Luis Muñoz Rivera y el Bill Hollander… un juicio fabricado y una reunión secreta

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Fragmento ensayo sobre Luis Muñoz Rivera

Las fuertes denuncias de Luis Muñoz Rivera contra el Bill Hollander, que buscaba despojar a los puertorriqueños de sus tierras, provocaron que le fabricaran un caso. Ese y otros escritos causaron el destrozo de su imprenta, con el respaldo del gobernador Allen. Sin embargo, antes de la celebración del Juicio se da una reunión secreta y dramática …

Sucedió que en 1901 los constantes y vigorosos artículos de Luis Muñoz Rivera (LMR) denunciando y combatiendo las nefastas medidas políticas, económicas y culturales que se le impusieron al país bajo la dictatorial Ley Foraker, provocaron la cólera del gobernador Charles Allen. Pero las reacciones más virulentas contra LMR se dieron principalmente cuando puso el dedo en la llaga, al éste denunciar y revelar el tenebroso Bill Hollander. LMR entró en terreno peligroso contra un congresista al enfrentarse a los poderosos intereses azucareros, que diseñaban a espaldas del País, en complicidad con el gobierno, el despojo de nuestras tierras agrícolas.

El plan consistió en dividir la isla en cuatro zonas azucareras. Recordemos que la caña de azúcar era el oro de la época y para ello necesitaban adueñarse de las tierras de nuestros agricultores. Luis Muñoz Rivera desde su periódico El Diario, ubicado en la calle Fortaleza, desenmascaró al congresista Hollander y reveló en el 1901:

 “…el plan de dicho proyecto tenía como propósito forzar a los propietarios pobres a vender sus fincas o abandonarlas a otros más afortunados”. Y prosigue: “Después del ciclón y la crisis económica que viene atravesando este País, pocos son los agricultores que pueden resistir el Bill Hollander. La mayoría tendrá que entregar sus propiedades a los “trust” (fideicomisos) americanos, ya se deben estar formando para comprar a Puerto Rico… Hay un americano, Mr. Hollander, partidario de la asimilación a todo trance, viene a facilitar el camino; si se aprobara su “bill” (proyecto de ley), antes de un lustro la mayoría de las fincas habrían pasado de mano de los puertorriqueños a los continentales. Estos una vez afincados serían los dueños absolutos del País, y tras la emigración de braceros que ha empezado, vendría la de los propietarios y tras estas la emigración de todas las clases sociales”. “El Bill Hollander…”, sigue diciendo Muñoz Rivera: “…es pues el primer puntapié con que se ha de arrojar de este país a un pueblo y a una raza”.

Ante sus desgarradoras, angustiosas revelaciones la respuesta del gobierno norteamericano en la isla fue silenciar a LMR a toda costa, contrarrestarlo, inutilizarlo y tratar de eliminarlo políticamente con falsas acusaciones.  Muñoz Rivera se dio cuenta que el interés de esa época en Estados Unidos no fue otorgar libertades y poderes al pueblo de Puerto Rico, sino proteger para sus inversionistas el oro de la época, que era la caña. Y el cultivo de la caña en Puerto Rico se convirtió en una industria absentista.


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Debido a esa nefasta política pública Puerto Rico sufrió por décadas un proceso masivo de confiscación de tierras agrícolas, que cultivaba tanto el jíbaro, como el hacendado puertorriqueño. Esta siniestra estrategia la organizó, la empezó el gobernador norteamericano, Charles Herbert Allen, (1848 – 1934).

La táctica de Allen para lograr su propósito y de paso acallar a LMR fue respaldar de forma burda al Partido Republicano en Puerto Rico que apoyaba incondicionalmente todas las iniciativas anti puertorriqueñas del gobierno. Y ese apoyo tuvo como resultado el que se formaran en el 1901 las violentas turbas republicanas, de tan vergonzosa recordación.

Turbas Republicanas protegidas por el manto poderoso del gobernador

Éstas actuaban sin temor, con plena libertad de acción e impunemente contra la vida de Muñoz Rivera y la de su familia. Y con la complicidad de la prensa conservadora y el liderato republicano que no cesaban de injuriar, calumniar, perseguir y atacar a Muñoz en alianza con el gobernador. La vida de LMR corría constante peligro. Pero los intentos de eliminarlo se les hacían difíciles porque a LMR lo protegía el amor delirante de su pueblo.

