La Leyenda de San Valentín

Por: Andrea Yambot Lugo

Valentín fue un mártir cristiano de la época romana que fue condenado a morir decapitado por negarse a rendir culto a los dioses paganos. Su amiga más querida era Nina, una joven ciega quien se enamoró de su voz al escuchar los bellos poemas que él le recitaba.

Realmente Valentín no era un hombre guapo, sino el más feo del lugar, pero Nina lo imaginaba muy hermoso puesto que lo miraba con los ojos del alma, y de esta forma se enamoró de él. Su más grande anhelo era recobrar la vista aunque fuera por un solo día o un instante para poderlo ver.  Esto preocupaba mucho a Valentín pensando que ella dejaría de sentir aquel amor por él si llegaba a verlo.

A pesar de su inquietud, hizo rogativas al cielo y con sus oraciones logró curar a la muchacha, quien recuperó la vista y lo siguió viendo bello, porque lo miraba con el mismo amor… con ese amor puro y sincero que busca el alma y no la belleza física.  La curación de Nina se consideró un milagro y la gente comenzó a llamarle Santo.

Debido a la adoración que la gente le demostraba y a su negativa de adorar a los dioses paganos, fue encarcelado y sentenciado a muerte. ?Y saben quién fue el que lo encarceló? El propio padre de la muchacha a quien él había curado la vista. Este no pudo hacer nada por salvar a Valentín; quiso negarse pero no era más que un pobre carcelero y con lágrimas en sus ojos tuvo que ejecutar la sentencia.

Antes de morir, Valentín pidió como última voluntad, enviar una misiva a la joven que tanto amaba, pero una vez más la crueldad del juez se puso de manifiesto al contestarle: “solo tres palabras”.  Con mano trémula el joven escribió en un pedazo de pergamino: “De tu Valentín”.  Luego fue decapitado. Esto ocurrió hace mucho tiempo, un 14 de febrero.  Así comenzó la tradición.

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