Julio Carlos de Arteaga y Matheu: musicólogo de excelencia (1866-1923)

Julio Carlos de Arteaga
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Su interés por la música se inició a los siete años con el estudio de teoría y solfeo, y su primer instrumento fue el violín, que luego, a los ocho años abandonó por el piano. A los trece años, su pasión por el piano lo convirtió en un niño prodigio.   

Julio Carlos de Arteaga y Matheu fue pianista, organista, maestro de música, compositor, director de orquesta, crítico musical, gran concertista y gestor cultural. Se casó con su discípula, Nicolasa Torruella y tuvieron tres hijos; entre ellos, su hija Genoveva, quien se destacó como una eminente pianista a nivel internacional.

Julio Carlos de Arteaga tuvo escuela de piano en diferentes municipios del país, particularmente en Ponce. Genoveva, tuvo a su padre como su primer maestro piano y ella pudo aprender y desarrollar su técnica y también fundar en 1936 el Conservatorio de música y declamación de San Juan.

 

Julio Carlos de Arteaga

Su padre tuvo grandes logros como musicólogo. Sin embargo, el consideraba que su mejor cosecha fue su hija Genoveva, que también fue una de las grandes pianistas que tuvo Puerto Rico en toda su historia musical. Julio Carlos de Arteaga nació en Yauco en 1866. En 1868, a los dos años, su familia se trasladó a Ponce. Su padre lo nombraron alcalde de esa ciudad. En esa época, ocurre en Ponce una horrenda epidemia de viruela, negra o africana, que redujo a su familia solo a dos miembros: Julio Carlos y su hermana Herminia.

Era hijo de Diego de Arteaga y de Isabel Matheu, cuya familia desciende del venezolano Francisco de Paula de Arteaga, que, en 1821 desembarcó con su esposa en el puerto de Mayagüez, expulsados por el Libertador Bolívar por sus ideas contrarias a los principios de la revolución bolivariana.

Allí se estableció y formó la primera generación de la familia Arteaga en Puerto Rico. Al quedar huérfano y a punto de morir de viruela, el médico Ángel Aguerrevere y su esposa Luisa, acogen a Julio Carlos de Arteaga, en su hogar y le salvan la vida.

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Su interés por la música se inició a los siete años con el estudio de teoría y solfeo, y su primer instrumento fue el violín, que luego, a los ocho años abandonó por el piano. A los trece años, su pasión por el piano lo convirtió en un niño prodigio.

A los doce años Julio Carlos de Arteaga, ya cursaba la escuela secundaria y dominaba la gramática, el francés y el inglés. También estudiaba música. A la edad de catorce años, su padrino de Confirmación, Pedrito Salazar le sufragó seis años de educación en Nueva York, en donde estudió idiomas, órgano, con el notable organista canadiense Samuel P. Warren, bajo cuya dirección alcanzó apreciables progresos. Además, estudió piano con Gonzalo J. Núñez, el maestro puertorriqueño que estudió en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París (1872-1873), de ahora en adelante, el Conservatorio.

Julio Carlos de Arteaga viajó en dos ocasiones a París y en el segundo viaje pasó el 9 de noviembre de 1883 los exámenes de admisión al Conservatorio. Para efectos de los requisitos de edad del Conservatorio, llevó una certificación con la fecha de nacimiento de 29 de octubre de 1865.

Tuvo la dicha que su admisión fue una decisión del jurado, después de escuchar y evaluar las interpretaciones que hizo en el piano, y que el director del departamento de piano George Mathiasn -antiguo y predilecto discípulo de Chopin- por doce años, lo pide para su clase de piano.

Julio Carlos de Arteaga tuvo maestros de solfeo, armonía y teoría como Halévy A. Tandou; de canto con el insigne barítono E.  Crostí, antiguo discípulo del profesor italiano de canto, Francesco Lamperti. De Arteaga fue discípulo auditor de la clase de alta composición musical del genial Jules Émile Frédéric Massenet, quien fue un compositor francés del Romanticismo conocido principalmente por sus óperas populares durante finales del siglo XIX y principios del XX.

