Juan Narciso Ríos Rodríguez: artista-pintor, escenógrafo y músico ponceño 

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Tiempo de lectura 18 minutos

Imagen: Don Juan N. Ríos junto a sus hijos Octavio y Felipe.

Por Néstor Murray-Irizarry

Fundador de la Casa Paoli  

Para Nitza Tufiño, Rafaela Ronnie Billini, Coquí Santáliz y Eric Rodríguez-Rivera

Juan Narciso Ríos Rodríguez era artista–pintor-paisajista, escenógrafo, dibujante arquitectónico y artístico, y guitarrista de música clásica. Fue compositor de danzas y de música para piano. Compuso una danza para piano titulada Hotel Marina en 1890. Esta obra fue dedicada a Encarnación Gómez y el copista fue T.R. Roselló de Río Piedras. El Hotel Marina fue propiedad de Juan Bou y era la mejor hospedería de su tiempo en Ponce. 

Juan Narciso nació en Ponce en 1850 y murió en su ciudad natal el domingo, 15 de febrero de 1919 a los 70 años. Su abuelo paterno Pedro Ríos conocido como Don Pepón era cantor de rosarios, mientras que su hijo, padre de Juan Narciso, Buenaventura Ríos Martínez, era santero. Este último tuvo, con Felipa Colón, cuatro hijos: Juan Narciso, Ramón, Antonia y Carmen. Juan Narciso se casó, c. 1876, con Efigénia de Jesús Maldonado por la iglesia católica. Efigénia nació en Utuado. Juan Narciso compartió el arte con sus hijos: María, Juan Narciso I, José Octavio, Juan Octavio, Roberto I, Roberto II, Dolores, Aurora, Luis y Felipe.  

Juan Narciso aprendió a tocar la guitarra sin maestro. Esta experiencia lo llevo a escribir un método para aprender a tocar la guitarra sin maestro. Este método se anunciaba en los periódicos de la época y tuvo mucha acogida entre un grupo de personas interesadas en aprender a tocar la guitarra. Practicó y aprendió arte sin alejarse de su ambiente natal. En parte fue autodidacta, pero también recibió instrucciones del artista y alcalde de Ponce Máximo Meana y de los artistas-escenógrafos y pintores que llegaban hasta Ponce. A los 40 años Juan Narciso acostumbraba a disfrutar de las tradicionales veladas que se celebraban en Ponce. Participa con su guitarra en una de las veladas que acostumbraba a organizar en su casa José María Arias junto a los pianistas Mercedes Arias, Ana Clavell, Arturo Pasarell y Julio Carlos de Arteaga. Organizó La Estudiantina Ponceña, junto a su primo el también guitarrista José Ríos, Pedro Guerrero en la mandolina y a Francisco Taboada en la flauta.  

Era primo hermano del musicólogo Juan Ríos Ovalle y del flautista Pedro Ríos Ovalle. La casa-taller de Juan Narciso era un ateneo donde se celebraban veladas, tertulias y bohemias. En una ocasión recibió en su taller al célebre pintor Francisco Oller. De acuerdo con los comentarios que Agna Rosa escuchaba en las tertulias de su familia, Oller llevó consigo su famosa pintura El Velorio. Se comentaba entre los miembros de la familia Ríos que El velorio se exhibió solo para los amigos íntimos de Juan. Utilizando una fotografía pinta un hermoso cuadro de la Guánica Central. En la obra se observa un trozo de ensenada y aparecen las cuatro columnas que se destacan en la parte este; además, se destacan las vías férreas y vagones, edificios de maquinarias, caserío y plantaciones. 


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Casa Norbertoo


En Arecibo lo invitaron, junto a sus hijos, a decorar el interior, en 1910, del Teatro Oliver. Pintó, en 1903, el kiosko que estaba ubicado en el paseo del antiguo muelle de Ponce; además, decoró el Kiosko árabe localizado en la plaza de recreo de Ponce. 

