento en el que García Márquez llevaría a su personaje Aureliano Buendía a tocar el hielo por vez primera. Todo muy folklórico, sí, pero doña Fela combinaba su magia candorosa con un sano pragmatismo político, con el que transformó nuestra ciudad capital y ayudó a poner a la altura de los tiempos nuestra sociedad. Al cabo de su vida, pudo confesar: “la política no me dañó”. ¿Cuántos políticos podrían decir eso hoy?

Dra. Lucé López Baralt.

Claro que cuando la conocimos de niñas, para nosotros doña Fela era simplemente un personaje inmenso en constante olor de multitudes. Pero luego tendríamos noticia de sus méritos particulares: fue la primera mujer en haber sido electa alcaldesa en toda América, que logró consolidarse en un puesto de importancia crucial dentro de la política puertorriqueña del siglo pasado. Doña Fela estuvo activa en el movimiento sufragista pionero y cuando las mujeres pudieron votar, ella fue una de las primeras en registrarse.

Su activismo feminista tuvo pues raíces muy tempranas. Estuvo al frente de la ciudad capital por unos inverosímiles 22 años (1946-1968) durante los cuales su popularidad nunca mermó. No podía ser de otro modo: privilegió a los niños, para quienes fundó unos pioneros centros de enseñanza preescolar que se convertirían en el modelo de la Head Start Program en Estados Unidos. Colaboró en el establecimiento de la Escuela de Medicina y trabajó hombro con hombro con Ricardo Alegría para restaurar el Viejo San Juan y lanzarlo a su merecida proyección internacional.

La alcaldesa llevaba el servicio en la sangre. Todos los miércoles recibía a sus ciudadanos para escuchar sus problemas personales y ayudarlos. Sobre todo, nunca olvidó a los pobres, a quienes les procuraba empleos y orientación. Visitaba personalmente el barrio El Fanguito para instar a los niños a ir a la escuela. Y esta clase hundida en la pobreza le supo reciprocar su solidaridad: doña Fela era una persona intocable en la Perla, donde entraba y salía a gusto sin protección oficial alguna.

Se sabe que, ya con muy poca solvencia económica, hipotecó una propiedad para poder seguir repartiendo juguetes en Navidad a los niños sin recursos. Conmueve recordar que ya en su lecho de muerte una mujer le quiso devolver los $30 que doña Fela le había prestado en la década del 50 para que pudiera vacunar a sus hijos. Como tantos de sus protegidos, doña Fela murió pobre. Pasó sus últimos días en el Asilo de Puerta de Tierra, sin propiedad ni caudal a su haber. Esas circunstancias hablan por sí solas de su honradez como política.

La alcaldesa, como se sabe, hacía gala de un atuendo del siglo XIX, que combinaba con una mentalidad del siglo XXI. O del XXV. Sus moños, abanicos y encajes a la antigua llevaron a un político norteamericano a especular que “she must be some kind of empress or queen”. Era su sello ontológico distintivo, y hoy sabemos que mucho antes de su debut político doña Fela fundó una tienda de modas en el Viejo San Juan –-“Felisa’s Style Shop”–. Durante la Gran Depresión había aprendido en Nueva York diseño de alta costura: no se trataba pues de una vanidad frívola, sino de una auténtica vocación que transformaría en su marca identitaria, en su manera de afirmar su personalidad.

Precisamente con estos vistosos atuendos visitaba los barrios más pobres de San Juan. Cuenta Héctor Luis Acevedo en su ensayo “Doña Fela y la eficiencia de quien sabe amar” que la alcaldesa lo regañó cuando lo vio vestido con guayabera para un acontecimiento político formal. Ella le explicó que era un signo de respeto a la otra persona vestirse bien para ir a su encuentro. “Por eso yo uso mis mejores trajes para visitar la gente más pobre, pues así les demuestro lo que valen para mí. Así que ponte una chaqueta y corbata para hablarle a tu gente”. “¡Qué lección!”, comenta conmovido Héctor Luis, sucesor de doña Fela en la alcaldía de San Juan.

