Por Neéstor Murray-Irizarry, historiador-editor
Monserrate Deliz, quien durante más de 20 años fuera profesora de música en la Universidad de Puerto Rico, expresó como última voluntad antes de fallecer, que prefería que cualquier ofrenda floral que se deseara hacer en su nombre se destinase mejor a donar libros de música al departamento de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Así lo dijo tranquilamente a su sobrino, el reverendo Padre Antonio González Deliz, de la comunidad de Dominicos de Bayamón y director del periódico católico El Piloto.
Monserrate Deliz Méndez, nacida en Aguadilla, el 20 de diciembre de 1892 y fallecida en Santurce el 8 de marzo de 1969, fue profesora de música en la UPR durante más de veinte años. Obtuvo un «Music Supervisor Certificate» en Boston University en el 1924 y un «Bachelor of Music» de la misma universidad en 1935. Ostentaba el certificado que la autorizaba a enseñar el método Oxford de piano (carta del 1938 al doctor Osuna). Comenzó en la UPR como instructora de música en el 1926 hasta el 1947.
Fue presidenta de Pro-Arte Musical de Puerto Rico y miembro de numerosas entidades culturales. También realizó estudios superiores de música en la Universidad Southern California. Dedicó gran parte de su vida a la recopilación y ordenación de material folklórico puertorriqueño. Realizó varios viajes por Europa y América con el fin no sólo de investigar, sino de dar a conocer nuestra música. En 1954 fue delegada oficial de Puerto Rico al Congreso Internacional de Folclor celebrado en Brasil. Su labor de investigación se publicó en tres obras: ABC de cantos infantiles (1924), Renadío del cantar folklórico de Puerto Rico (1951), El himno de Puerto Rico — estudio sobre los orígenes de La Borinqueña. El Instituto de Cultura Puertorriqueña publicó una grabación del Renadío a cargo de Olga Iglesias y Luz M. Hutchinson.
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Dejó esta sensible mujer una abundante labor de investigación en el campo del folklore y la musicología. Se interesó también, vivamente, en la pedagogía musical, fundando en la Universidad el Alma Glee Club. Al momento de su muerte, la profesora Deliz dejó varias investigaciones inéditas, entre ellas, una sobre el baquiné de Puerto Rico, otra sobre la Navidad en nuestra Isla y una recopilación de rimas y adivinanzas; obras estas en las cuales venía trabajando desde su retiro.
En el 1933 dijo el que fuera uno de los más importantes intelectuales de nuestro país, José Agustín Balseiro, que ya era hora de que se viera con estimación la obra de doña Monserrate Deliz. Balseiro, atento a nuestro progreso en todos los órdenes, apuntó lo que le debemos en lo que se refiere a nuestra música, a Monserrate Deliz. Nadie mejor que él, acostumbrado al buen trigo intelectual podría decir estas cosas con conciencia de lo que significan.

Deliz fue un valor nuestro que debemos reconocer, si queremos ser justos. Dedicó los años mejores de su vida al magisterio, ejerciendo en el campo de la música en las escuelas públicas, y en la Universidad de Puerto Rico.
En los últimos años de su vida académica fueron para ella, de constante preocupación en su cátedra por desarrollar en el estudiante interés por la buena música. Ella sabía que la música está unida a toda labor pedagógica, y que en los conservatorios se da gran importancia a la preparación de maestros para las escuelas públicas.
En 1969, Arlequín, Inc., participó en el Festival de la Música auspiciado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña en el Teatro Tapia. En esa ocasión, Arlequín rindió homenaje a Monserrate con un espectáculo basado en su Renadío del cantar folklórico puertorriqueño. Maricusa Ornes, dirigió esta actividad, que subió a escena los días 6 y 7 de diciembre de ese año.

La producción de Arlequín llevó coreografía de Gilda Navarra, dirección técnica e iluminación de Edwin Silva Marini. El diseño de la escenografía fue de Rafael Cruz Emeric, realizado por Alfonso Ramos y Román Salas. La ejecución musical estuvo a cargo de Cecilia Talavera. Eurípides Ríos realizó la iluminación, y Marilín Rolán fue ayudante de escena. Amalia de Rolán fue la encargada de la producción. Participaron en la actividad de Arlequín las alumnas de la Academia de Arte Escénico Santo Domingo y un grupo de estudiantes del Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico.



En mi niñez Monserrate Deliz tuvo impacto en la educación: las canciones folclóricas eran parte fe experiencias educativas diarias en las escuelas públicas del país.
Se cantaban, se leían las letras de las canciones y se reflexionaba sobre el contenido y con ello se integraban otras materias. Desde entonces el nombre de esa folclorista sonó en mi vida. Entonces se le daba crédito a quien escribía y entregaba largas horas de su vida a aportar por el beneficio de todos no por el brillo personal. Alerta con la tendencia actual, de no dar crédito a los estudiosos que publican y más ahora con lo que genera la inteligencia artificial.