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Por Mosheh Fruchter

Mañana son las elecciones en esta Isla y leyendo los comunicados en la prensa, de los diferentes candidatos a diferentes posiciones, veo que todos se quejan de lo que los otros no hicieron, nos dicen lo que ellos harán de ser electos y me acuerda que en cada ciclo electoral sucede lo mismo, varios meses antes del evento. Todos los candidatos enumeran con angustia lo que el otro prometió, lo que iba a hacer de inmediato, que no lo hizo, o si lo hizo, lo hizo tarde o lo hizo mal, y luego nos dice, cómo ellos van a hacerlo mejor y enseguida.

Si pierden en las elecciones, se mantienen callados por los próximos tres años y medio y entonces empiezan otra vez con la misma cantaleta. Pero si ganan, pronto se les empieza a olvidar lo que prometieron. Los que perdieron empiezan a criticar a los que ganaron, que no lo están haciendo bien, pero pronto se les olvida también y vuelven a recordar el asunto tres años y medio después.


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Mientras tanto, durante esos cuatro años el pueblo, cada uno según su punto de vista, critica lo que hace o no hace cada ganador electo y lo que el contrincante prometió que iba a hacer, pero no lo hizo cuando estaba en el puesto y era su turno.

Mientras tanto, la Legislatura dice lo que quiere oír el pueblo y hace lo que le venga en gana sin tomar en consideración lo que le prometieron al pueblo. Esto, además de asegurarse de darle sueldos de lujo y no merecidos a sus panas, contribuidores y a algunos fantasmas.

Pasan tres años y medio. El pueblo se despierta y empieza a quejarse. Los políticos sacan de vuelta y desempolvan los libros de las promesas que hicieron, las revisan y actualizan, se ponen al día con los asuntos del momento y vuelven a criticar, a predicar y a prometer.

El pueblo, como cada cuatro años, hace lo mismo, desengavetan sus discursos de apoyo a los suyos, que por qué sí, que por qué no, por qué este sí y por qué este no.

Y en lo que el hacha va y viene, pasaron casi veinte administraciones, a veces de un partido y a veces del otro y el pueblo, en su confusión buscando la claridad, sigue releyendo el siguiente poema:

BABEL

Todos hablan, nadie entiende,

todos dicen, nadie comprende.

Unos, hablan con la boca cerrada,

otros, la abren y no dicen nada.

Unos, dicen sí, otros, escuchan no.

unos, preguntan, ¿si tú? otros, responden, yo no.

Unos, ven con la luz apagada,

otros, la encienden y no ven nada.

Unos, observen sin parpadear,

otros, pueden ver sin tener que mirar.

Unos, huelen con la nariz tapada,

otros, se la destapan y no huelen nada.

Unos, piensan que pueden pensar,

otros, pueden sin tener que pensar.

Unos, viven sin haber nacido,

otros, mueren sin haber vivido.

Unos, piensan en lo que les ha pasado,

otros, pasan por la vida sin haber pensado.

La Torre de Babel se sigue construyendo,

a veces, la levanta, a veces, se está cayendo.

Todos, todos desean poder levantarla,

todos desean, pero, nadie quiere aguantarla.

Los unos, en los otros las culpas hallan,

y todos, al unísono, en silencio callan.


Contribución a periodistas independientes

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1 comentario en “Las elecciones y BABEL”

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