Trayectoria Histórica de la Transportación Marítima Punta de Cataño e Isleta de San Juan 1852 – 1960

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 El Desembarcadero de la Trinidad de Palo Seco y la Desembocadura del Río de Bayamón

 

En un principio Punta de Cataño fue solo parte de la periferia de la orilla más allá de San Juan, la Ciudad Capital no miraba hacia Cataño; sino al desembarcadero de la Trinidad de Palo Seco y la desembocadura del Río de Bayamón. Los botes de velas de los palosequenses transportaban, frutos del campo, provisiones y fomentaban nuevas amenidades que sirvieron de apoyo a estas actividades de desembarco y embarco. El desembarcadero era un lugar obligado de la ruta para los que querrán ir de la Isleta de San Juan al interior de la Isla. Era un área de intercambio de bienes, propicio para compartir el litoral a la entrada del puerto de San Juan; servía de comunicación entre la parte Oeste de la Isla con la Ciudad de San Juan por la Puerta de San Justo.

Punta de Cataño
Palo Seco. Suministrada.
Así fue como surgió un tráfico marítimo, por Palo Seco se llegaba hasta Toa Baja que era entonces un pueblo floreciente; Cataño era una ruta alterna para llegar al Río Bayamón cuando la desembocadura del Río de Bayamón se tapaba con arena. Palo Seco, Punta de Cataño y Pueblo Viejo; a todos por agua”, se hace la salvedad que, de estos tres caminos, el de Cataño era “el preferible”, por ser el menos peligroso en tiempos lluviosos.

Además, del “pasaje” de Cataño, se entraba por los caños y salían al mismo pueblo de Bayamón. Debido al hecho de que los tres caminos de acceso, el de Cataño era el más importante para llegar al Municipio de Bayamón; se establece como hato de caballos necesarios para transportar personas y mercancía desde San Juan hacia el occidente de la Isla. Por esto los primeros siglos del asentamiento el núcleo urbano no resulta tan importante en ser, toda vez que cumplía la función de enlace desde la isleta de San Juan, Cataño, hasta el poblado de Bayamón.

 

Transportación Marítima Punta de Cataño e Isleta de San Juan

Un campo despoblado de mar, apenas transitado por pescadores y pequeños y grandes botes de velas, más allá de la ciudad murada. Cataño no existió en el sentido urbano de la palabra, hasta que, a mediados del siglo 19, un grupo de comerciantes españoles, José Ma. Taracena, Manuel Quesada y José R. Fernández, este último quien luego sería Marques de la Esperanza, radicados en San Juan, se dieron a la tarea de organizar una sociedad anónima llamada la “Compañía Puertorriqueña del Vapor de Cataño”, la misma se estableció en octubre de 1849, durante la incumbencia del Mariscal de Campo, Juan Prim, Conde de Reus.

El fin que perseguían era establecer una ruta de lanchas de vapor que permitieran el cruce de la Bahía de San Juan desde el muelle de la Capital hasta el poblado de Palo Seco. Para que la “Compañía Puertorriqueña del Vapor de Cataño” pudiese desarrollar su negocio satisfactoriamente; se hacía indispensable trasladar el transporte marítimo de mercancías y pasajeros hasta el otro extremo conocido como la Punta de Cataño, único punto que podía funcionar adecuadamente los vapores y además construir en esta ultima una población moderna que fuera útil para el posterior desarrollo de la zona y que además mejorara las comunicaciones con los pueblos del Este, Oeste y Centro de la Isla.

Punta de Cataño
Servicio entre Capital, Cataño y Bayamón. Suministrada.
En el 1852, bajo la aprobación de la Real Orden del 6 de mayo, se concedió la autorización para que se constituyera la “Compañía Puertorriqueña del Vapor de Cataño” y se procediera a la construcción de un nuevo poblado en la Punta de Cataño.

Para cumplir con la Real Orden, trasladaron el transporte marítimo hacia la Punta de Cataño; la compañía comenzó una campaña de poblamiento de Cataño, vendiendo solares a 60 pesos o arrendándolos a precios módicos. Esto atrajo a los residentes del antiguo Municipio de Palo Seco y a los habitantes de los pueblos limítrofes y además lograron el establecimiento del camino de Bayamón a Cataño para si facilitar el fluir de provisiones y pasajeros destinados a la Capital.

La compañía instalo sus oficinas y además dependencias en la nueva población, la cual se asentó en terrenos donados por el Gobierno. Para el año 1853 la Compañía de Vapor de Cataño, comenzó a facilitar el transporte de mercancías y pasajeros desde la Isleta de San Juan hacia la Punta de Cataño, con la compra de tres vapores llamados: (Costanero, Isabela y Borinqueño); dos para la ruta de Cataño – San Juan y uno para circunvalar la isla con escalas en los principales puertos de la isla, que eran los de la Capital, Ponce, Mayagüez y también realizaban viajes a Cuba, República Dominicana y San Tomas.


