“Una cosa es la memoria vivida y otra distinta es la memoria recordada.” Alessandro Portelli
Introducción
“Una cosa es la memoria vivida y otra distinta es la memoria recordada”, advirtió Portelli; entre ambas late el pulso de una generación que se negó a ser nota al calce. Esta generación indómita—jóvenes con mochilas de ilusión y argumentos—salió a la plaza pública a labrar su sitio en la historia del movimiento estadista puertorriqueño. No les bastó “haber estado allí”: quisieron dejar huella verificable. Por eso las fotos aquí no son ornamento; son latidos. Por eso la cronología no es trámite; es brújula. Y por eso estas páginas, aunque nacidas del recuerdo, se sostienen como testimonio elocuente y viviente de procesos históricos que la historiografía local rara vez ha mirado a fondo.
Hay en este tomo una lección de método y de carácter. Método, porque la memoria se disciplina con archivo, notas al calce y de foto y prensa: lo íntimo se vuelve público y cotejable. Carácter, porque una juventud—a contraviento de inercias, dogmas y hegemonías—decidió organizarse, debatir, fracturarse si hacía falta y volver a armarse para empujar un horizonte político.
En ese ir y venir de asambleas, plebiscitos y rupturas, se revela una ética de presencia: estar, pensar y actuar con el país por delante. Si Portelli separa la vivencia del recuerdo, este libro construye el puente: de lo que se sintió a lo que se puede demostrar; de la emoción a la evidencia; de la anécdota al hecho histórico. Ese puente—hecho de voces, imágenes y fechas—nos invita a leer con rigor y, a la vez, con gratitud: gratitud a quienes, jóvenes entonces, apostaron por una idea y la trabajaron con las manos, los pasos y los días.
Orlando Parga Figueroa entrega, en este primer tomo de sus Memorias, una crónica generacional que cruza el umbral entre el recuerdo y la historia documentada. El volumen se presenta expresamente como “TOMO UNO” y delimita su arco temporal —1957 a 1968— con ambición doble: testimoniar desde la vivencia y someter ese testimonio a verificación y cotejo, con aparato gráfico y hemerográfico abundante. Se trata de una edición de 2025 (Publicaciones Gaviota) que asume el formato de Memoria, pero que se propone —y logra— una reconstrucción histórica con fuentes, cronología y soporte iconográfico.
Esa vocación documental se declara sin ambages: en los Agradecimientos, Parga reconoce el trabajo de bibliotecarias y bibliotecarios del Proyecto El Mundo (Colección Puertorriqueña, UPR–Río Piedras) que facilitaron tanto el acceso a la colección fotográfica como a publicaciones del diario, poniendo en primer plano el pilar visual del libro y su base de prensa. La memoria individual, así, se ancla en repositorios públicos y verificables.
El Prólogo escrito por Antonio Quiñones Calderón cumple una función interpretativa clave: contextualiza el surgimiento de aquella “juventud indómita” frente a la hegemonía del Partido Popular Democrático en los años sesenta y a la lógica de partido-gobierno, subrayando, además, el estímulo simbólico que supusieron Alaska y Hawái al convertirse en estados de Estados Unidos, con lo que se erosionaba el argumento de que solo los territorios contiguos podían aspirar a la estadidad. La intervención de Quiñones no solo legitima la densidad histórica del manuscrito, sino que muestra cómo el “recuerdo” se contrasta con hechos, coyunturas y procesos verificables.
En términos narrativos, el tomo está organizado por “tiempos” y años, avanzando desde la constitución de la Juventud Estadista Puertorriqueña (1957) hasta la ruptura de 1967 y el “acto final” de 1968. El índice anticipa dos momentos decisivos: “1967. La ruptura” —con el desbarajuste del Partido Estadista Republicano, el PER y la campaña plebiscitaria— y “1968. El acto final”, que condensa el desenlace electoral, el giro de ciclo y la consagración del nuevo proyecto político. Ese tramado capitular le da al lector una guía cronológica precisa para entender el intríngulis de la transición que culmina con la creación del Partido Nuevo Progresista, PNP y su victoria de 1968 frente al PPD, que había dominado desde 1940.
El Prefacio declara el carácter bifurcado del proyecto —dos tomos— y su tesis generacional: aquella fue una década de “honor, coraje y sacrificio” en la que el idealismo juvenil se volcó a “romper las cadenas del colonialismo”. Al mismo tiempo, Parga explicita la continuidad del relato (el segundo tomo abordará su experiencia legislativa y el cuatrienio de “Los Auténticos”, 2005–2008), dejando claro que no estamos ante una evocación aislada sino ante una empresa memorial-histórica de largo aliento.