La escenógrafa de la Compañía de Virginia Fábregas en 1912 contrato a Juan Narciso y a Octavio para que diseñaran la del drama Misterio de la Casa Amarilla. La escenografía de la opereta Molinos de Viento de la Compañía Prado Barajón también fue preparada por Juan Narciso y sus hijos. En 1913 se trasladó a Guayama para iniciar los trámites para el decorado del Teatro de esa municipalidad. A su regreso a Ponce comenzar a pintar los anuncios que le encargó la sede en Ponce de la Porto Rican–American Tabacco, Co. Días antes, Juan Narciso y Octavio pintaron, en San Juan, las paredes exteriores con anuncios de un gran número de establecimientos comerciales que incluyo la fábrica de cigarrillos La Colectiva. Mientras Juan Narciso descansa, sus hijos Octavio, Roberto y Felipe Ríos trabajan en Aibonito decorando los interiores de las residencias de las familias del Dr. Canino, frente a la plaza de recreo y de Teodoro González. En 1914 fue admitido a la Liga Progresista de Ponce.  

Su hijo Octavio 

La fama de Juan Narciso y Octavio trascendió los límites del país, y llegaron a ser solicitados y admirados en América Latina y Europa. Octavio, padre del muralista Rafael Ríos-Rey, trabajó durante tres años (1918-1920) como escenógrafo en la compañía de la muy famosa bailarina rusa Ana Pavlowa, de Puerto Rico partió a Brasil; mientras que Juan Narciso, después de hacer los adornos funerales de Cánovas del Castillo, recibió de los Reyes de España la Cruz de Isabel La Católica por mérito artístico.  

Acuarela de Octavio Ríos, padre de Rafael. Colección de la familia Padilla Ríos. 1930

Octavio trabajó en muchos proyectos con su padre y juntos se convirtieron en los artistas-escenógrafos más notables del país. En 1906 preparo un gallardete (banderín) para un equipo de baseball. Para una velada celebrada en febrero de 1918, en el Teatro La Perla de Ponce, Octavio adornó los palcos con el cordero que aparece en nuestro escudo ya que según nuestro artista este es el símbolo nacional puertorriqueño. Esta actividad consistió en una conferencia, que pronunció en español el bizarro capitán Dimitrijevich, en beneficio de la Cruz Roja de Serbia.  

Junto con su hermano Felipe pinto en el Teatro Municipal San Juan, la escenografía de la zarzuela El perro Chico. Este cuarto hijo de Juan Narciso, según su nieta Agna Ríos , en 1918 no quiso aceptar la ciudadanía estadounidense. Sobre la experiencia de Octavio como emigrante señala un periodista en 1918: “Esta mañana uno de nuestros reporteros saludo al artista pintor Osvaldo Ríos que salió en una de las primeras expediciones de obreros que marcharon para los EE. UU. Octavio ofrece señales inequívocas de haberlo pasado mal; y oímos de sus labios las más amargas censuras para la Compaña Industrial que se les arranco de esta Isla, ofreciéndoles un trabajo humano, bien remunerado, a la vez que cómodo alojamiento y buenas y nutritivas comidas, cosas que no aparecieron”.   

La visita del reconocido aviador estadounidense Charles Lindbergh a Puerto Rico el 2 de febrero de 1928 coincidió con el inicio del contrato, que le hicieron a Octavio los organizadores del Carnaval de San Juan, para decorar y pintar el salón donde se coronó la reina y se celebró el baile de esa gran festividad. Además, Octavio decoró la carroza de la reina. Era el rebelde de la familia. Fue un preso político. Se rehusó ingresar en el ejército de los EE. UU. Estuvo preso en Hawai Allí formó un escándalo, no quiso cortar caña y lo enviaron a un campo de concentración en uno de los estados del sur de los EE. UU. Octavio es el padre del conocido muralista ponceño Rafael Ríos Rey. Octavio en el Carnaval de San Juan en 1924 diseño un decorado estilo egipcio y represento el fondo de un oasis con palmeras, simulando a lo lejos el paso de un rio 

En 1931 Octavio fue autor de un arco del triunfo que se erigió en la Avenida Hostos, para conmemorar la llegada a Ponce del presidente Hoover, cuando era alcalde Emilio Fagot.  


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Apuntes sobre la obra de Juan Narciso Ríos 

En 1889 Juan Narciso diseñó una litografía, Panorama de Ponce, a ocho tintas impresa en Barcelona. Se la dedicó a: Los habitantes de Puerto Rio mis protectores. Emilio J. Pasarell, uno de nuestros más consagrados estudiosos de la vida cultural de Puerto Rico durante el siglo XIX, comento:’El pintor aficionado Juan N. Ríos pintó un panorama de Ponce desde el cerro El Vigía, que envió a Barcelona. Ahí se hizo una litografía de ocho tintas de un metro de longitud. Ríos se proponía hacer un viaje de estudio a Europa. La litografía estaba a la venta en el Hotel Marina y en los establecimientos de Luis Casals y de don Tomás Labastide.” 

