Luis Muñoz Rivera, pionero del periodismo moderno y campeón de la libertad de prensa

Luis Muñoz Rivera
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A Milton Cofresí, amante de nuestra historia y defensor de nuestra identidad

 

Puerto Rico ha amontonado tantos olvidos que merecen recuerdo que pesan tanto como el vacío que le cae a los hombres cuando pierden el sentido de la vida. Pero uno de los momentos que hay que recordar para recuperar algo de lo mejor de nosotros mismos, es la defensa valerosa a favor de la libertad de prensa que llevó a cabo, a riesgo de su vida el periodista, poeta y político Luis Muñoz Rivera.

Recordar a la poeta Clara Lair citando a su tío y padrino Luis Muñoz Rivera decir: “tengo la bravura del combate y más todavía la bravura de la derrota”, explica mucho del valor insobornable, constante y heroico de este periodista ante la adversidad. Fiel defensor de la libertad de pensamiento no se rindió ante el despotismo, y escribió a pecho descubierto, a pesar de la abierta persecución que sufrió por décadas, ante dos imperios.

Fundar periódicos liberales y mantenerlos fue una labor titánica, patriótica y peligrosa en el siglo XIX. Aunque la década del ochenta en Puerto Rico se reconoció como la década del periodismo por la calidad de los periodistas y los muchos periódicos que surgieron, muchos fueron de corta duración ante el despotismo que se sufría.

Pero sucedió que en el año terrible del 1887 se recrudeció a niveles nunca visto antes en Puerto Rico, una opresión tiránica y despiadada, con la llegada del gobernador Romualdo Palacio que le declaró la guerra a los autonomistas y a la prensa liberal del país. Desatando una embestida implacable de compontes, torturas, persecuciones, asesinatos contra el liderato y partidarios del autonomismo, que iba de la mano del cierre de periódicos liberales y ordenes de arrestos y deportaciones contra muchos de los periodistas liberales. Esta embestida dejó malherido al Partido Autonomista y moribunda a la libertad de prensa. Entre los periodistas deportados de esa época del 87, se encontraba, Bonocio Tió Segarra (1839-1905), esposo de Lola R. de Tió.

Luis Muñoz Rivera

El Partido Autonomista fue brutalmente perseguido desde su creación el 9 de marzo de 1887. Por orden del gobernador Palacio fue arrestado en agosto su líder máximo, Román Baldorioty de Castro (1822-1889) y luego junto a 15 autonomistas, fueron luego llevados al Morro en el mes noviembre, con el fin de  fusilarlos.  Baldorioty era el director del periódico La Crónica en Ponce, muere dos años más tarde, en el 1889, quedando el partido maltrecho y a la deriva.

Ramón Marín, director del periódico El Pueblo, y otro de los arrestados le lanza un reto a Luis Muñoz Rivera (1859-1916) para que se mudara a Ponce y prosiguiera la lucha en favor del autonomismo y del país. El poeta y periodista, acepta el reto y se muda a Ponce y funda el periódico La Democracia.: “taller, templo, antorcha, y barricada”, como lo llamó José de Diego.

 

Convirtiéndose el joven poeta Luis Muñoz Rivera, en el heredero político de Baldorioty. Apenas contaba Muñoz Rivera 30 años cuando fundó el periódico, pero ya se había dado a conocer por su valor, por su pluma. Pero decide Muñoz algo más que escribir en la prensa y fundar el periódico. Contra viento y marea manda a fabricar una imprenta con más voluntad, vocación, imaginación, y tenacidad que fondos.

 

Conocer como Luis Muñoz Rivera manda a construir dicha imprenta para poder seguir publicando el periódico La Democracia, es una historia de amor y pasión que nace de su vocación periodística. Fernando J Matías, lo relata:

“En vísperas de empezar la publicación de La Democracia (1889) nos encontrábamos en la oficina de la imprenta de D. Ramón Marín, Muñoz y esta humilde persona compartiendo amigablemente. De pronto como si algo le inspirara en aquel momento nos dice: Estos hombres no saben hacer política, yo haré política. A los pocos días se publicaba La Democracia. Y Muñoz hizo política. Muñoz quiso tener imprenta propia y nos comisionó para hacerle la nota de un pedido de materiales para publicar “La Democracia”.