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La Compañía Puertorriqueña del Vapor de Cataño, la que fue la primera asociación mercantil naviera de Puerto Rico y verdadera fundadora del poblado de Cataño, tuvo una vida breve; enfrentan dificultades económicas, mala gestión empresarial y el poco volumen de negocios.

En el 1854 en una circular a los accionistas de la compañía, el presidente de esta, Domingo García, les informa sobre el estado financiero de la empresa y las gestiones que se estaban realizando para evitar que desapareciera, pero en 1859 la compañía, cesó operaciones, sus haberes fueron adquiridos ese mismo año por la “Empresa del Vapor de Cataño”, formada inicialmente por siete socios. La nueva empresa puso en servicio dos nuevos vapores, uno llamado “Cataño” y el otro “Isabel II”, cada uno de los cuales remolcaba una embarcación resguardada del sol, de la lluvia, arreglada con todo lujo y una buena comodidad para el uso de los pasajeros.

El desarrollo del poblado de Cataño continuo y en 1861, nueve años después de inaugurado el servicio del vapor, la Empresa del Vapor de Cataño tenia a disposición 40 cuerdas de terrenos en Cataño; y estaba distribuidas entre sus 51 accionistas. En el plano del poblado, a tales efectos señalaban 51 parcelas y 178 solares; 14 de los cuales ya habían sido vendidos, uno cedido a la Real Hacienda y media cuerda al peón caminero. En el 1874, las autoridades de gobierno autorizaron a Don Joaquín Alum, representante de la empresa, a construir un muelle de carga y embarque de pasajeros en la Punta de Cataño, el servicio de vapores fue básico en el crecimiento alcanzado por el poblado de Cataño durante sus primeros años de existencia, al punto que a los 18 años de fundado el poblado ya existían 14 tiendas y 12 establecimiento industriales.


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Unos 30 años después de establecida la Empresa de Vapor de Cataño, el servicio de pasaje hasta la Capital se consideraba inseguro y sin comodidad.

En el 1880, se presentó un proyecto a las autoridades de Gobierno que en el mismo se proponía un sistema intermodal en el que se unía la transportación marítima (Lanchas a Vapor entre Cataño y San Juan), con la terrestre (Tranvía entre Cataño y Bayamón); la mente y el bolsillo detrás de aquella empresa era del comerciante Don Ramón Valdés Cobián, oriundo de España y vecino de Bayamón, fue la persona que promovió la fundación de la “Empresa Férrea del Oeste”, que junto a otros empresarios, aportaron el capital requerido para la operación en el 1881 por medio de la Real Orden 73, la misma se constituyó con un capital de cien mil pesos y una vida corporativa de 20 años.

El 20 de febrero de 1881, en virtud de la Real Orden 78, se le concede a la Empresa Férrea del Oeste la franquicia para operar el servicio de transportación por sistema de locomoción (Tren); el mismo comenzó en el 1882 a brindar los servicio marítimo de 3 kilómetros entre Cataño – San Juan y la terrestre que se extendía a una longitud de vías de 7 kilómetros de largo y un ancho de 0.76 metros, desde Cataño hasta Bayamón, este sistema de transporte incluía embarcaciones movidas por carbón de piedra, máquinas de ferrocarril que eran operadas con igual combustible. En el 1883, a través de la Real Orden 740 del 10 de noviembre, la empresa recibió autorización para construir en Cataño un muelle para sus vapores.

Punta de Cataño
Proyecto de Tranvía de Bayamón a Cataño. Suministrada.
Cataño en aquel momento era la puerta del futuro y precisamente, una de las justificaciones para la autorización del proyecto del “Tranvía” desde la Punta de Cataño hasta el pueblo de Bayamón es que este último era la plaza comercial de los pueblos de Corozal, Naranjito, Toa Alta, Toa Baja, Vega Alta, Comerío y Dorado que tenían entre unos treinta y cuatros a treinta y cinco mil habitantes y los frutos que producían; en particular el Tabaco, Café y Ganado Vacuno que son recolectados por el comercio de Bayamón que después los transportaría a la Capital.

Además, el nuevo servicio intermodal garantizaría a los comerciantes, que las cargas no sufrirían averías ni desperfectos; las mercancías se cargarían en la estación de Bayamón y se trasladarían en vagones protegidos del sol y la lluvia hasta la estación de Cataño; y desde allí se transportaría en las lanchas de vapor desde la Punta de Cataño y el muelle de San Juan.

Este movimiento de carga se llevaría a cabo de manera rápida y constante; un paso enorme de avance en comparación con los caballos y los carros tirados por bueyes que se usaban en aquel momento, aunque en las últimas décadas del siglo diecinueve marcaron un desarrollo significativo en el campo del transporte público; fue cuando se autorizó el cambio de fuerza animal por motor de vapor.

Ramón Valdés con visión de un hombre de negocios, ve factible de modernizar y obtener la máxima eficiencia de ese sector económico; Cataño demostró ser el sitio ideal para ese tipo de negocio, la empresa se convirtió en un pilar de la economía en la región, lo que les permitió solvencia financiera a sus fundadores. En 1888, la Empresa Férrea del Oeste se disolvió como corporación, Valdés decidió adquirir todas las acciones de los empresarios y cuando logro el control de esta se convirtió en el dueño absoluto de la empresa, cambiándole el nombre a la “Línea Férrea del Oeste”.


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La prosperidad retorno al poblado de Cataño con la instalación de la Línea Férrea del Oeste y los nuevos vapores de Valdés, Cataño confirmó su rol del centro industrial de la periferia de la Bahía de San Juan.

Los vapores de Línea Férrea del Oeste o los vapores de Valdés como se les conocía popularmente transportaban cuatros vagones de tren; además de pasajeros de primera y segunda clase, en una travesía de 15 minutos por la Bahía. Además de la estación terminal del tren, se construyeron dos almacenes y un dique seco donde se carenaban los tres vapores de la empresa llamados: “Encarnación”, “Pepita” y “Valdés”; que fueron construidas de casco de acero y una estructura convencional en madera, este medio de transportación marítimo con la infraestructura moderna, dejo atrás los antiguos vapores, lanchones, veleros y carretones que eran el eje de la actividad económica de la época.

En 1913, Don Ramón Valdés murió en España, la Línea Férrea del Oeste que monopolizó el transporte de carga y pasajeros de la época, pasó a mano de la familia como la Sucesión Valdés.

El monopolio que tenía la Sucesión Valdés sobre la transportación marítima entre Cataño y San Juan, al pasar el tiempo abonaba a que el servicio fuera pésimo, las quejas de los que utilizaban el servicio de lanchas eran los efectos de que los vapores no se ceñían a un itinerario regular; que, con solo dos naves, el servicio era insuficiente cuando una de estas se averiaba y que además las lanchas no eran cómodas ni adecuadas.

Las acciones mayoritarias de la empresa familiar de los Valdés fueron adquiridas por la empresa naviera la Bull Insular Line”, que era una de las tres navieras principales que ofrecían servicios de transporte de carga y pasajeros entre San Juan y Nueva York. La Bull Insular Line, continúo operando el sistema de tren y de lanchas, el costo por viaje era de 5 centavos para cruzar la Bahía de San Juan de 15 minutos, desde su embarcadero en el Caño de Cataño, llamado en la actualidad como el Caño San Fernando.

El 17 de septiembre de 1919, se organiza “La Compañía Popular de Transporte Marítimo”, mediante la emisión de 15 mil acciones, la incorporación estaba compuesta por una junta de directiva, presidida por Ramón Córdova; Artemio Pilar Rodríguez, vice-presidente; Carlos Ochoa, secretario; Andrés Dudere, tesorero y Ramón Buade, vocal.

Dos meses después de incorporada la empresa, el gobierno le otorgo una franquicia por (30) treinta años. Esta empresa se convirtió en una fuerte competidora de la Bull Insular Line, logro acortar el viaje a través de la bahía y además estaban construyendo un nuevo muelle ubicado en la playa, y no en el caño de San Fernando.
Punta de Cataño
Terminal de lanchas en Viejo San Juan. Suministrada.

Entonces, para contrarrestar los costos de la Bull Insular Line y mejorar el servicio de pasaje, el 6 de enero de 1921, quedó inaugurado el muelle de la compañía de Cataño, donde fueron invitados a la inauguración prominentes personalidades de la Comisión de Servicios Públicos y representantes de la prensa.

El costo del pasaje de las lanchas de la Compañía Popular era de (3) tres centavos; además operaban lanchas que utilizaban gasolinas, más rápidas y económicas que las del vapor de la Bull Insular Line y la Sucesión Valdés, por lo que absorbió eventualmente todos los pasajeros. La Compañía Popular de Transporte vino a resolver el serio conflicto que se avecinaba por la falta de lanchas que condujeran a la enorme congestión de pasajeros que palpablemente se veía diariamente entre San Juan-Cataño y viceversa. Para esa fecha la Compañía Popular de Transporte contaba con cinco lanchas, dos muelles y una planta eléctrica.

Unos años después, la Compañía Popular de Transporte obtuvo una franquicia del Gobierno Insular para operar una línea de autobuses para cubrir la ruta de Cataño a Bayamón, “La rapidez del sistema, siempre será la velocidad de la causa del último cambio que provocó que los pasajeros prefirieran los autobuses a los pequeños vagones del tren de Valdés como se le conocía a la Línea Férrea del Oeste”.