Se trata de una valiosa obra de arte en colores que representa una hermosa ciudad narrada desde su arquitectura. Constituye un documento histórico de gran valor para los estudiosos de la arquitectura ponceña. Juan Narciso conoció como pocos la historia de Ponce y el rol que siempre jugo la ciudad en el desarrollo socioeconómico del país. El abuelo de Ríos–Rey había crecido en una particular ciudad rodeada de buen gusto y de espesa vegetación. Las calles estaban bordeadas de árboles y de un ambiente artístico muy singular. En 1854 ya se vendían en los comercios locales las litografías que se pusieron de moda en Europa conocidas como Panoramas 

Además, en una de las tiendas ubicada en la Plaza Principal de Ponce se celebraban exposiciones de los Panorama: exterior del palacio de cristal de Londres; La gruta azul en Italia; Plaza de los inocentes en Paris; Vista general de Venecia; entre otras. Juan Narciso plasmo el carácter ciudadano y urbano de Ponce. El artista mostro, además, una ciudad que evidenciaba una arquitectura distinta de San Juan, pero muy similar a las descripciones de la arquitectura europea que escuchaba de quienes visitaban el viejo continente o sencillamente él había observado en fotografías y obras de arte de la época. Es el gran cronista de la ciudad amada. Además, fue contratado para pintar y decorar el interior de edificaciones comerciales y públicas. En 1903 hizo los trabajos artísticos de pintura del Kiosko árabe. Ríos reprodujo los dibujos arabescos de las salas y patios de la Alhambra en España utilizando magníficas copias que le sirvieron de guía. En 1909 preparó dos planos para las fiestas del carnaval que organizó el Casino de Ponce. 

Se cree que pintó varias viñetas en la parte superior de los anaqueles de madera de la primera farmacia Moscoso que se estableció en 1898 en Aibonito, y fue la primera en establecerse en el país de esa cadena comercial de farmacias. Sin embargo, Nicasio Borges en su libro Sucedió en Aibonito, le atribuye esas pinturas al artista–pintor aiboniteño Pepito Cruz. Durante el mes de abril de 1912, año de gran reconocimiento y grandes contratos para el clan de los Ríos, Juan Narciso realizó trabajos de pintura para el famoso Hotel Francés, antigua Institución Ferrán, hoy edificio de la Asociación de Maestros de Puerto Rico, capítulo de Ponce ubicada en la calle Ferrocarril esquina con la calle Marina. 

Las pinturas de paisajes y de otros temas en el Hotel Francés la describen de la siguiente manera:  La pintura del salón comedor es de estilo francés a capricho del artista con coloridos blanco perla y dorada con vistosos paisajes creados por la fantasía de Ríos, a gusto de los esposos Bertolucci. Dichos paisajes están ornamentados con marcos al claro oscuro, estilo Renacimiento, lo mismo que los de las puertas. El salón de recibo representa un conjunto bellísimo, dividido en varios paños y en el centro de cada uno el escudo de una nación. En la faja que divide los paños se ve en la parte superior el busto de una mujer de cada nación y en la parte del zócalo enlazado con el marco se destacan preciosos gallardetes de diversas naciones. El estilo es compuesto combinado por el buen gusto artístico de la señora Bertolucci.  

Durante muchos años familias adineradas de todo Puerto Rico acudían al taller de Juan Narciso, localizado por mucho tiempo en la calle Guadalupe de Ponce, a solicitarle a nuestro artista que le hiciera un retrato a uno o a varios de sus miembros. Un buen ejemplo, lo representan dos familias del pueblo de Manatí que en 1910 Ríos le pintó dos retratos. Su hijo Octavio viajo en varias ocasiones a Manatí para realizar varias obras a las compañías o a familias de grandes recursos económicos para diseñar y pintar trabajos por encargos.  

