Opinión – Las artes: escudo en la protesta

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Imagen: Manifestantes durante la marcha del 22 de julio de 2019 en el Expreso Las Américas (Foto por Milton Rúa de Mauret)

Por: Mariana García Benítez

¿Cómo actuó creativamente Puerto Rico en su proceso para organizarse y sacar a un gobernante? En las dos semanas que marcaron un antes y un después en la lucha política puertorriqueña, estuvo presente la bomba, la plena, las máscaras, las “drag Queens”, los zancos, las caras pintadas, los coros de lucha al ritmo del tambor, las canciones de artistas mundialmente reconocidos, el perreo combativo, el “performance”; en fin, una amalgama de expresiones creativas que no le perdieron ni pie ni pisada a cada movimiento del gobierno para convertirlo en una respuesta o estribillo de lucha. Muchas personas de otros países comentaron lo interesante que les pareció que, en Puerto Rico, y en la diáspora, se protestaba como en una fiesta. Para nosotros es normal, pero no todas las luchas de pueblo están alimentadas por tal cantidad de ritmo. Y el ritmo -opino- nos salvó de una desgracia. Cada vez que se utilizó el arte, la unidad se hizo más grande, casi se flotaba en el mar de coros y apoyos mutuos convertidos en consignas al son de clave. Las artes manifestaron el coraje para sudarlo en un mar de justa indignación en vez de un mar de sangre. Nos acomodamos en círculo como en los areitos, tocamos con los tambores la clave a seguir y gritamos en español las consignas del momento. En el pasado en este país se juntaron, entre violencias e intereses diversos, varias culturas. Se creó poco a poco la compleja identidad puertorriqueña. Esa identidad expresada por medio de diversos géneros artísticos le dio hoy un toque único a la presión ejercida hacia Ricardo Rosselló para lograr su renuncia.

Desde el 16 de julio hasta el día de la renuncia del gobernador, el 24 de julio de 2019, se convirtió en patrón el desalojar a los manifestantes del cruce de la Calle del Cristo y la Calle Fortaleza luego de las 11 de la noche. Suspendida la Constitución a esa hora, según lo establecido por el Comisionado de la Policía, Henry Escalera, quien en un momento afirmó que mantendría al pueblo a raya para “defender la democracia hasta las últimas consecuencias, hasta la última gota de sangre”, lo que pasó después de eso es digno de total y absoluta admiración. Ante la amenaza por parte del Estado y la dispersión de las manifestaciones con gases lacrimógenos, perdigones, balas de goma, los arrestos a personas que solo filmaban y hasta la quema de un carro, Puerto Rico respondió regresando cada día a exigir la renuncia del gobernador. Y si bien algunos manifestantes decidieron tirar botellas de agua, latas y hasta uno que otro fuego artificial a la Fuerza de Choque, lo que se logró fue llevar el mismo mensaje a través de todas las plataformas posibles. Aquí básicamente no pasó todo lo que podía pasar. No se desató la violencia que se pudo haber desatado. A mi parecer, tiene mucho que ver con esa herramienta que tenemos a la mano: la educación artística de gran parte de la población puertorriqueña. ¿De dónde salió tanto pandero, tanto talento para pintar los cuerpos, tanto zanco, poesía, décimas, canciones, coros profesionales e improvisados, caricaturas, todos compartiendo un contenido creado al momento? Los puertorriqueños crearon, en horas, respuestas a los eventos de la semana. Solo un pueblo educado en las artes pudo lograrlo. Y eso, que el apoyo a nuestras instituciones culturales y a la educación en historia y en arte en nuestro sistema público hace tiempo que está en crisis. Pero hay algo aquí que no se ha roto y es la continuación del legado cultural. Nos une una cuerda fina a nuestros antepasados, a quienes rendimos tributo con cada consigna rimada. Esa capacidad de expresión por tantos medios ayudó a dirigir el coraje y la indignación hacia otro lugar que no fue la consumación de la violencia entre la Fuerza de Choque y los manifestantes. Preferimos cantarles la verdad a los gobernantes de turno en vez de pelearnos entre nosotros. Después de todo, la policía está compuesta por puertorriqueños, algunos burlones, y otras personas conscientes que probablemente no querían estar en esa posición.

Para terminar, la noche del 24 de julio de 2019 pudo haber sido una noche trágica. La irresponsabilidad de Ricardo Rosselló no tuvo límite. A La Fortaleza seguían llegando policías preparados para el combate, los manifestantes llevaban horas esperando la renuncia del gobernador, los ánimos estaban caldeados. Muchos jamás pensamos atestiguar aquel nivel de peligro en Puerto Rico. Sencillamente, por momentos, aquel no era nuestro País. Se respiraba en el aire una posible venganza de un hombre que no quiso soltar el poder hasta el último minuto, una persona que desde su gobernación amenazaba con una última perreta que le hubiera costado la vida a los allí presentes.  Frente a todo aquello, los manifestantes decidieron hacer una sentada. Flores en mano decidieron esperar confiados en su victoria. En algún momento de aquella noche tensa, Residente les habló a los manifestantes. “Nos vemos mañana en la Milla de Oro, recuerden, nos vemos mañana.” Había mañana gente, nadie muera hoy porque nos vemos todos mañana. Eso fue lo que escuchó mi corazón y por fin respiré. Aquí no se muere nadie hoy, pensé.  Nuevamente, un artista fue líder en un momento delicado y fue nuestro escudo ante la nada.


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