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Cine y TV

A un año del documental «Román Baldorioty de Castro: camino de futuro»

Por 5 min lectura
documental

Hay nombres que no regresan del pasado como estatuas dormidas, sino como antorchas antiguas que cruzan el tiempo. Sacuden el polvo de los archivos y vuelven a encenderse sobre la conciencia de un pueblo que todavía aprende a mirarse en su propia memoria.

A un año de haber visto la luz, el documental Román Baldorioty de Castro: camino de futuro puede celebrarse como una de las aportaciones audiovisuales más significativas al rescate contemporáneo de la memoria histórica puertorriqueña. El documental, que emerge en el marco del bicentenario de Baldorioty, es dirigido por Caridad Sorondo Flores y originado por Rumbo Cultural. La cineasta no se limitó a narrar la vida de un prócer: abrió una conversación necesaria sobre el lugar que ocupa Román Baldorioty de Castro en la conciencia histórica de Puerto Rico y del Caribe antillano. El Adoquín Times consignó desde su lanzamiento que la producción consta de tres episodios de treinta minutos y que fue concebida como una mirada amplia a la vida, pensamiento y legado del educador, abolicionista y líder autonomista puertorriqueño.

Durante la grabación del documental Román Baldorioty de Castro: camino de futuro en la Biblioteca Nacional de Puerto Rico.

La acogida que ha tenido durante este primer año confirma que el documental tocó una fibra profunda del país. Su recorrido por centros culturales, universidades y espacios comunitarios ha demostrado que Baldorioty no pertenece únicamente a los libros de historia ni a la nomenclatura urbana de una avenida ilustre. Pertenece a la conversación viva de un pueblo que necesita reencontrarse con sus grandes figuras para comprender mejor su presente. Presentaciones como las de Arecibo, Caguas, la Universidad de Puerto Rico, Recintos de Mayagüez y Bayamón, la Universidad Ana G. Méndez evidencian que la obra ha circulado en escenarios educativos y culturales diversos, acompañada de conversatorios, paneles y actividades musicales que han enriquecido su recepción pública.

Resulta particularmente valiosa la reseña publicada en El Adoquín Times bajo el título “Redescubriendo a Baldorioty como brújula ética y cultural”, escrita por Adimar Hernández Maldonado, estudiante de Derecho, Pontificia Universidad Católica de Ponce y colaboradora del documental.  Allí se reconoce que el documental no solo mira hacia el pasado, sino que propone a Baldorioty como una voz capaz de orientar los desafíos del presente. Esa lectura resulta fundamental, porque el mayor acierto de la producción consiste precisamente en devolverle densidad humana, intelectual y política a una figura que, por demasiado tiempo, había sido reducida por la memoria cotidiana a un nombre prestigioso, pero distante.

Uno de los logros más notables del documental es destacar la huella imborrable que Román Baldorioty de Castro dejó en la República Dominicana durante los años de su exilio. Baldorioty, al igual que Eugenio María de Hostos, forma parte de esa constelación de puertorriqueños que sembraron pensamiento, educación y dignidad en tierras dominicanas. En Azua de Compostela, República Dominicana, donde su recuerdo permanece vivo, una escuela superior lleva su nombre. Incluso, según se ha recogido en la memoria local, muchos dominicanos llegaron a pensarlo como uno de los suyos. Ese dato no disminuye su puertorriqueñidad: la engrandece, porque revela que su vida cruzó fronteras y que su pensamiento encontró patria más allá del mar.

La pureza artística de la filmación, el cuidado visual de sus escenas y la selección de voces que integran el documental -historiadores, poetas, juristas, gestores culturales y estudiosos del legado antillano- convierten la obra en algo más que una biografía audiovisual. Se trata de una propuesta histórica, estética y pedagógica. La cual rescata a Baldorioty del mármol frío de la conmemoración y lo devuelve al quehacer cotidiano de la ciudadanía. En ese sentido, el documental nos recuerda que la historia no es una vitrina inmóvil, sino una lámpara encendida para caminar el presente.

Elsa Tió durante la grabación de Román Baldorioty de Castro: camino de futuro en la Fundación Luis Muñoz Marín.

Desde mi participación discreta como Historiador Oficial de Puerto Rico, he podido apreciar el valor de esta producción no como un ejercicio de homenaje vacío, sino como una intervención cultural necesaria. Baldorioty aparece aquí como educador, abolicionista, autonomista, pensador antillano y servidor público de una inconcebible estatura moral. Su vida vuelve a hablarnos con fuerza: sobre la justicia, la educación, la libertad y la dignidad de un pueblo que todavía busca, entre memorias y desafíos, su propio camino de futuro.

Por todo ello, es justo reconocer y celebrar la visión, sensibilidad y perseverancia de Caridad Sorondo Flores. Figura esencial en la concepción, filmación y producción de este importante documental. Su mirada permitió que Baldorioty volviera a respirar en la pantalla con humanidad, belleza y profundidad histórica. También merece destacarse la dimensión musical que acompaña la obra, incluyendo la aportación artística asociada al músico puertorriqueño Gil Raldarys, cuya sensibilidad sonora contribuye a envolver el relato en una atmósfera de emoción, memoria y pertenencia.

A un año de su estreno, Román Baldorioty de Castro: camino de futuro ya no es solamente un documental: es una ruta de regreso a una conciencia histórica más plena. Es, como su título anuncia, un camino. Y en ese camino, Baldorioty deja de ser únicamente una figura del siglo XIX para convertirse en una presencia viva, luminosa y necesaria para el Puerto Rico del siglo XXI.

Y así, entre Puerto Rico y la República Dominicana, entre el Mar Caribe que separa y la memoria que reúne, este documental camina como testigo y mensajero de una verdad antillana: Baldorioty vuelve a tender un puente de luz donde dos pueblos hermanos reconocen en su historia compartida una fuerza viva para imaginar el porvenir.

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Dr. Carlos I. Hernández Hernández

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