Memoria vs. historia “científicamente documentada”
Alessandro Portelli nos advierte que la memoria recordada reconfigura la vivida; Parga asume esa tensión y la trabaja con método. Tres rasgos sostienen la dimensión “científicamente documentada” del libro:
- Anclaje en fuentes y archivo visual: la incorporación sistemática de fotografías y pie de foto, con procedencias identificables (Proyecto El Mundo, UPR), permite cotejar escenas, actores y atmósferas. No es ilustración decorativa: es evidencia.
- Estructura cronológica con hitos verificables: asambleas, campañas, plebiscito de 1967, ruptura del PER y recomposición organizativa se siguen año a año, con capítulos que funcionan como unidades de verificación histórica, no solo como recuerdos.
- Contexto geopolítico y comparado: el prólogo y los pasajes introductorios colocan a Puerto Rico en conversación con procesos estadounidenses (Alaska/Hawái) y con un clima hemisférico de “democratización y descolonización”, reforzando el método de contraste entre experiencia local y coyuntura global.
Aporte historiográfico
El valor de este primer tomo de las Memorias del Exlegislador reside en articular memoria militante y documentación pública para explicar cómo la juventud estadista pasó de ser un actor periférico a fuerza motriz de renovación organizativa, desembocando en la fundación del PNP y en el cambio de ciclo de 1968. En vez de una apología, Parga ofrece una narrativa de procesos (organización juvenil, debates ideológicos, fricciones internas, escisiones y reagrupamientos) que puede leerse como estudio de caso sobre cómo las juventudes partidistas inciden en reconfiguraciones del sistema político.
Además, el libro deja preparado el terreno para continuar la discusión en clave de larga duración —del 57 al presente, pasando por 1969 en adelante—, una continuidad que el propio autor promete en la secuela. Así, la “memoria recordada” se ofrece al escrutinio público con materiales que invitan a la verificación, a la crítica y a la ampliación del debate historiográfico sobre la segunda mitad del siglo XX en Puerto Rico.
Veredicto
La generación indómita es, a la vez, testimonio y documento: un texto que respira la subjetividad de quien “estuvo allí”, pero que se preocupa por mostrar tanto como por recordar. Es, en el sentido portelliano, una memoria que se sabe subjetiva y que, por eso mismo, se disciplina en el archivo, la imagen y la cronología. Para comprender el intríngulis que llevó del PER al PNP y al triunfo electoral de 1968 —y para discutir ese tránsito con rigor— este tomo inaugural es lectura imprescindible.
Conclusión
Cuando se cierre este primer tomo, no se clausura una memoria: se abre un expediente de coraje. Aquella juventud caminó entre las alambradas de la Guerra Fría y las sombras de carpeteo político, sabiendo que cada volante podía costar una oportunidad y cada reunión, una marca en el expediente. Y, sin embargo, insistieron. Discutieron, se dividieron y volvieron a juntarse. El resultado no fue solo una sigla nueva ni un triunfo electoral en 1968; fue la demostración de que la ciudadanía también se aprende practicándola, que la política se hace de abajo hacia arriba y que los ideales, para ser historia, deben pasar por la prueba del tiempo y del archivo.
Estas Memorias devuelven nombres y gestos a su contexto: muestran que el cambio no llega por epifanía, sino por acumulación de días. En ese sentido, el sacrificio aquí narrado nos compromete: nos recuerda que la democracia se sostiene con presencia y con papeles, con esperanza y con pruebas. Y prepara, además, la escena para el segundo tomo: si este libro cuenta el ascenso de una generación hasta 1968, la continuación permitirá seguir el hilo hasta el presente, para pensar—con memoria vivida y memoria recordada—cómo se sostiene, se corrige o se reinventa un proyecto político en el tiempo. Esa es la tarea que queda: leer, discutir y seguir construyendo, con la misma mezcla de evidencia y esperanza que anima estas páginas.
Nota de Redacción Periódico El Adoquín…
El libro La Generación Indómita – Tomo 1: La Década de la Juventud Estadista Puertorriqueña (1957-1968) será presentado en tres eventos a celebrarse en distintas localidades del país. La primera presentación se llevará a cabo el jueves, 30 de octubre de 2025, a las 7:00 p. m., en la Biblioteca Carnegie de San Juan. Las próximas actividades serán el martes, 11 de noviembre de 2025, a las 3:00 p. m., en la librería Casa Norberto en Plaza Las Américas, y el sábado, 15 de noviembre de 2025, a las 4:00 p. m., en la librería El Candil de Ponce.
El evento contará con un panel de analistas de diversas orientaciones políticas y académicas, compuesto por el licenciado Marco A. Rigau, el profesor Néstor Duprey, el periodista e historiador Antonio Quiñones Calderón y el historiador Mario Ramos Méndez. Los participantes acompañarán al autor en un diálogo sobre el contenido y la relevancia histórica de la obra.


