Saltar al contenido principal
San Juan81°🌤️ Mayormente despejado
HIMNO DE PUERTO RICOHIMNO DE P.R.
PublicidadPublicidad: Anuncio OFIC Medalla Horizontal half pages
Historia

El asesinato de José Pérez Moris

Por 6 min lectura
José Pérez Moris

Imagen: José Pérez Moris. Archivo General de Puerto Rico/ICP.

Por Rafael A. Torrech San Inocencio, Historiador

Esa noche del 29 septiembre de 1881, el periodista José Pérez Moris se quedó en la redacción del Boletín Mercantil hasta completar un artículo sobre el magnicidio del presidente estadounidense Arthur Garfield.  Al condenar a «los cobardes que hacen del revolver, la dinamita o el puñal alevoso un arma de partido» no pudo ser más profético: los asesinatos políticos serian primera plana en la prensa de los próximos días. Lo que no pudo imaginar fue que, en pocas horas, él sería la próxima víctima del alevoso puñal.

Como todas las noches, José Pérez Moris recorrió a pie la corta distancia entre la redacción del Boletín en la calle Tetuán, y su casa, en la Calle Tanca. Lo acompañó su amigo y correligionario Ignacio Diaz Caneja. Mientras conversaban en el zaguán de  su casa, una sombra pasó sigilosamente junto a ellos, infligiendo una callada pero mortal puñalada en el costado izquierdo de Pérez Moris.

Mientras José Pérez Moris se desplomaba ensangrentado, un hombre mulato, más bien grueso, calado con un traje desteñido de dril y un sombrero de Panamá, corría hacia la Puerta de San Justo. En la esquina de Tanca y Fortaleza volvió la cara para corroborar el éxito de su gestión, dejó caer un cuchillo de cabo negro y desapareció entre las sombras de la noche.

El asturiano murió en el punto más alto de su carrera política y periodística. Justo dos semanas antes había sido electo al a Diputación Provincial, su primer cargo público. A través de sus escritos en el diario El Boletín Mercantil, propiedad del cacique mayor Pablo Ubarri Capetillo, había emergido como portavoz, líder y autor de las bases del conservador partido español sin condiciones.  En esencia, era el ideólogo del movimiento conservador del País.

En tiempos en donde los diarios eran feudos de a los partidos políticos, diariamente debatía en sus tintas con opositores de la estatura histórica de Manuel Fernández Juncos y Román Baldorioty de Castro. Sus ataques eran feroces, personales y polarizantes: para él los liberales eran enemigos disfrazados de la Patria que debían ser castigados por la fuerza; Betances era “un mediquillo”, Ruíz Belvis “un abogado sin prestigio”, y José Julián Acosta “un erudito indigesto”, entre muchos otros epítetos.  Los liberales lo calificaron como el más encarnizado enemigo del país, su perpetuo y gratuito calumniador, y su incansable detractor.

Su muerte generó especulaciones de venganza y asesinato político. Se dijo que un hacendado de Caguas de nombre Antonio Herrero le había puesto muy buen precio a su vida. 

Su muerte generó especulaciones de venganza y asesinato político. Se dijo que un hacendado de Caguas de nombre Antonio Herrero le había puesto muy buen precio a su vida.  A esta oferta respondió un exconvicto por homicidio y carpintero mulato de 45 años residente en Humacao llamado Federico Bellón Devarie.

La noche del 29 de septiembre, Bellón, junto a un tal Facundo Peña, también carpintero de San Juan, merodeaban por al Viejo San Juan, y a eso de las 7:30 p.m. se separaron.  Bellón siguió andando por las calles Fortaleza, Tetuán, San Justo y Luna. Hasta que un guardia Pedro Salazar lo interceptó como a las 9:30 p.m. en las esquinas de las calles Tanca y Fortaleza a solo dos puertas del Boletín Mercantil. Lugar donde Pérez Morris escribía sobre el magnicidio de Garfield. Salazar le preguntó la razón de su viaje a San Juan y  Bellón respondió que venía a ver familiares y a disfrutar de las fiestas de Cangrejos. Poco después se separaron, Salazar hacia la Plaza de Santiago, y Bellón hacia la calle Tanca, en busca de su víctima.