En noviembre de 1912 fue contratado por el Casino de Mayagüez para trabajar en pintar varios decorados para el teatro de esa institución. En mayo de ese año diseño y pintó la escenografía de la obra de teatro de los hermanos Álvarez Quintero Malvaloca y se trasladaron a Mayagüez para pintar la escenografía del drama El misterio del cuarto amarillo.  La famosa actriz Virginia Fábregas fue la figura principal de ambas piezas de teatro. Ella expresó que no le aventajaba en méritos la obra realizada por los grandes pintores-escenógrafos de Europa. El siguiente mes de ese mismo año Juan Narciso diseñó, en la boca del escenario del nuevo teatro Venus en Ponce una frondosa arboleda que en el fondo tenía un riachuelo de azulinas aguas, un pintoresco jardín y un castillo de orden toscano. El auditorio premió con grandes aplausos esta meritoria obra de Ríos. Al año siguiente Juan Narciso, Octavio y otro de sus discípulos, Agustín Concepción, se hospedaron varios días en Guayama con el propósito de pintar y decorar el Teatro Bernadini. 


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En marzo de 1916 el Clan de los Ríos concibió la brillante idea de buscar en la baraja inglesa un tema para el decorado y organización de las esplendidas fiestas que con motivo del Carnaval celebraron en el Casino de Ponce. Seleccionaron para esa ocasión los palos o pintas de la baraja inglesa. En 1917, dos años antes de morir, decoró el salón de asambleas de la escuela Grammar de Ponce inspirado en la figura del patriota puertorriqueño Román Baldorioty de Castro. En esa ocasión la Sociedad Baldorioty celebró una fiesta en honor del Patricio.     

Juan Narciso Ríos informó en 1897 que era natural de Ponce: artista-pintor de 44 años y casado con Efigénia Jesús y Ríos de Utuado de 36 años y de oficio costurera. Procrearon siete hijos, todos nacidos en Ponce: Luis de 20 años y de oficio artista- pintor; María de 16 años, costurera; Jeova o Gehova de 14 años, costurera; y los estudiantes: Octavio de 14 años; Felipe de 8 años y Roberto de 6 años. Además, tuvo otros dos hijos: Magdalena nacida el 29 de junio de 1881 y Juan Geovea el 7 de enero de 1882 [y Aurora]. Los documentos estudiados en el AHP relacionados al barrio Segundo, donde residía en Ponce Juan Narciso indican que hubo otro pintor en ese barrio: Juan Ríos Martínez; mientras que en el Barrio Quinto vivía Joaquín Ríos; y en el barrio La Cantera aparece otro pintor de nombre Ramón Ríos. 

Fue uno de los artistas que más trabajo para los carnavales de Ponce. Convirtiendo a La Perla del Sur en una de las ciudades más destacadas y visitadas en la época de carnaval. En la mayoría de los pueblos se llevaban a cabo carnavales. Municipios como Yauco, Comerío, Villalba, Fajardo, Moca, entre muchos otros, organizaban las fiestas carnestolendas. En 1907 los periódicos se quejaban de la desidia de nuestra gente de continuar celebrando con mucho entusiasmo y alegría los carnavales callejeros o espectaculares. En enero de 1909 el Casino de Ponce le comisión a Juan Narciso, que decorara el Teatro La Perla, para uno de sus cuatro bailes de carnaval, como un campamento ruso.  

En febrero de 1911, Ríos, utilizando el diseño del arquitecto Alfredo Wiechers (el genial cerebro que elaboró y dirigió la construcción de majestuosas residencias ubicadas en el casco histórico de Ponce) convirtió el interior del Teatro La Perla en la hermosa Alhambra. Juan Narciso y sus hijos Octavio, Roberto, Luis y Felipe decoraron el Teatro La Perla para la coronación de María Teresa I Arce, Reina de todos los actos carnavalescos que celebró ese año la sociedad aristocrática de Ponce. Un cronista de la época describe el trabajo del Clan de los Ríos de la siguiente manera:  “Hemos tenido ocasión de ver el decorado del Teatro La Perla y podemos asegurar que se ha superado el arreglo del local y supera por mucho los decorados de años anteriores. Merece plácemes y las más sinceras felicitaciones al arquitecto Weichers, director artístico del trabajo, secundado por la reconocida competencia de Juan N. Ríos y sus dos hijos […], quienes han interpretado soberanamente bien la inspiración del primero en lo que se refiere a la ornamentación, estilo árabe, del interior del edificio. 

