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El Adoquín Times

Los Adoquines de Escoria del Viejo San Juan

Los Adoquines de Escoria del Viejo San Juan
julio 14
22:52 2016

Por: Rafael Calderín Calzada

La primera pavimentación de las calles de San Juan 

A finales del siglo XVIII es cuando se comienza a contemplar la idea de pavimentar las calles de San Juan. Según narró Pedro Tomás de Córdoba en sus “Memorias”, fue en el año de 1772 que el gobernador Coronel Miguel de Muesas somete una propuesta para empedrar las calles de la ciudad. Esta pavimentación consistió en el uso de cantos rodados de piedras silíceas, comúnmente conocidos como “chinos”. Era en el centro de la calle que se recogían las aguas de lluvia usando una superficie cubierta de losas. Para finales del primer cuarto del siglo XIX la mayoría de las calles ya habían sido pavimentadas de esta manera usando inicialmente piedras de los Pirineos y losas de Canarias o Vizcaya.   Todavía para el principio de la segunda mitad del siglo XIX quedaban por empedrar algunas calles y la mayoría de los callejones de San Juan. Aparentemente el empedrado con “chinos” requería reparación frecuente.

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El proceso del cambio de los chinos a los adoquines 

El primer ensayo se hace para el 1880, donde se somete una moción por el concejal Venancio Luiña para adquirir adoquines de madera para pavimentar las calles, reemplazando los chinos del empedrado anterior. Según el acta del 4 de marzo de 1880, el ayuntamiento aprueba el proyecto y autoriza la adquisición de los adoquines. Se escogen las calles de la Tanca y la Power, como se conocía entonces a la calle Recinto Sur, que eran las de mayor tránsito y estaban próximas a la Puerta de España. En una extensa nota del Arquitecto Municipal, Pedro Cabrero enviada al ayuntamiento el 3 de febrero de 1882, hizo una evaluación satisfactoria de los adoquines de madera a dos años de haber sido instalados, ya que no hubo necesidad de continuar con las constantes reparaciones, que obligaban al ayuntamiento a gastar de más en mano de obra y materiales.  La recomendación del arquitecto respecto al tipo de adoquinado que se debió utilizar fue el de piedra caliza, ya que además de su comodidad, eran mucho más duraderos.

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Los primeros adoquines de escoria – Casa de Larrinaga y Co. 

Para principios de 1889 se recibe una circular de la casa Huntly Brothers de Sunderland (Inglaterra), donde ofrecían sus adoquines de escoria. Posteriormente Huntly Brothers envía dibujos con las especificaciones de los adoquines de escoria, donde se incluye dimensiones, peso y precio por millar.  Más tarde, se descubrió un documento firmado por José Gómez y Cuebas, encargado del Negociado de Subastas, donde se informa que habiendo resultado desiertas las dos primeras subastas para la adquisición de los adoquines marca Huntly Brothers sugiere la posibilidad de ir a una tercera subasta con mayores precios y al final tiene una nota donde también se sugiere al arquitecto municipal que se use otro tipo de adoquín.  Luego de varias conversaciones sobre las subastas para la adquisición de adoquines, en un acta del ayuntamiento del 28 de agosto de 1890, se nombra una comisión de los señores Melon, Arzuaga y Alonso para que procedan con la adquisición de los adoquines artificiales de escoria, directamente por el ayuntamiento, sin requerir más subastas.

La primera orden de 50,000 adoquines se ordenan de Huntly Brothers por conducto de la firma Larrinaga y Co.  Se recibieron en el vapor “Cádiz”, el día 11 de noviembre de 1890 y ya para el 24 de marzo del 1891 se había completado la instalación. Dichas obras concluyeron 24 de marzo de 1890.  La calle de la Tanca entre la Puerta de España y la plaza de San Francisco, había sido escogida “por ser la de mayor tránsito” y fue sin duda, la primera calle adoquinada de San Juan usando los adoquines de escoria que fueron suplidos por la Compañía Huntly Brothers de Sunderland, Inglaterra. Se intentó experimentar con otros tipos de adoquines, que resultaban más económicos que los de escoria, pero eventualmente estos fueron rechazados.

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Cambio de perfil a la calle (forma alomada)

En un documento del arquitecto municipal Arturo Guerra del 26 de junio de 1893, en donde también se incluye un dibujo, especifica que justo debajo de los arroyos contiguos a las aceras y para recoger las aguas llovedizas, se construiría un sumidero que conectaría al alcantarillado existente que quedaba al centro de la calle y que corría paralelo a las aceras. Cuando anteriormente el arroyo quedaba al centro el sumidero bajaba directo al caño para recoger las aguas de lluvia. La fecha de este documento, indica que pasó un tiempo considerable para comenzar el adoquinado de la calle de San Justo, programado para dos años antes.

