La organización Cine Nuestro dio a conocer nuevos detalles sobre El Milagro de la Virgen, una de las primeras películas filmadas en Puerto Rico, cuyos datos —al igual que los de otras producciones de la época— permanecieron durante décadas rodeados de incertidumbre. Hasta ahora, lo poco que se conocía apuntaba a la historia de un joven que, tras suplicarle a la Virgen ante un altar, recibía un milagro que resolvía sus problemas económicos. Sin embargo, el argumento recuperado revela que la trama gira en torno a un romance imposible atravesado por conflictos sociales y financieros.
Según una publicación del periódico La Correspondencia de Puerto Rico, no solo se detallan aspectos específicos de la historia, sino que también se precisa dónde fue filmada la producción. La dirección estuvo a cargo de Rafael Colorado D’Assoy, considerado el primer cineasta puertorriqueño. La película se estrenó el 20 de julio de 1916 en los cines Las Tres Banderas y el Cine Luna del Viejo San Juan.
El elenco estuvo integrado por María Asencio, en los papeles de la señorita Pura y la Virgen; Eduarda G. Saldaña, como Doña Aurora; Lucía E. Lugo Viñas, como Adela; Rosita Blanca González, como la niña Rosita; Rafael Cabrera, como Don Juan; Julio Rojo, como Héctor; y Antonio Capella Martínez, como Samuel.
A partir del argumento recuperado, se han identificado varias de las locaciones originales utilizadas para el rodaje, entre ellas una playa cercana al Castillo San Cristóbal, la Catedral de San Juan, una residencia en Miramar y el puente del Caño Martín Peña, en Santurce.
La historia presenta a Héctor, descrito como “un joven pintor sin bienes de fortuna, pero con un gran porvenir en el arte que cultiva, al cual dedica todo su entusiasmo y energía”. El artista vive modestamente en San Juan junto a su hermana Adela y busca inspiración en el paisaje marino para crear un cuadro que le permita salir de sus dificultades económicas.
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Durante su recorrido por la ciudad, Héctor conoce a Pura, hija de un acaudalado hombre de negocios. La intención inicial de pintar un cuadro de la Virgen tomando a la joven como modelo evoluciona hacia una relación sentimental. Sin embargo, Don Juan, padre de Pura, rechaza la relación al considerar que el pintor no podrá sostener el estilo de vida al que su hija está acostumbrada.
La situación económica de Héctor se agrava con la presión de Samuel, su acreedor, quien amenaza con embargarlo si no salda su deuda. En medio del conflicto amoroso y financiero, el joven recurre a la fe. El texto original describe el momento culminante de la siguiente manera: “Hector desesperado y no encontrando que hacer para librarse de aquel importuno, cae de rodillas ante el cuadro ya terminado de la Virgen y con todo el fervor de su alma, le ruega que ponga fin de algún modo a sus sufrimientos y privaciones”.
El clímax se presenta con dramatismo: “¡MILAGRO! ¡MILAGRO! ¡La Virgen ha oído su plegaria!”. El desenlace sugiere un giro inesperado en la vida del protagonista, invitando al público de la época a presenciar en pantalla “el grandioso MILAGRO DE LA VIRGEN y el gran cambio que se opera en la vida de Hector”.
Con esta recuperación documental, Cine Nuestro aporta nuevos elementos para el estudio del cine silente en Puerto Rico y arroja luz sobre una producción pionera cuya historia permaneció durante años en la sombra.