El palco escénico, en la boca, asemeja los Pórticos de la Sala de los Abencerrajes de la Alhambra, destacándose en el fondo uno de los bellos carmines de aquella maravillosa residencia de los califas bereberes. La herradura copia la ideal arquitectura del célebre Patio de los Leones, pudiéndose admirar en las amplias galerías, por los barcones que forman los entrepaños, paisajes de la soñadora naturaleza meridional española. El vestíbulo del edificio ha sido decorado imitando la admirable Sala de las odaliscas.  Llama poderosamente la atención la naturalidad de uno ricos tapices de damasco, con focos de oro, que figuran colgar de los balcones de los palcos altos. […]Para terminar, reseñaremos que desde la entrada de la calle Cristina hasta el Teatro La Perla se colocarán diez y seis arcos, de estilo árabe, que formarán…un túnel de luz por la infinita profusión de bombillas que los exornarán”.  


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El decorado del Teatro La Perla para la coronación de la Reina Felisa I (Luchetti) en febrero de 1912 también fue algo espectacular. Indica el periodista que: Al penetrar en el fumador queda el visitante sorprendido por el serio aspecto de una entrecomara cuyos lienzos murales adornan seis grandes cuadros de paisajes con anchos marcos de peluche y oro. Se penetra entonces en el cuerpo del coliseo y la escena es completamente sugestiva. La perspectiva que ofrece el palco escénico es magnífica. Cuatro grandes arcos con mascarones en el centro en cuyos ángulos se destacan rétalos de un cielo azul purísimo, con risueños angelitos, constituyen la Sala del Trono, el que se encuentra en el escenario, antes de un lujoso cortinaje de seda y terciopelo que sirve de fondo al proscenio. 

Un inmenso abanico de maravillosa naturalidad sirve de dosel ideal para la regia silla a cuyo derredor están las doradas butacas en que tomaran asiento las damas de honor. El trono se levanta como media vara del piso y para llegar a este se asciende por tres escalones. En los entrepaños de los palcos cuelgan cuatro tapices admirables, el balcón de los palcos altos esta adornados con leones que sostienen las barandas y grandes jarrones festonados de flores. A intervalos simétricos, caprichosos modillones dan natural apariencia al trabajo. En el centro de la original balaustrada, una cesta colmada de artículos carnavalescos remata esta parte del decorado. 

El techo imita una encantadora terraza, elevándose sobre los balaustres que la circundan frondosas trepadoras florecidas que hacen que sus bellos coloridos se destaquen sobre el fondo azul de un cielo primaveral. Las escaleras que dan acceso a los palcos altos, las barandas de los palcos las columnas, etc. han sido adornadas artísticamente con papel crepé, dando al conjunto la alegre tonalidad de carnavalesca, que como es natural debe imperar en los adornos del local. El estimable amigo Ríos y su hijo Octavio, aquel autor de los planos seguidos, y ambos encargados de llevar a cabo el trabajo realizado, quienes fueron auxiliados por los aprendices del maestro, merecen no un aplauso sino una ovación y nosotros, aunque esto sea paradójico, se la hacemos pues el éxito que han tenido se les hace acreedor a ella.  

Estampa del Via Crucis.

Mientras que en febrero de ese mismo año el Casino de Ponce anuncio los detalles relacionados con el Baile de las Flores celebrado en el Teatro La Perla. Fue todo un acontecimiento. El reportero comentó: “El escenario que antenoche presentaba un aspecto de austera Sala palacial, ha sido convertido en un gran invernadero, destacándose bajo el palio de cristales que le cubre. Un bellísimo y artístico kiosco, con una fuente en el centro, en cuyos surtidores tornasola esplendente el azul del cielo que se contempla a través de la cristalería de su bóveda y sus paredes. La rotonda central del coliseo es otro invernadero inmenso pero que juzgamos pequeño para contener el gran derroche de carnavalesco entusiasmo que ha de emerger de la culta sociedad que allí ha de congregarse. 

Los palcos, balcones, columnas, etc., absolutamente todo, ha sufrido una metamorfosis encantadora; trepando caprichosamente las enredaderas, allí donde se destacaban los serios adornos de los artífices del Renacimiento. Los atrevimientos sugestivos que traza la naturaleza al guiar los delgados tallos de las plantas han arrebatados a toda la balconearía y columnatas del teatro; sus líneas simétricas y perfectas, realizando una obra admirable para la perspectiva.  […] Y para tomar parte en esas nobles y brillantes demostraciones de refinamiento social, vendrá en pleno la plana mayor de la Guánica Central, con Mr. Grieft a la cabeza; grupo de correctos caballeros y distinguidas damas que hacen honor a su nación por su finura y galantería y que simpatiza en pleno grado con la sociedad ponceña, en cuyo seno cuentan con merecidas simpatías”.   