La nota alcanzó 4,000 pesos. Muñoz solo tenía $1,500. Había que hacer un nuevo presupuesto. Por más que quisimos reducir no era posible con $ 1,500 hacer venir una imprenta Marinori con tintero automático, un pedal, cortadora, tipos, cajas, chivaleles etc.; en esos cálculos perdimos algunos días. Una tarde nos encontramos en la mercería de Lalo Villaronga, y nos dijo: he determinado no rebajar la nota, pero podemos reducir la cantidad tomando a préstamo algunos materiales a don Ramón Marín que tiene sobrantes y reducir el valor de las cajas. Si pudiesen hacerse aquí.

Nuestro amigo don Jaime Pericás tenía entonces una ebanistería en la calle de la Villa y nosotros habíamos conseguido de él que hiciera un modelo de cajas, utilizando madera americana que utilizaba la fábrica de pastas de don Emilio Cortada para hacer cajas para embazar la pasta. Ya había hecho el Sr. Pericás algunas cajas por indicación nuestra para la imprenta del Sr. Ramón Marín (director del periódico El Pueblo) que fueron aceptadas, pues en nada desmerecían a las fabricadas en Estados Unidos.”

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Hacerse de una imprenta propia, sin apenas fondos y en ese ambiente hostil revela mucho de su carácter fogoso, voluntad y sentido del deber patrio. Así se fundó el periódico La Democracia, que va a hacer historia al desdeñar el lenguaje florido de la época, y usar un lenguaje combativo, moderno, viril y justiciero. En el mismo, Muñoz Rivera denunciará, atropellos, desmanes y el despotismo del gobierno español y luchará por la autonomía para Puerto Rico. Su estilo, su entereza sorprende y seduce a sus lectores, de la misma manera que enfurece al gobierno español, que contestará con abierta persecución e infinidad de arrestos.

Mariano Abril, otro excelente periodista, deja constancia de la continua persecución que fue expuesto Muñoz Rivera al fundar y escribir en La Democracia:

“LMR a los 30 fundaba La Democracia y en breve período paseaba las carreteras con la Guardia Civil, lo apresaban en cárceles de Caguas, Guayama, desafiaba la cólera de los capitanes generales, sufría cien procesos, lo encerraban en los calabozos de Ponce, lo multaban, lo condenaban. Y no podían rendirle, ni doblegarle jamás.”

Pero la invasión norteamericana del 1898, contrario a lo esperado, empeora su labor periodística. Nuevas y violentas persecuciones lo esperaban y tan temprano como en 1901, sufre Luis Muñoz Rivera, una fabricación de un caso en su contra. En el estrado el juez le pregunta, su oficio, edad, y cuantas veces había sido arrestado. La Contestación de LMR es reveladora: contesta que su oficio era periodista, que tenía 41 años, y que ya había sido arrestado en 42 ocasiones. Cobremos conciencia que el periodista Muñoz Rivera tenía sobre sus espaldas más arrestos, que años. Y cuando el juez le dice, que sus arrestos se debían a que creaba problemas, contestó: «No, por hacer patria».

Desde la prensa ayudó a forjar un país, de ahí una de sus frases lapidarias “la fuerza del país está en el país”. Indignado al ver como luego de la invasión, no se cumplió la promesa de otorgar más libertades. En su lugar nos quitaron todos los poderes alcanzados por la Constitución Autonómica, que gestionó a los 39 años ante España. Su misión como periodista le impedía cruzarse de brazos. A pesar del vuelco del destino,  de nuevas y violentas persecuciones  luego de la invasión, volvió nuevamente con la misma energía a empuñar su pluma como fusil para defender la afirmación puertorriqueña, combatir injusticias y luchar a favor del autonomismo para Puerto Rico. Pero está vez frente a otro imperio que hablaba otra lengua.

