Reseña de exposición en galería Guatíbiri
Se enciende un fósforo. El sonido de la combustión, limpia, como el rompimiento de un papel. La flama cursa por el cerrillo; blanca, amarilla, naranja según se extiende por el palillo, hasta llegar al azul. Estamos frente a Telema (2022) y le pregunto a Miguel Vélez sobre el cerrillo, la luz azul líquida que envuelve la figura ingrávita: «Cuando las pintaba, encendía una vela… Es como un símbolo, tú sabes, que conecta con lo etéreo, alusivo a la piedra filosofal.»
Miguel Vélez (1975, Naranjito) busca, con la exposición Gravedad Cero, actualmente expuesta en la galería Guatíbiri, explicar el acto de levitación, los sueños y la posibilidad del rompimiento de las leyes naturales en el día a día. Al entrar a la galería, nos vemos rodeados en un espacio onírico, donde la luz azul y roja nos inundan, suspendidos, y nos miran las aves.

Hay una imagen recurrente, una niña que flota sobre el espacio, despreocupada, «Ella es mi hija.» Nos dice «La idea llegó cuando la veía saltar en su trampolín. Ella hacía unos movimientos tan libres. Yo la dibujaba, y en el papel noté muchas cosas.» En Gravedad Cero (2025), obra que titula la exposición, ella levita sobre un campo, donde caminan aves de guinea. Hay una inversión que trabaja a través de los propios términos naturales: las aves de Vélez (pavos reales, guineas, gallos) cargan alas sin vuelo, y los pies levitan con cada paso.
Al fondo de la sala, en las columnas del arco, Gesta (2022) y Asunción (2022). El campo lumínico envuelve las figuras. Su forma, ahuevada, rememora la concepción griega del nacimiento del cosmos, como si mirara el fuego de una vela encendida.

En la pared contigua, al óleo sobre papel, Litocosmos (2022) sintetiza los elementos, la esencia de la muestra. Carga una pincelada suelta, pero a su vez precisa, desarrollada a través de la práctica paisajística. La niña, reclinada, se eleva dentro de un cubo de luz. Hay un espacio, un balcón, físico, donde ocurre el acto. Agarra el destello azul en su mano, marcando un hito en la obra pictórica de Vélez.
A la entrada Misterio Trascendente (2022) es en el que la niña toca el suelo con sus pies. Pero quizás es un preámbulo. Es de noche, y observa el campo desde un risco. Pero sabe que no caerá. Al mirarla, pienso en una cita del diario de Frida Kahlo «Pies, ¿para qué los quiero? Si tengo alas para volar.»
La exposición se encuentra disponible en la galería Guatíbiri hasta el 21 de enero, lunes a viernes 9:00am a 5:00pm y sábados de 10:00am a 3:00pm.