Doña Fela terminó siendo reconocida más allá de nuestras fronteras con incontables distinciones. Recibió la Medalla Juana de Arco en París, la Medalla de Isabel la Católica, el Premio Simón Bolívar, once Doctorados Honoris Causa, entre tantas otras premiaciones internacionales. Acaso lo mejor la define es su denominación como “Mujer de las Américas”, de la Unión de Mujeres Americanas de Nueva York.

Con la perspectiva que dan los años, pienso que esta mujer excepcional dio al mundo la mejor versión de sí misma que podía dar. Constituyó plenamente su identidad al unir su inmenso instinto político y su expertise en moda para ayudar a levantar su país. Pocas personas tienen la bendición de ser ellas mismas al máximo, y doña Fela fue todo lo Doña Fela que podía ser. Y con esto nos da a todos la gran lección de que seamos nosotros mismos a plenitud con pasión y alegría, pues solo así es que seremos capaces de servir de verdad a los demás.

Siento que Merce y yo cerramos filas con este reto maravilloso que nos lanza nuestra eterna alcaldesa: hemos tenido la bendición de explorar nuestras respectivas vocaciones literarias al máximo, y de ponerlas al servicio de Puerto Rico. Y lo digo porque ambas rechazamos numerosas invitaciones de Universidades de inmenso prestigio para regresar a nuestra isla, porque las dos pensamos que nuestro servicio tenía que ser aquí, para ayudar a formar a nuestra gente y devolverle todo lo que la vida nos había dado.

Como doña Fela, un buen día descubrimos que nuestras obras se hicieron internacionales desde esta isla. Como doña Fela, también descubrimos que al cumplir plenamente con nuestro propósito de vida y servicio al país hemos sido inmensamente felices. Una vida con propósito siempre lo es. Sospecho que si nos hubiese sido dado hablar con doña Fela sobre la bendición de una vida con propósito, nos hubiéramos comprendido plenamente.

Gracias, una vez más, por esta distinción tan conmovedora que lleva su nombre”.

Dra. Mercedes López-Baralt:

“Buenas noches a todos. La gratitud no sólo es una virtud. Es necesaria. Y deliciosa cuando está ligada a la alegría. Este es el caso de hoy. Las hermanas López-Baralt hemos recibido una distinción preciosa: la medalla de la Fundación Felisa Rincón de Gautier. La recibimos agradecidas y gozosas, pues es un honor a la mujer puertorriqueña, que homenajeamos hoy. Porque Felisa no solo ha sido la primera mujer alcaldesa de San Juan y la primera alcaldesa de una capital en toda la América, reelegida en cuatro ocasiones.

Fue mucho más. Con su generosa caridad, se dedicó al bienestar colectivo, ayudando a los residentes más vulnerables de nuestro San Juan a mejorar la vivienda, la salud y el empleo. Perteneció al Partido Liberal y participó en la campaña por el sufragio femenino en Puerto Rico. Derrotado dicho partido, ayudó a Muñoz Marín a fundar el Partido Popular Democrático. Y con humor, nombró su ayuda a los niños y a los pobres como un «maternalismo benevolente». Sin olvidar que también protegió la arquitectura colonial de San Juan.

Dra. Mercedes López-Baralt

Felisa es, sin duda, una de nuestras mujeres ilustres, como lo son Lolita Lebrón (activista de la independencia puertorriqueña), Adolfina Villanueva (anarquista y pionera del feminismo), Luisa Capetillo (feminista, periodista y líder obrera), Sonia Sotomayor (jueza asociada en la Corte Suprema de los Estados Unidos), y Rita Moreno (actriz, cantante y bailarina puertorriqueña, protagonista de la comedia musical West Side Story).

Pero Felisa también es un mito, porque transformó la imaginación en realidad. Así logró complacer a los niños de San Juan que en Navidad añoraban la nieve que no tenían, cuando consiguió que la blancura helada llegara en un avión desde Estados Unidos a Puerto Rico en toneladas, para que jugaran con alegría. Y no olvidemos que Felisa era muy guapa, y que con sus bellos y extravagantes vestidos y sus moños colosales parecía una artista, pero era mucho más: una reina adorada por sus leales súbditos. Y hoy, añorada”.

Imagen principal: Dra. Mercedes López Baralt, Ing. Ricardo A. Rincón Vela, Presidente de la Junta de Directores de la Fundación Felisa Rincón de Gautier y Dra. Lucé López Baralt. Foto suministrada. 

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