Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, Puerto Rico era un territorio no incorporado de los Estados Unidos, anexado en 1898 tras la Guerra Hispanoamericana. Aunque la Isla no era parte directamente del conflicto bélico, su posición geográfica la transformó en un punto estratégico de vigilancia y refugio para embarcaciones de los países en guerra.
Tras este escenario, varios buques mercantes alemanes buscaron refugio en el puerto de Mayagüez. Aprovechando la neutralidad inicial de Estados Unidos, para evitar la captura por los barcos británicos que custodiaban el Atlántico.
Entre las embarcaciones alemanas que atracaron en Puerto Rico, según documentos históricos y crónicas marítimas, se encuentra el SS Odenwald: un carguero alemán que escapó del puerto de San Juan y fue capturado por el USS Yankton. Aunque este hecho ocurrió fuera de Mayagüez, ayudó a determinar el destino de otros barcos alemanes que permanecían en la Isla. Otro de los buques, de acuerdo a reportes del U.S. Shipping Board, es el Präsident que fue visto varado en aguas de Mayagüez entre 1915 y 1917. Se presume que intervinieron a su tripulación tras la entrada de Estados Unidos en la guerra.

Además de estas dos naves, se encuentran buques menos documentados, como el SS Elsass y el SS Rhein, que habrían también buscado refugio en las costas del oeste de Puerto Rico. Historiadores señalan que sus restos podrían coincidir con estructuras submarinas no identificadas.
¿Autohundimiento o captura forzada?
Una de las prácticas comunes entre los capitanes alemanes durante la Primera Guerra Mundial era hundir sus propios barcos antes de permitir que cayeran en manos enemigas. Este fenómeno, conocido como scuttling, buscaba evitar que el adversario reutilizara las naves o su carga.
Fuentes secundarias como periódicos de la época y testimonios recogidos por cronistas mayagüezanos en los años 30 mencionan explosiones en el área portuaria, supuestamente vinculadas al hundimiento deliberado de por lo menos una embarcación alemana.
Hasta la fecha, no se ha realizado una expedición arqueológica formal que confirme la identidad de los restos submarinos en el área de Punta Algarrobo. Aunque existen mapas náuticos antiguos que indican zonas de naufragios.
Reacción local y efectos sociales
La llegada y permanencia prolongada de tripulaciones extranjeras generó una combinación de curiosidad y tensión. Se intensificaron las actividades del puerto, aumentó la presencia de autoridades estadounidenses y circularon rumores de espionaje y sabotaje naval.
Las autoridades estadounidenses mantuvieron en observación a los alemanes residentes en la Isla, especialmente en zonas como Mayagüez, San Juan y Ponce. Incluso detuvieron a algunos como “extranjeros enemigos” bajo la Ley de Espionaje de 1917. Esta ley convertía en un delito federal interferir o intentar socavar las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Legado: El mar como archivo histórico
Los restos de estos buques —si aún existen— deben representar un patrimonio arqueológico de gran valor histórico. En el contexto caribeño, son evidencia directa de la expansión global de los conflictos europeos. También de cómo Puerto Rico se convirtió en pieza clave de la geopolítica atlántica, incluso sin disparar un solo cañón.
Aunque no hay placas conmemorativas ni museos que recojan este episodio, hay interés creciente por parte de historiadores marítimos y arqueólogos en recuperar la memoria subacuática del litoral puertorriqueño.