Su vocación de periodista, no fue otra que usar su pluma para defender a la Patria. Y lo expresó en verso: “Ser periodista, dirigir las masas; engendrar las corrientes populares; luchar por las ideas luminosas y por las grandes causas…

Sus denuncias lo convirtieron en blanco de brutales y contantes agresiones de parte de las turbas republicanas. Turbas que tenían el apoyo incondicional del gobernador Charles Allen, primer gobernador civil que implementó en el 1900 la tiránica ley Foraker, con el apoyo de los republicanos del patio. El nuevo gobernador venía con el plan de dividir el país en cuatro zonas azucareras y para ello había que desplazar a los puertorriqueños y despojarlos de sus tierras.

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El Cantinflas

Muñoz Rivera lo denuncia  en la prensa y se indigna ante la imposición de la Ley Foraker, la misma que nos despojó de toda autoridad sobre nuestros asuntos. No se cansa de atacar la nueva política y defender la restitución de la autonomía, o «self-goverment».

Se atrevió a hacer desgarradoras y vigorosas revelaciones contra el despojo de nuestras tierras, al denunciar el Bill Hollander, y el plan de suplantarnos el español, entre otros asuntos. Con su incansable pluma vuelve a defender al pueblo sin importarle arrestos y persecuciones. Luis Muñoz Rivera no se acobarda, su consigna siempre fue clara: «…no defendemos el poder, si el poder nos humilla. En el momento decisivo la cobardía es peor que la muerte, es la deshonra.”

Pero la respuesta del gobierno norteamericano ante sus artículos fue redoblar los ataques para silenciar al periodista. Indignado y colérico, el gobernador Allen le declara la guerra. Había que inutilizarlo, desprestigiarlo políticamente, fabricarle un caso  y llevar ataques constantes contra su persona. Una de las estrategias consistió primero en destruirle la imprenta ubicada en la calle Fortaleza #19.

Destrozo que aparece en la transcripción del famoso juicio en contra de Muñoz Rivera: “irrumpieron en la imprenta y oficinas del Diario de Puerto Rico, periódico del señor Muñoz Rivera, rompiendo cristales, destrozando máquinas, arrojando a montón por las alcantarillas de la calle los tipos de imprenta y destrozando en medio del arroyo las ediciones”. “En veinte minutos – cuenta  Dalmau Canet –  quedó destruida una labor de muchos años de trabajo : arrojaron los tipos del periódicos por las alcantarillas próximas , destrozando los muebles convirtiéndolos en astilla , rompiendo las prensas a golpes de barra contra los bloques de hierro».

Como expresara el propio Muñoz Rivera “los déspotas se apoyan siempre en las turbas”. Y añado: los patriotas en sus convicciones. Pocos hombres hubieran podido soportar por tantas décadas, tanta agresión verbal y física, tanta represión y persecución que afectaba a su familia, como inclusive sus ingresos para mantener su hogar   Ahora entendemos como un hombre de seis pies, fuerte y vigoroso, muriera a los 56 años.

El gobierno provocó y cultivó un ambiente tan hostil contra Luis Muñoz Rivera, que al llamar a La Fortaleza al gobernador Allen para comunicarle que le habían destruido su imprenta, le manda a decir que estaba comiendo y que él no se ocupaba de esos asuntos. Otra forma de agresión de faltarle el respeto a él y al país.

Durante el juicio, el abogado de Luis Muñoz Rivera, el Lcdo. López Landrón cita textualmente  la hoja suelta: que se repartió en San Juan, invitando a las turbas republicanas a destruirle la imprenta: «Si se reproduce hoy aquel libelo inflamatorio (refiriéndose a los artículos de LMR) “Pueblo, si el libelo se reproduce, ¡que no quede un periódico en la calle!” “Pueblo; ¡si el libelo se reproduce, que desaparezca la imprenta del Diario!” “Pueblo; si el libelo se reproduce, que sean atacados los hombres del “Diario” empezando por la cabeza… Y QUE DIOS REPARTA SUERTE.—EL PUEBLO SOBERANO.”

Luis Muñoz Rivera

La cabeza era Muñoz Rivera y el gobernador Allen lo tildaba como único responsable de las campañas en su contra. Fue el único periódico de combate que pudo resistir y mantenerse en pie.

 

A pesar que el gobierno orquestó un plan para desprestigiar al periodista Muñoz Rivera y detener sus escritos al ver que  calaban en el pueblo, a pesar de las fuertes alianza con los republicanos del patio, dándoles su apoyo y protección, favoreciéndolos con  plena impunidad, propiciando  con ella la creación de las violentas turbas republicanas, no lo pudieron silenciar .

Cayetano Coll y Toste abunda: “Nunca se vio en país alguno a un hombre tan combatido, tan insultado e injuriado como lo fue Muñoz Rivera en Puerto Rico en el año 1901. Repasando los periódicos de aquella época asombra considerar hasta qué punto puede llegar el odio contra una figura de tanto relieve como lo era el ilustre Jefe federal. Sin embargo, y quizás por ello, en el corazón de las multitudes se afirmaba y crecía el afecto con que el Partido Federal contemplaba la lucha titánica que sus jefes sostenían contra los atropellos del Gobierno, sobresaliendo entre todos el Director de La Democracia.”

Cayetano Coll y Cuchi describió décadas más tarde lo acontecido en el juicio contra el periodista LMR:

El país entero estaba pendiente al proceso. Fue un momento cuando el gobierno perseguía y solicitaba el presidio, bajo los pliegues de la bandera americana para los más nobles próceres de nuestras luchas libertarias… Y en la tercera sesión del juicio comenta que el gran proceso se inició como los anteriores, lleno de espectadores. La prensa comenzaba a publicar detalles del juicio y la ansiedad pública llegó a un extremo jamás conocido hasta ahora. Todos se preguntaban con terror si después de escapar 42 veces a la justicia española, el gran campeón de las libertades públicas y sus compañeros sufrirían la suerte de Evaristo Izcoa Díaz, vistiendo traje de presidiario bajo la soberana autoridad de Estados Unidos de América”.

Los detalles y lo que aconteció antes y después del juicio fueron sucesos tan dramáticos que son material para una película. Durante el juicio, en la que se usó la hoja suelta como una de las pruebas para demostrar que parte del propósito fue eliminar la voz del periodista y desprestigiar al líder,   Muñoz Rivera pidió la palabra y el juez se la otorga:

el señor Muñoz Rivera se extiende en su discurso para persuadir a los jueces de que las cuarenta o cincuenta declaraciones que contra él aparecen, no prueban nada o prueban que el tiroteo se quiso forjar un arma política, con el solo fin de inutilizar a un hombre político acusándole de una infracción del Código, cuya significación moral sería más grave que la pena material.… Y si esos ejemplos son frecuentes, y si el espíritu de sectarismo es capaz de llevar aquí a los ciudadanos a tales excesos, ¿cómo no creer que cincuenta o sesenta sectarios se dispongan a declarar en falso, a mentir en perjuicio de un compatriota suyo y a pretender, de esa suerte, la anulación definitiva de ese compatriota? 

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Casa Norbertoo

De haber tenido éxito, lo hubieran condenado a más de 4 años de cárcel. Pero lo interesante es que Muñoz Rivera ante esta acusación, no se cruza de brazos. Pero sobre los detalles del juicio en su contra y lo que ocurrió en él, es otra historia dramática y llena acción, que se contará en otro momento.

Lo significativo es que Muñoz Rivera no se acobardó ante tanta represión y contesta la agresión buscando otra imprenta. Su vocación de periodista le impedía rendirse. Su fuerza era su voz y su misión el periodismo.  En lugar de atar su pluma, la desataron. Y desde su hondo sentido del deber patrio decidió seguir denunciando las nefastas medidas políticas, económicas y culturales y educativas que se le impusieron al país luego de la invasión, aun sabiendo que su vida peligraba.

Antes de la celebración del juicio de forma audaz consigue otra imprenta. No logran silenciarlo.