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El Gobierno autorizo la descontinuación del servicio de trenes entre Cataño y Bayamón, y el mismo fue sustituido por una flota de siete autobuses por parte de la Compañía Popular de Transporte Marítimo; así en 1927, se suspendió el servicio del tren de pasajeros, escasamente unos 46 años después de establecido. Marcando así el fin del primer y único sistema intermodal operativo que había existido en la isla; debido a la competencia de otros medios de transportación, como los automóviles y autobuses que realizaban los viajes en un periodo de tiempo más cortó.

La empresa la Bull Insular Line continuó operando los servicios de transportación marítima Cataño-San Juan hasta 1936; decidió fusionarse con su competidora; y es cuando venden las acciones de las Bull Insular Line y la Sucesión Valdés a la Compañía Popular de Transporte Marítimo y adquieren la misma por un valor de $140,000 mil dólares. Esto marca la desaparición de los servicios de Línea Férrea del Oeste, después de 56 años de fundación.

Luego de finalizado el periodo de franquicia en 1949; se le extendió un permiso provisional por dos años más a la Compañía Popular de Transporte Marítimo. Al comienzo de la década del 50 la operación comienza a ser deficiente; el equipo obsoleto y la situación financiera al borde de la quiebra, el factor determinante del caos financiero lo fue la reducción de pasajeros durante los últimos años. En el 1947 la compañía transportó 3, 109,362 pasajeros; cantidad que se redujo a 1,675,000 en el 1959, lo que represento una pérdida de 1,434,362 pasajeros.

Después de hacerle frente a una posible desaparición debido a la solicitud de los empresarios Federico López Del Valle y Carlos García de Quevedo para operar un nuevo servicio de lanchas; los directivos de la Compañía Popular de Transporte para contrarrestar deciden oponerse al pedido anterior y solicitan una renovación de la franquicia de operación. El 27 de septiembre de 1955, se acepta el pedido y se le otorga una nueva Franquicia por 30 años; en esta ocasión se le exige la empresa que cumpla con ciertos requisitos para poder operar, pero la situación económica de la empresa no le permitió cumplir totalmente con lo pactado.

En el 1960, después de un periodo de 51 días de huelgas que sostuvieron los empleados de la Compañía Popular de Transporte y el tiempo con sus inaplazables demandas por cada vez de mejores y más rápidos servicios de transportación; obligados por la construcción de más avenidas y carreteras para más autos con la natural consecuencia de una más en crecimiento.

La Asamblea Legislativa para la solución del problema toma realidad cuando el representante Roig Vélez; presenta una resolución ante la Cámara de Representante para que la Autoridad de Puertos de Puerto Rico adquiera los servicios a través de compra o expropiación la empresa. Finalmente, el 5 de agosto de 1960 el “Estado Libre Asociado de Puerto Rico” expropia los servicios a la Compañía Popular de Transporte Marítimo y la Autoridad de los Puertos de Puerto Rico adquieren los servicios de lanchas. De esta forma desapareció la Compañía Popular de Transporte Marítimo, después de 41 años de fundada. En cuanto a las lanchas: Cataño, Bayamón, Popular 1, Popular 2, Popular 5 y la Popular 7; y otras facilidades de la Compañía Popular pasaron a la Autoridad de los Puertos.

Ese mismo año la Autoridad de los Puertos compro en Estados Unidos, la Rosa María Arcay; nombrada así en memoria a la dama que trabajó constantemente por la “Caridad y Servicio de la niñez desvalida, desnutridos, huérfanos y del bienestar social del Pueblo de Punta de Cataño. Un año después compraron la Borinquen; en el 1962 se construyó la Víctor Rojas. En 1965, trajeron dos modernas motonaves con capacidad para 300 pasajeros cada una; y dotada con los últimos adelantos de la época, estas fueron nombradas: Gustavo Bernés Berríos y la Ramón Valdés 1.

Durante el periodo de adquisición, la autoridad preparo un estudio sobre la condición económica de la Compañía Popular de Transporte Marítimo. Prácticamente todas las recomendaciones dictadas en el estudio fueron tomadas en consideración. Se adquirieron nuevas lanchas, se construyó un nuevo terminal en Cataño y otro en San Juan; se utilizaron las lanchas para otros propósitos, tales como excursiones y arrendamiento para actividades sociales. La Autoridad de los Puertos de Puerto Rico; una instrumentalidad corporativa del Gobierno de Puerto Rico con personalidad jurídica propia, la agencia responsable del servicio de transportación marítimo de Punta de Cataño a San Juan.

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3 comentarios en “Trayectoria Histórica de la Transportación Marítima Punta de Cataño e Isleta de San Juan 1852 – 1960”

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