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Por: Francisco Watlington-Linares, PhD.

«Se sembraban hortalizas como rábanos, zanahorias, remolachas, lechuga, col arrepollada, tomates, papas, pimientos de cocinar, ajíes, calabacín, habichuelas tiernas, pepinillos, gandules y okra (gingambó), ambas introducciones novedosas de Puerto Rico». 

En 1941 cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, mi familia vivía en la ciudad minera de Scranton, Pennsylvania. Mi padre tenía 34 años y se salvó del reclutamiento militar por ser gerente de personal de la compañía educativa ICS, de apoyo crítico a la defensa nacional. Nuestra casa de dos plantas y un sótano tenía un solar rectangular estrecho con un patio trasero extenso de al menos mil metros cuadrados. Ahí nació el Victory Garden de mis recuerdos.

La necesidad de suplir a las tropas de provisiones instó el gobierno a promover el apoyo bélico con la siembra de huertos caseros. El de casa fue ejemplar. Nos calentaba en invierno el carbón de piedra antracita de las minas que corrían a miles de pies bajo el sótano y cuyos mineros oíamos hablar por las grietas de este. Las cenizas del carbón, rica en minerales, se regaba por el extenso patio de relleno granuloso que lindaba en hondonada con el parque de béisbol.

Agriculture Department. War Food Administration. Printer U.S. Government
Cartel promocional de los «Victory Gardens» (US Agriculture Department & War Food Administration)

Se sembraban hortalizas como rábanos, zanahorias, remolachas, lechuga, col arrepollada, tomates, papas, pimientos de cocinar, ajíes, calabacín, habichuelas tiernas, pepinillos, gandules y okra (gingambó), ambas introducciones novedosas de Puerto Rico. Había un ruibarbo espontáneo en un rincón.  El garaje se convirtió en gallinero, y anticipando el largo invierno los huevos se preservaban en “waterglass” solución de cal hidrolizada en un dron donde permanecían comestibles durante muchos meses. Por supuesto, teníamos carne de pollo disponible durante todo el año.

Además, acudíamos a los mercados agrícolas artesanales donde comprábamos duraznos, cerezas, arándanos, castañas, peras, manzanas, y frutillas para jaleas, entre algunas que recuerdo. Luego se envasaban en potes de conservas (mason jars) y procesaban en autoclave para preservarlas. Los cupones de racionamiento proveían la leche, arroz, harina de trigo y de maíz, sal, bacalao seco, aceite de cocinar, vinagre y porciones de tocineta, carne de cerdo y res. También mariscos como sardinas, salmón, camarones, langosta y calamares, ventajas de la bonanza continental.


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Vivíamos bien. Teníamos un auto Plymouth modelo de 1939, de los últimos fabricados antes que la guerra suspendiera la producción de carros e impusiera la de vehículos militares. Nuestra casa contaba con enseres modernos: estufa y nevera eléctrica, «fireplace» (chimenea) en la sala y radio donde todos oímos la declaración de guerra del presidente Franklin Delano Roosevelt. Fueron cuatro años de gratos recuerdos, compartidos con la minúscula colonia boricua de la ciudad. Pero al terminar la guerra en 1945 terminó el racionamiento y murió el Victory Garden. Se vendió la casa y migramos para siempre a la Isla.

Nota de Redacción: Victory Garden, -en español los jardines de la victoria o jardines de la guerra- fueron jardines de vegetales, frutas y especias cultivadas en los patios de las casas privadas en los Estados Unidos durante la primera y la segunda guerra mundial para ayudar en el suministro de comida para la población durante los eventos bélicos. 

 

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