Destrozada por las turbas la imprenta, el intrépido periodista decide conseguir una nueva imprenta antes del comienzo del juicio para llevarla de Ponce a Caguas. Sabía que era inaplazable trasladarla con la mayor cautela y secretismo. La arriesgada aventura de trasladar una imprenta de Ponce a Caguas, me la contó el senador Luis Muñoz Rivera (1916–2006) delegado de la Convención Constituyente y pariente del líder. Las imprentas entonces eran estructuras grandes de metal y muy pesadas por lo que organiza un traslado clandestino y la monta en un carro de bueyes.  Si alguien lo podía lograr esa hazaña era Muñoz Rivera, tenía aliados muy leales en todos los pueblos del país.

Luis Muñoz Rivera

¿Cómo logró trasladar la imprenta el intrépido periodista? Esa historia es casi una aventura quijotesca que descubre su personalidad valiente, aventurera y arriesgada. La imprenta se la facilitó su suegro Ramón Marín con la ayuda de su tío Vicente Muñoz Barros. Pero era imprescindible transportarla desde el clandestinaje. Para lograrlo, debía mantenerse oculto en una casa durante el día y salir de su escondite a medianoche con la imprenta. Para ello consigue un carro de bueyes donde podía montar la pesada imprenta. Pero no podía lograrlo solo. Tenían que salir a medianoche, cuando todos dormían. Para ello contaba con una avanzada que iba a caballo para advertirle a él como cochero, sí el camino estaba libre de guardias.

El tiempo era importante porque había que llegar al próximo pueblo, o lugar antes del amanecer donde lo esperaban para ocultarse durante el día en una casa concertada con el fin de no levantar sospechas. Luego, debían esperar en dicha casa, hasta llegada la media noche para salir y repetir el viaje sin ser interceptado. Así lo logró por tres noches consecutivas hasta llegar a Caguas, donde volvió a imprimir su periódico. Pero era complicado y difícil pasar desapercibido. Conmovedor ejemplo de devoción periodista y solidaridad de su pueblo.

Ante el acoso contra la prensa liberal escribió una guía ética que seguirá junto a tantos valientes periodistas de la época: “La prensa es libre, ni el poder la inquieta, ni la amenaza un código penal: sobre todo se mima y se respeta la prensa liberal. Es cierto, el periodista infatigable / la verdad sin temor debe escribir;/ en sus actos la toga y hasta el sable podrán intervenir/ pero será para guardar ilesa la vida del intrépido escritor/ de la mazmorra entre la sombra espesa o en sitio algo peor”.

Aquel hombre alto, viril, corpulento, de 6 pies y profundos ojos azules, fue un periodista inspirador que por 30 años escribió un artículo diario desde un estilo moderno y poderoso. Su amor por su patria fue mayor que la tentación por el dinero. De joven abandonó el comercio por la poesía al rechazar la oferta de su padre para dedicarse, como él al comercio, con el fin de hacer fortuna. Y para fortuna del país, su misión fue dedicarse al difícil, sacrificado y peligroso oficio del periodismo.

A su muerte Tomas Maduro (1870- 1920), líder obrero, tabacalero y escritor escribió: “Como periodista de combate, no tuvo iguales en ninguna época en este País. Como caballero fue un cruzado del honor. Fue un cantor de la libertad como Brau, fue el cantor del derecho, como Gautier fue el cantor de la Patria, como Padilla fue el cantor de las ideas”.

El poeta Evaristo Rivera Chevremont (1896-1976), supo leer en el alma de Luis Muñoz Rivera su verdadero ser y se adentra en ella cuando escribió a la muerte del líder:  “La nube de tristeza que lo seguía a todas partes nacía del choque de su temperamento rebelde con la indiferencia de su pueblo. Muñoz siempre fue radical. Lo dicen sus cartas, lo dicen su historia. Pero él sabía que el pueblo era manso, calculador, discreto. 