El próximo día Bellón apareció en casa de Gumersindo Reyes , un herrero de Hato Rey, «violento y suspirante» en busca de su caballo. Al Reyes comentarle sobre la noticia del asesinato de Pérez Moris, Bellón ripostó que ya lo sabía, que él mismo le había matado, «que lo hizo tan bien que nadie lo vio» y amenazó de muerte a Reyes si lo delataba. Bellón le ofreció dinero a Reyes por acompañarlo a Carolina en busca de una ruta rápida a Humacao y a encontrarse Herrero, que les esperaba.  En la playa de Humacao procuraron a un criollo de apellido González que operaba un bote llamado “Ramoncito” que lo llevaría a Vieques.

Pero Bellón, Herrero y Reyes desconocían que ya la policía contaba con confidencias y los buscaban para arrestarlos, lo que sucedió en Humacao. Poco después arrestaron a Herrero, Reyes y Peña en diversos puntos del País.

José Pérez Moris

El proceso judicial contra los acusados estuvo plagado de anormalidades y presiones externas.  Los acusados se inculparon unos a otros y mintieron para no comprometer a otros. En el expediente se mencionan aparentes presiones del alcaide del presidio y del líder conservador Pablo Ubarri para que Bellón fuera inculpado. Sorprendieron al acusado Peña enviando mensajes a sus familiares dentro del pan sobrante de la comida en los que les pedía silencio absoluto.

A fin de cuentas, nunca se supo quien le dio a Herrero los seis mil pesos para la faena. Tampoco con quién se reunieron los acusados los días antes del asesinato y el móvil para matar a Pérez Moris. Bellón fue sentenciado a muerte, Herrero a prisión perpetua, y Reyes y Peña a ocho y seis años de prisión respectivamente.

La prensa conservadora inculpó a los periódicos liberales por la muerte de José Pérez Moris. Recriminaron que ningún liberal protestara el asesinato. La presión sobre los periódicos liberales fue tal, que Fernández Juncos fue relevado de la dirección de El Agente. Además de que La Crónica, que editaba  Baldorioty, fue clausurada. Sobre el tintero quedó la sospecha de la complicidad liberal en el presunto asesinato político de José Pérez Moris.

Sin embargó, la realidad parece que fue otra. Ya moribundo, Pérez Moris dio una pista sobre el motivo real del atentado al decir que, sobre su atacante, «solo podría dar cuenta Diaz Caneja”. En pocos días se regó el rumor de que la viuda de Pérez Moris tenía amores con Diaz Caneja. Quien era cercano colaborador del muerto y quien, a su muerte, emergió como director del Boletín y principal acusador de los liberales.

La defensa de los convictos apeló a la Audiencia Territorial, que ante la confusión general, absolvió a Herrero, Reyes y Peña. Además de que redujo la sentencia de Bellón a siete años y medio, los que cumplió en la colonia española de Ceuta en el norte de África.

Al tiempo, la boda de Diaz Caneja con la viuda de José Pérez Moris disipó los ataques contra los liberales. También redujo al plano pasional lo que se proyectó inicialmente como el gran crimen político del Siglo 19. Pero para el sabio y agudo folclor popular, la muerte de Pérez Moris fue un acto de tiranicidio.  Así, años después, en los tiempos de las agrias represiones del componte, el folclor popular pidió “otros bellones para completar la peseta”. O sea, otros que emularan a Bellón y dieran muerte al tirano gobernador Romualdo Palacios.

Apoye nuestra labor

Ayúdenos a seguir contando nuestra cultura

Si quiere ayudar a que continuemos apoyando la cultura puertorriqueña, puede hacerlo aquí.

Donar con PayPal Pago seguro en PayPal. También acepta tarjeta.
Rafael A. Torrech San Inocencio

Sobre el autor

Consulta las publicaciones y la cobertura editorial de Rafael A. Torrech San Inocencio.

Deja un comentario

Descubre más desde Periódico El Adoquín

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo