Teresita Fernández exhibe en las prestigiosas galerías Lehmann Maupin de Nueva York

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Imágenes: http://www.lehmannmaupin.com. Fotógrafa: Elisabeth Bernstein 2020.

Por: Natalia Gulick de Torres

Una exposición reciente de la artista cubana Teresita Fernández en las prestigiosas galerías Lehmann Maupin de Nueva York habló sobre la violencia y la devastación duradera que se encuentran dentro de las islas del Caribe después de siglos de injusticia, intervención, destrucción y opresión. Su título, Maelstrom (o la Vorágine), se refiere a las frecuentes tormentas devastadoras de la región como una forma de interpretar y entender no sólo estas realidades físicas, sino también las revueltas intangibles que se encuentran en todo el archipiélago – políticas, económicas y sociales. Fernández no se centra en el Caribe únicamente como una región microscópica, sino como una construcción cultural que abarca todo, extendiéndose debido a su naturaleza migratoria y diasporica. Emplea intencionalmente materiales oscuros, ásperos y texturizados en un claro contraste visual con la forma en que el Caribe es a menudo retratado – un paraíso tropical lleno de oportunidades escapistas, lleno de exuberante color exótico – para enfatizar su mensaje.


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Al entrar en la exposición, uno se encuentra con Caribbean Cosmos (Cosmos caribeño), un panel con cerámico acristalado, compuesto por cientos de miles de diminutos mosaicos. Aquí, Fernández crea lo que parece una vista aérea distorsionada de tormentas girando a través de las islas. El mosaico es deliberadamente abstracto, evitando la definición finita para ser interpretado como una representación más tangible de las tormentas tropicales estacionales o como una mirada más amplia al cosmos. Incluso se puede ver como una conexión entre los dos, basando estos devastadores eventos meteorológicos dentro del flujo natural del universo. Los mosaicos acristalados permiten al espectador verse ligeramente reflejado contra la superficie de la pieza, proporcionando espacio para el reflejo de uno mismo o de su propia isla dentro del archipiélago mayor e incorporándolos sutilmente a la obra de arte. Caribbean Cosmos es una instalación multiescalar que baila a la perfección entre las impresionantes cualidades de cada pieza de mosaico, ricamente pintada, y el trabajo en general.

Su enorme escultura, Rising/Lynched Land (Subiendo/Tierra linchada), es una exagerada interpretación de una palma suspendida del techo de la galería central, flotando a pocos metros del suelo. Esta simple composición de madera quemada y cobre patinado es una representación literal de los paisajes vegetativos que se encuentran por el Caribe. La inmensidad de la palma habla del peso de la producción agrícola y los ciclos de vida cotidiana. Junto con Rising, la galería tiene tres paneles grandes de relieves de carbón y madera titulados Black Beach/Unpolished Diamond (Playa negra/Diamante sin pulir). Estas capas estriadas de carbón y madera están afijados a los espejos, creando esta escena caótica de capas, reflejos y enredo. Una vez más, al igual que la pieza Cosmos, estos paneles tienen una naturaleza que recuerda a la tormenta natural y los patrones litorales, al tiempo que permiten al espectador verse reflejado en las escenas.

Mientras estas enormes instalaciones están en el nivel principal de la galería, la artista creó lo que podría ser descrito como una exposición dentro de una exposición en el nivel inferior con su pieza Hurakán. Veinte obras de tamaño de postales siguen el horizonte del espectador, continuando la naturaleza agitada de los paneles que se encuentran en las galerías anteriores, pero a una escala más íntima. Cada obra lleva el nombre femenino de un huracán tanto en homenaje a la historia de las mujeres puertorriqueñas siendo objeto de experimentos científicos, a menudo sin pleno conocimiento, como en la forma en que los nombres de las mujeres se han asociado con los principales eventos meteorológicos desde la década de 1950. Fernández dibujó líneas a lo largo de las paredes de la galería, evocando cambios de marea, que caen y corren a través de estas piezas. En el centro se encuentra un relieve de carbón quemado titulado Archipelago/Cervix (Archipiélago/Cérvix) que imita el Caribe, con el agua retratada en el vacío y las islas unidas en una cadena. Cuando se combina con la serie Hurakán, esta sección de su instalación habla de una interpretación más feminista de las experiencias turbulentas que se encuentran dentro de la región insular.

La artista Teresita Fernández nació en Miami. Su trabajo refleja las experiencias de ella y su familia cubana en relación con las islas del Caribe y la conexión con una diáspora más amplia que se encuentra en los Estados Unidos. Es becaria de la Fundación MacArthur y galardonada con varios premios, incluyendo una Beca Guggenheim y una Beca de la Academia Americana de Roma. Fue la primera latina en servir en la Comisión de Bellas Artes de Estados Unidos, después de haber sido nombrada por el presidente Barack Obama en 2011 para este panel asesor centrado en temas de diseño nacional. Sus obras han sido expuestas en museos como el Museo de Arte Pérez de Miami, los Museos de la Universidad de Harvard, el Museo de Arte Contemporáneo de Massachusetts y el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, así como en fundaciones como la Fundación Ford en Nueva York, Grace Farms en Connecticut y el Parque Olímpico de Esculturas en Seattle. Su trabajo se encuentra en las colecciones del Museo de Bellas Artes de Boston, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo de Arte Moderno de San Francisco, el Museo Smithsonian de Arte Americano y el Museo Whitney de Arte Americano.

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