Imagen: Alfonsina Molinari. Fotos Jorge Castro
Esto debió ser un artículo a partir de una entrevista telefónica a la actriz y productora Alfonsina Molinari sobre su rol estelar en el monólogo “A primera vista” (Prima Facie, Suzie Miller), pero antes de escribir, tuve tiempo de verla en escena.
Fue una conversación de unos 20 minutos la que sostuve con Alfonsina Molinari sobre el texto, el personaje, el esfuerzo físico y mental que requiere… Nada de lo dicho fue suficiente para recoger la extraordinaria experiencia teatral del pasado domingo en la Sala Experimental del Centro de Bellas Artes en Santurce.
Este trabajo es -definitivamente- el antes y después en la carrera artística de Molinari. Su actuación es completa, verosímil, estremecedora y conmovedora. Es una pieza intensa. Por una hora y media la actriz se apropia del escenario como la licenciada “Laura Robles” y no para. Ella sola en escena, narrando su entorno laboral dentro del sistema de justicia, uno que defendió hasta el día que se cambiaron los roles y la víctima era ella.

“A primera vista” -en una bien lograda traducción y adaptación de Johanna Rosaly- es un cuestionamiento al sistema judicial desde su origen patriarcal y cómo se manifiesta especialmente en los casos de violencia de género, donde en la mayoría de sus etapas predominan los hombres.
La licenciada “Laura Robles” es una abogada sagaz que de un momento a otro se enreda en una aventura íntima con uno de sus colegas. Todo iba bien, hasta el momento en que el sexo se tornó violento, indeseado y la paralizó.
Fue una escena vibrante, angustiante, visceral. El juego de luces en esta etapa del monólogo fue preciso, determinante para enmarcar el coraje y a la vez la frustración de esta mujer que, como muchísimas otras, son violentadas sexualmente y el sistema judicial no les cree. No bastando con eso las victimiza a lo largo (y tendido) de todo el proceso.

Alfonsina Molinari está magnífica en su personaje y sus matices. Dirigida extraordinariamente por Mariana Quiles-Fabián, la actriz es convincente en su discurso verbal y corporal; su constante movimiento escénico subraya cada línea del texto. Es un trabajo sumamente físico con una carga emocional aún mayor. Mi aplauso de pie para ella y para todo el equipo técnico, pues todos los elementos -incluido el sencillo vestuario- fueron muy bien pensados en función de las necesidades del personaje.
En ese equipo figuran Cristina Robles (asistente de dirección), Gregorio Barreto (diseño de ambientación), Pamela López (diseño de iluminación) y Wanda San Miguel (coordinación de vestuario).
La función cerró con unas acertadas aportaciones de distintos profesionales relacionados a la justicia social y la psicología reaccionando y analizando lo visto en escena. Fue un remate necesario para organizar el pensamiento después de un crudo retrato de la injusticia que enfrentan las víctimas de violencia de género.
Ojalá esta pieza viaje por los distintos teatros en la Isla y fuera obligatoria para los policías, abogados y demás integrantes del sistema de justicia que, en su afán de ganar, pierden el sentido de humanidad.