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Casa de Henry Ramm y Co. 

Es para el 16 de octubre de 1893 que el síndico, Ricardo Alonso, envía una moción al ayuntamiento donde opina que sería conveniente adquirir adoquines iguales a los colocados en las calles de Tanca y Tetuán.    Cuatro días más tarde, aparece copia de carta enviada por la casa Villar, Fabián y Cía. de esta ciudad y dirigida a la compañía exportadora, Henry Ramm de Manchester, Inglaterra “para la adquisición de adoquines de escoria de hierro iguales a los mandados por vapor Paulina en abril último”.   Esta orden llegó al puerto de San Juan vía el vapor “Cayo Mono” 27 de febrero de 1894. En una carta enviada al ayuntamiento el 3 de marzo de 1894 y firmada por un grupo de 29 vecinos con domicilio o establecimiento en la calle de San Francisco -alegando que dicha calle es de la de mayor tránsito- solicitaron que las primeras obras se inicien y efectúen usando los adoquines recibidos, lo cual fue rechazado por el ayuntamiento.  De hecho, los adoquines asignados a la calle San Francisco no llegaron hasta finales del año 1895 en el vapor “Niceto” y probablemente la colocación de adoquines en esa calle no se realizó hasta el 1896.

Se recibe dos cartas de la compañía Henry Ramm, una con fecha de 5 de octubre donde se agradece la petición enviada por el ayuntamiento y otra con fecha del 18 de octubre de 1895 donde ofrece su cotización y advierte que para finales de este mes de octubre debe regresar a Inglaterra el vapor “Niceto” que sería el que usarían para embarcar las 2,000 toneladas de adoquines si el ayuntamiento acepta la oferta.  En el acta del ayuntamiento con fecha de 7 de noviembre de 1895, se aceptó la oferta de Henry Ramm, siendo ésta la última orden a esta compañía.

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Regresa la casa Larrinaga & Co. – Orden de 600 Toneladas de adoquines 

Aparece una notificación de embarque con fecha del 7 de febrero de 1896 de la casa Larrinaga & Co. de Liverpool, dejando saber al ayuntamiento que el vapor “Saturnina” había zarpado. En el acta del ayuntamiento del 25 de febrero de 1896, el síndico Alonso propone la aceptación de la propuesta de Sobrinos de Ezquiaga para que se encargue de descargar los adoquines cuando lleguen a puerto. La propuesta es aceptada por unanimidad de los concejales.  Es evidente que el ayuntamiento de San Juan prefería hacer negocios con Larrinaga & Co., que aunque con oficina en Liverpool, Inglaterra; era probablemente de dueños españoles y que usaban vapores españoles para los embarques.   En el acta del ayuntamiento del 18 de junio de 1896 se hizo lectura de una propuesta telegráfica de Larrinaga & Co. enviada a la casa local de Sobrinos de Ezquiaga.  La misma incluía precio de los adoquines, fletes, seguro, comisiones y limpieza de puerto; lo que indicaba ser un mejor precio que los anteriores. Luego de varios trámites y negociaciones, se recibe con fecha de 18 de noviembre de 1896 notificación de embarque en el vapor “Crown” saliendo del puerto de Middlesborough.

Se cree que este embarque fue el último de adoquines de escoria de hierro que se trajo a Puerto Rico durante el periodo de la soberanía española; pues aunque evidenciamos otras comunicaciones con las casa Henry Ramm & Co. y con la casa Larrinaga, se dilató la decisión por los altos precios cotizados por ambas casas. Es finalmente en un acta del ayuntamiento con fecha de 10 de diciembre de 1897 donde se discute una propuesta de la casa Larrinaga & Co. y donde se decide que el ayuntamiento escribiría una carta dejando saber que no conviene aceptar esa oferta. Larrinaga & Co. contesta esta carta en el 7 de enero de 1898 donde su último párrafo lee como sigue: “esperando que cuando necesite otro lote de dicho material el negocio se pueda combinar por nuestro conducto”. Esto nunca se materializó porque….”se acercaba la guerra”.

Nota de la redacción: Esta es una versión reducida de este artículo para propósitos de ajustarla a la edición de El Adoquín Times. Aquellos interesados en leer la versión completa, la pueden encontrar en el siguiente enlace http://edicionesdigitales.info/biblioteca/adoquinescalderin.pdf

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2 Comentarios

  1. José Luis Rivera julio 21, 19:16

    Entonces, ¿los adoquines originales no fueron los que dejaron los barcos, que venían cargados con ellos para propósitos de navegación y luego los dejarían en la isla para así cargar los barcos con mercancía que llevarían a España?

    Conteste a este comentario

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