El gobernador Allen, en su afán de apoyar y proteger el proyecto Hollander y para acallar a la disidencia, les facilitaba a las turbas su radio de acción; éstas destruyeron impunemente la imprenta de LMR, ubicada en la calle Fortaleza.  Y anunciaron en una hoja suelta que se repartió por la ciudad que se atacara a LMR. Durante el juicio se describió el ataque llevado a cabo por las turbas a la imprenta del periódico: “irrumpieron en la imprenta y oficinas del Diario de Puerto Rico, periódico del señor Muñoz Rivera, rompiendo cristales, destrozando máquinas, arrojando a montón por las alcantarillas de la calle los tipos (de imprenta) y destrozando en medio del arroyo las ediciones”.

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Luis Muñoz Rivera

Como dato interesante, el gobernador Allen dejó la gobernación de Puerto Rico para crear su propia compañía azucarera: “He formed the American Sugar Refining Company—a sugar syndicate which, by 1907, was the largest in the world. It owned or controlled 98% of the sugar processing capacity in the U.S. and was known as the Sugar Trust. Allen was treasurer of American Sugar Refining in 1910, its president in 1913, and in 1915 he joined its board of directors. In the early 21st century, the company is known as Domino Sugar”.

Las denuncias de LMR resultaron ciertas, sus ataques en la prensa al Bill Hollander anticiparon el desastre. Años más tarde, en 1904, el periodista Luis Muñoz Rivera en otro artículo tremendo les pidió a todos los puertorriqueños que, “se unan y miren de qué modo triste y alarmante, la pobreza que cunde en el país le duele ver como se aclimata la juventud, mientras se abre el sitio a la gente forastera, no cierren los ojos a la evidencia de los hechos”.

Con rabia y desesperación sigue describiendo el aterrador panorama de la industria agrícola en el País.  Y a tres años de su famoso juicio en su contra y -tan temprano como en 1904- describió el resultado de esas políticas que hicieron crecer la miseria a través de todo el país:“De las ciudades y los campos se alza el rumor de un descontento sordo y profundo o el clamor de una protesta que ya no cabe en los moldes de nuestra mansedumbre legendaria. La agricultura paga jornales exiguos porque la producción no basta para compensar al trabajador; el comercio no era ya refraccionista porque perdió inmensas sumas en la crisis que le agobia; no hay crédito, los negocios marchan con lentitud abrumadora, el hambre, que no existió nunca en nuestra Isla, existe dondequiera, en el litoral lo mismo que en el interior. Las fincas que representaban valores inmensos representan valores ridículos. Familias que en el 1898 vivían en la opulencia en 1904 mueren sobre harapos de indigencia. El malestar engendra la emigración, y a Hawái, a Yucatán, a Cuba y a Santo Domingo van los infelices braceros buscando el trozo de pan que Puerto Rico les rehúsa”.

Y añade, “en Puerto Rico no influyen nada los puertorriqueños, aunque se apelliden Republicanos y obedezcan sumisos las órdenes oficiales…” refiriéndose al Partido Republicano en Puerto Rico que aplaudió de forma incondicional todos los cambios nefastos que impuso entonces el gobierno norteamericano, desde un entreguismo desleal.

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Cayetano Coll y Cuchi y Luis Muñoz Rivera en la portada de Puerto Rico Ilustrado

Pero ese no fue el único asunto que combatió LMR; serán múltiples los asuntos que combatirá, como el plan de eliminar los municipios y describe: “para eliminarlos por completo, se les quitó a los municipios su autonomía, se redujo a los Ayuntamientos hasta trocarlos en juntas decorativas, se concentró en oficinas en San Juan la potestad de intervenir en los asuntos y de resolver los problemas municipales, de tal suerte que siendo americanos los jefes en esas oficinas, al exclusivo criterio americano, que obedezca a la administración desde sus detalles más leves hasta sus negocios complicados y trascendentales. Es esto acapararlo todo, explotarlo todo, e ir colocando a los indígenas en la desesperante alternativa de abandonar la patria”.

Por su parte, Cayetano Coll y Cuchi escribió sobre el famoso juicio cuando le fabricaron un caso a Luis Muñoz Rivera: “Fue un momento cuando el gobierno perseguía y solicitaba el presidio, bajo los pliegues de la bandera americana para los más nobles próceres de nuestras luchas libertarias…” Y en la tercera sesión del juicio comentó que “el gran proceso se inició como los anteriores, lleno de espectadores. La prensa comenzaba a publicar detalles del juicio y la ansiedad pública llegó a un extremo jamás conocido hasta ahora.” “Todos se preguntaban con terror si después de escapar 42 veces a la justicia española, el gran campeón de las libertades públicas y sus compañeros sufrirían la suerte de Evaristo Izcoa Díaz, vistiendo traje de presidiario bajo la soberana autoridad de Estados Unidos de América”.


