Por Dr. Ángel O. Navarro Zayas, Educador
Un político piensa en las próximas elecciones, mientras que un hombre de estado piensa en el bienestar común de las futuras generaciones de niños y niñas y su porvenir. Cabe señalar también, que los niños y niñas aprenden más por el ejemplo de sus padres que por la educación recibida en la escuela.
No obstante, una enseñanza sólida de respeto al prójimo aprendida en el hogar se puede complementar perfectamente con las lecciones aprendidas en las aulas escolares bajo las lecciones de los maestros y maestras. El gran escritor y poeta francés, Víctor Hugo, autor de la célebre novela: “Los Miserables” afirmó: “Quien abre la puerta de una escuela, cierra la puerta de una prisión”. Bajo esta premisa, se puede entender e interpretar la realidad social de Puerto Rico en las últimas tres o cuatro décadas y me atrevo a afirmar la antítesis: “Quien cierra la puerta de una escuela, abre la puerta de una nueva prisión”.
En la historia política de Puerto Rico, bajo dos mandatos diferentes en el Poder Ejecutivo, tanto del Papá doctor como del Hijo doctor, dos denominadores comunes que compartieron ambas administraciones fueron la convicción por corrupción bajo el gobierno federal estadounidense de ambos secretarios de Educación, Don Víctor Fajardo y Doña Julia Keleher.
Es muy importante señalar que a los niños de mi generación en la década de los 90 les robaron los fondos que estaban asignados para su educación escolar, bajo el secretario de Educación, Don Víctor Fajardo. Todas las personas en Puerto Rico podemos imaginar que un futuro pudo haber sido mucho mejor si la juventud de mi generación hubiera recibido los fondos destinados para sus escuelas.
Tratemos de imaginar y recordemos a todos nuestros amigos, amigas y conocidos que en la década de los 90 pudieron haber recibido una mejor educación; tal vez no habrían caído en los vicios de la calle, tal vez no habrían llegado a prisión; probablemente, al recibir una mejor educación porque la administración de turno no se hubiera robado el dinero de su educación escolar, imaginemos que esa juventud pudo haber tenido un mayor respeto por la vida y empatía con el prójimo. Los años pasaron desde Don Víctor Fajardo y la misma historia se repitió, bajo la administración del hijo doctor; vimos el cierre arbitrario de numerosas escuelas públicas y a Doña Julia Keleher le pudieron probar también actos de corrupción en Puerto Rico.
Al sol de hoy, Puerto Rico está viviendo los efectos de los malos usos generacionales en Puerto Rico de los fondos de los contribuyentes federales de los Estados Unidos, enviados para la educación puertorriqueña. No quiero sonar pesimista y cínico, pero la isla vive arropada bajo los efectos generacionales de la corrupción.
Diariamente leemos y vemos noticias de que los asesinatos son la orden del día, las drogas cubren al país, ¿Cuál es la solución? Realmente, no se me ocurre una única solución. No obstante, propongo que, para evitar la corrupción en Puerto Rico, se le quiten todos los derechos adquiridos (entiéndase pensiones) a cualquier funcionario público convicto por corrupción, tanto en la esfera estatal como en la esfera federal. Creo que así, cualquier funcionario público lo pensaría treinta y tres veces antes de cometer un vil acto de corrupción.
Como indiqué anteriormente, los actos de corrupción de las pasadas administraciones y sus secretarios de Educación nos están pasando la factura generacional de los crímenes cometidos contra la juventud puertorriqueña. Recordemos que los actos de corrupción afectan a todas las generaciones subsiguientes y la presente generación está pagando esos platos rotos de la corrupción gubernamental del ayer. Creo que, si se previene la corrupción en el gobierno hoy en día con penas mucho más severas, nos evitaremos los problemas generacionales en los niños y niñas del mañana. No obstante, a pesar de todo esto, creo firmemente en el porvenir del pueblo puertorriqueño y la genuina buena voluntad fraternal de los habitantes de nuestra Bendita Isla del Encanto.