Aquel hombre tenía un romance en el alma y los hombres así tienen condición de héroe. Que es el sentimiento que lo lleva al sacrificio. Era poeta, ¡y eso basta!”. Y sigue expresando su admiración “Aquel hombre que luchó, luchó y luchó, muere pobre. Esto es elocuente. En esta época pervertida por el cheque es un dios, el que no llena su bolsa. ¡Pero un dios de sacrificios y vergüenza!” Por su parte, Rafael Arrillaga escribió: “Hay un hombre fascinador, alucinante…Como poeta, Muñoz es el poeta de la libertad, como periodista, el defensor de la Justicia, como tribuno,  el tribuno de la democracia, …Muñoz fue el verbo de Puerto Rico…”  

Mientras, Negrón Flores, masón que presidía la Logia Estrella de Luquillo, estuvo a cargo de dar el discurso de despedida ante la tumba LMR :

(fragmento)  “La patria era para él resumen de todos los más grandes amores de la vida… Luis Muñoz Rivera, que era valiente porque tenía un justo y cabal sentido del honor, baja de las feraces campiñas donde nació y vivió en la abundancia y donde pudo haber pasado una existencia plácida y tranquila, soñando con las grandes reivindicaciones sociales, con las profundas protestas colectivas, llega a Ponce, funda La Democracia, se constituye en periodista de prosa tan vibrante como su verso, y valiente. A partir de aquella fecha inolvidable no hubo en la lucha por nuestras libertades una voluntad más recia, una pluma más firme, ni un corazón más generoso que el de este amado compatriota… La vida política de Muñoz Rivera fue, desde entonces una vida sin tregua y sin cuartel, pero también de triunfos…”.

El pueblo reconoció en sus actos y en sus palabras, el más profundo sentido de responsabilidad política, la más inquebrantable voluntad de obtener para Puerto Rico derechos y libertades a la que debía aspirar, teniendo en cuenta siempre la realidad auténtica del país.

 

Luis Muñoz Rivera
La alcaldesa Felisa Rincón de Gautier y Don Ricardo Alegría durante la develación de la tarja en el edificio del periódico La Democracia.

Justo es terminar este arículo con palabras de la poeta Clara Lair cuando en su artículo publicado en el Puerto Rico Ilustrado, titulado: Un caso de leyenda reconoce que había una relación enamorada entre el pueblo y el periodista. Muñoz Rivera les decía verdades que solo nacen del amor y el pueblo lo lloró con un entierro, “apoteósico” de la costa a la montaña, entre flores y velas. Su valor apalabrado enamoró al pueblo. Es justo y necesario que nuevas generaciones de periodistas conozcan esa pluma como su estilo moderno y justiciero.

Clara, como testigo de una época escribió sobre ese enamoramiento:  “Pueblo pequeño y oprimido, desinteresado y valiente, la palabra arrogante, amarga, llenaban por entero sus ansias de un redentor. Para colmar hasta el borde de la admiración de su cálido pueblo del trópico, Muñoz Rivera era a la vez un ejemplo supremo de virilidad. Sus campañas, más que campañas políticas, ideológicas y culturales, eran campañas políticas viriles: con la avalancha de su virilidad… La multitud que siempre es femenina, lo amaba o lo odiaba rendida o rabiosamente… Aquella superabundancia de su virilidad manaba de su pluma, hacía estampidas sus frases; fusiladas sus ataques.  La musa poética amorosa de la época, imponiendo a los versistas un tono melifluo y lánguido casi femenino, Muñoz Rivera instintivamente la desdeño. …La fuerza y el dolor que ponía en sus campañas, sus frases llenas de arrogancia a veces, de amargura otras. El pueblo no se detuvo nunca lo que traía aquella mano, adoraba aquella mano. Clara Lair, la autora de este artículo vio morir a Luis Muñoz Rivera. Murió como había vivido, viril, dramáticamente. La enfermedad, la agonía no lograron nivelar aquel selecto ejemplar de aristocracia humana. Su ademán no perdió su elegancia, la distinción su lenguaje, aún en el delirio de la enfermedad, en el balbuceo de la muerte conservo aquel sello de fina autoridad que lo hacía irrefutable. Puerto Rico lloró a Muñoz histérica, femeninamente. Al enterrarlo no enterró a un gran político, a un gran estadista, a un hombre de letras: ENTERRÓ AL SÍMBOLO DE SU ROMANCE”.

 

Por: Elsa Tió
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