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Ante la burda fabricación del caso y el peligro real de que LMR enfrentara la cárcel, creció paralelamente la solidaridad con el líder. La reacción de indignación y preocupación no se hizo esperar. La angustia era válida; Luis Muñoz Rivera se exponía, junto a los otros acusados que lo acompañaron, a cuatro años de cárcel: “Las penas que corresponden y deben imponerse a cada uno de los acusados son las de cuatro años, dos meses y un día de prisión correccional, multa de seiscientas veinte y cuatro pesetas con apremio personal en caso de insolvencia, accesorias del artículo 60 del código”.

Ya comprobamos el porqué de esa cólera y ataques brutales contra el periodista LMR, por defender al país, en los que su vida corrió constante peligro. Y también es muy interesante conocer lo que aconteció antes que empezara el juicio y que dio paso a una reunión secreta.

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Imagen: Matienzo Cintrón, Luis Muñoz Rivera y Herminio Díaz Navarro, que fue testigo en el juicio a favor de LMR 

Una reunión secreta ante cuatro años de cárcel …

La amenaza de que Luis Muñoz Rivera pudiera ser declarado culpable y encarcelado por cuatro años propició y precipitó una reunión dramática y secreta que se dio en Caguas. Allí había tenido que mudar LMR sus oficinas para proteger su vida, y la de su familia luego que las turbas republicanas destrozaran su imprenta en la calle Fortaleza del Viejo San Juan donde también había ubicado su hogar en el segundo piso.

Lo que aconteció en esa reunión secreta lo descubrimos poco antes de que empezara el famoso juico. En el libro Laureles Póstumos, publicado en 1916, un testigo ocular llamado Fernando J. Matías lo  relata:

 “Llegaba el momento en que Muñoz debiera volver a San Juan para asistir a la celebración del juicio por las demandas implantadas contra él… Entonces se personaron en la oficina de Muñoz cinco caballeros de desahogada posición, de esclarecido talento y algunos de ellos con título universitario, a tener una conferencia con él. Vamos a decirlo por haber sido testigo ocular de ella”, prosigue Fernando J Matías. “¿Qué motivó esta reunión secreta? Aquellos cinco caballeros manifestaron a Muñoz que en conocimiento de que a la celebración del juicio se le condenara a afrentosa prisión, ellos, los presentes, tenían a su disposición ocho mil hombres armados dispuestos a tomar por asalto a San Juan si el tribunal lo condenaba”.

“Pero Muñoz ante esa resolución contestó: ‘No permitiré jamás que por mi causa se derrame una sola gota de sangre de mis paisanos. No se me oculta el porvenir que me espera, pero lucharé hasta salir victorioso. Y sí por desgracia caigo quiero caer solo, pero jamás, entiéndase bien, jamás quiero que en el mañana por mí se lleve a los hogares de mis paisanos el luto y la desesperación’”.

“Larga fue la discusión que sostuvieron esos caballeros con Muñoz. Por último, levantándose Muñoz de su silla dio un golpe en la mesa y dice con fuerte voz: ‘¡He dicho que no y no!’ Aquellos caballeros que bajaron la cabeza contestaron: ‘Puesto que usted no quiere, así sea’. No obstante, uno de los caballeros que frisaba los setenta años al levantarse de la mesa dijo a Muñoz: ‘Amigo Luis, yo respeto su resolución, pero no respondo de lo que sucederá si el tribunal le condena.’”

Podemos concluir que solo un hombre de verdad, que ama mucho a su pueblo, prefiere enfrentarse solo ante la adversidad, sin perjudicar y sacar provecho de sus compatriotas. Sin embargo, a pesar de que fue declarado inocente, seguirá LMR experimentando en el siglo XX una vida de sobresaltos, represalias y persecuciones de parte de las turbas republicanas que no paraban en repetir atentados contra su vida. Igualmente fue difamado por la prensa republicana que lo atacaba a diario. Pero Muñoz Rivera no se acobardó y buscó de forma clandestina otra imprenta. Pero esa es otra historia.

Luis Muñoz Rivera nació en Barranquitas el 17 de julio de 1859, el amor por su patria fue mayor que la tentación por el dinero. De joven abandonó el comercio por la poesía. Rechazó la oferta de su padre para dedicarse, como él, al comercio, con el fin de hacer fortuna. Pero para fortuna del país, desoye los consejos paternos y el poeta que habitaba en él le dicta otra ruta a seguir. Empieza a escribir poemas a concursar en certámenes literarios ante el desagrado del padre.

Sin embargo, la situación colonial que sufría Puerto Rico desde la época de España hería la sensibilidad del poeta y dio paso a que surgiera en él su vocación de periodista de combate de la que hablamos hoy. 

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