 Ese mismo día se anunciaba en la prensa de Ponce que en la noche del 19 de febrero recorrieron las calles, plazas y paseos innumerables máscaras, algunas de las cuales se hicieron notar por el caprichoso disfraz o por la aguda critica que representaban 

Esa noche, al igual que en el día anterior, representaciones de todos los grupos sociales invadieron las avenidas, boulevares y las plazas principales, incluyendo Las Delicias, para ver una batalla campal entre los diversos grupos carnavalescos. Un hecho muy impresionante fue la entrada del Rey Momo.  Los asistentes no podían contener la alegría y el entusiasmo delirante al observar y disfrutar de la llegada de tan importante personaje del carnaval. Además, tuvo lugar un lúcido paseo de las carrozas bajo el liderato del señor Romaguera, quien identificaba su comparsa con el nombre de Acorazado Pastillo. Una de estas carrozas llevaba a su bordo la Banda de la Marina que dirigió el maestro Jaime Pericas Díaz. Otra carroza de la Liga Progresista de Ponce, adornada con sumo gusto y dentro de la misma iban sentadas María Teresa Fábregas, representando al Centro Español y Carmen Vidaurre por el Casino de Ponce.  

Al pasar el Acorazado Pastillo por frente al Centro Español la Banda de la Marina ejecutó la Marcha Real; cuando estuvo frente al Casino de Ponce entono la Borinqueña; y al hallarse frente al Hotel Meliá, donde estaba el jurado, preludió el Himno Estadounidense. En Ponce al igual que en España se había prohibido en 1912, en las fiestas del carnaval, el uso de cascarones, polvos, etc.  

Sus hijos y nietos 

Felipe en 1907 viajó a San Pedro de Macorís, Republica Dominicana. Allí decoró el interior del Teatro Olimpia y la casa del Lcdo. Antonio Soler. La prensa macorisana publicó muy buenos juicios de la labor de nuestro compatriota. Fue invitado, a ese mismo lugar, en varias ocasiones para pintar otras edificaciones. El próximo año Felipe y Octavio hicieron los decorados de la zarzuela La Guardabarrera estrenada en el Teatro La Perla. Felipe presentó un trozo de un camino, en medio de las montañas. La perspectiva de la obra fue magnifica y en todo su trabajo se vio la potente fantasía creadora del autor, quien logró presentar un paisaje de incuestionable valía. Por su parte su hermano representó un desastre ferroviario. Esta obra es reveladora de que en Octavio existió un corazón hecho para sentir el arte y expresarlo en pinceladas un tanto atrevidas y en coloridos brillantes. En 1913 Octavio y Luis viajaban constantemente a realizar diversos trabajos artísticos en San Juan. Este último decoró el interior de la residencia de José Martínez Lloréns en Río Piedras.  

Después de la muerte de Juan Narciso sus hijos continuaron cosechando grandes triunfos. En 1926 Octavio y Luis recrearon una cueva de Kentuky. La obra fue la admiración de cuantos concurrieron al baile de la coronación de la Reina del Casino de Ponce. Para esa época Octavio se había mudado a San Juan. Así que Octavio fue traído de la Capital a Ponce para hacer los trabajos reseñados.  Octavio hizo los trabajos de uno de los bailes en el Casino de Ponce que tuvo como tema principal los diversos licores.  Otro de los trabajos que dirigió Octavio y que llamo mucho la atención de los concurrentes a las fiestas del carnaval, fue la carroza de la Reina Saro I. El pintor Emilio Gisbert pintó admirablemente en papel varios mantones para el baile que llevó ese mismo nombre. Luis embarcó en noviembre de 1926 para Nueva York. 

La muerte de Juan Narciso Ríos 

El domingo a las dos de la mañana, rindió la jornada de la vida en la ciudad de Ponce el notable artista, pintor escenógrafo y maestro guitarrista, el popular Juan N. Ríos. La muy sentida muerte de este privilegiado hijo del talento sorprendiéndole casi repentinamente. A la una había regresado del teatro, y poco faltó para que la Parca le sorprendiera en el templo de Thalía, al que tanto realce y brillantez diera en vida el hábil pincel de Juan Ríos. 

 

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