En octubre de 1886 Julio Carlos de Arteaga entra como alumno a la clase de acompañamiento con el maestro Auguste Bazille, un pianista admirado por el compositor Meyerbeer. También ingresó en la clase de órgano e improvisación del ilustre maestro, organista y compositor francés de origen belga, Cesar Auguste Frank.

En 1887 Julio Carlos de Arteaga es admitido a participar en concurso, obteniendo el segundo premio y en 1888 consigue el primer premio de acompañamiento al piano. Finalizó los estudios en junio de 1888.Fue de los pocos estudiantes puertorriqueños que estudiaron en el Conservatorio, durante el siglo XIX, que terminaron formalmente sus estudios.

Ese mismo año regresó a su tierra natal, con su piano de cola y dos baúles llenos de partituras de orquestas, 20 sinfonías y 10 conciertos de su repertorio preferido para piano; además, de los textos usados en los cinco años de estudios. El repertorio de nuestro ilustre musicólogo Julio Carlos de Arteaga incluía a los clásicos, especialmente a Chopin, Debussy, Cesar Frank y Rachmaninoff. Tuvo una gran influencia en la cultura musical de la isla.

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Llegó a su país, con mucha pasión y compromiso, de poder compartir con su pueblo sus nuevos conocimientos. Ofreció su primer concierto en el Teatro La Perla, donde asistió una gran representación de la aristocracia de Ponce; luego allí mismo, abrió su estudio; entre sus discípulos en la Perla del Sur (1888-1890) se destacan: Elisa Tavarez, Heraclio Ramos, José I. Quintón y Nicolasa Toruella, con quien se casó el 8 de agosto de 1890.

Julio Carlos de Arteaga vivió en La Habana (1890-1895) y tuvo como alumna destacada a Monita Seba; mientras que en su estadía en Nueva York (1900-1905) fue profesor de piano en el Manhattan Convent of the Secret Heart  y profesor superior de piano del German Conservatory (New York  College Music). En 1905 retorna a Ponce, pero al poco tiempo decide trasladarse a San Juan  y abrir su propio estudio.

En la capital de Puerto Rico Julio Carlos de Arteaga tuvo como estudiantes a Luis R. Miranda, Rafael Alers y Monsita Ferrer. Además, compartía, entre 1906 hasta 1918, su tiempo de maestro, como organista de la Catedral Episcopal de San Juan. Desde San Juan, hizo tres giras de conciertos: Venezuela, Santo Domingo y La Habana.

En 1920 regresó a Nueva York donde murió el 5 de septiembre de 1923. Tenía 57 años. Los restos de Julio Carlos de Arteaga fueron trasladados, por iniciativa de Genoveva, a su país de origen el 6 mayo de 1979 y reposan en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis en el Viejo San Juan a las afueras de las murallas del Castillo San Felipe del Morro. Es morada final para los restos de muchos puertorriqueños prominentes.

Durante su larga trayectoria de arduo trabajo en beneficio de su querida gente, Julio Carlos de Arteaga realizó una encomiable labor educativa que le ganó el reconocimiento y el agradecimiento de su familia, amigos, discípulos y compañeros. Fue un amigo cabal sin condiciones y ferviente defensor de sus ideales patrios.

Contemporáneo del compositor Juan Morel Campos, a quien le propuso establecer una escuela de música en Ponce, pero la repentina muerte de Morel en 1896 no permitió que se realizara ese proyecto. También luchó, al igual que los hermanos Paoli, Jesús Figueroa y Carmen Sanabia y Callejo, apasionadamente porque se estableciera un conservatorio de música en Puerto Rico.

 

Julio Carlos de Arteaga
Genoveva de Arteaga, hija de Julio Carlos de Arteaga. Foto Archivo Centro de Estudios Puertorriqueños Hunter College, NYC.

Julio Carlos de Arteaga fue un buen crítico musical, durante muchos años escribió para varios periódicos de su época. El 15 de febrero de 1906 fundó la Revista Puerto Rico Musical junto a los redactores Arístides Chavier Arévalo, Manuel Martínez Plée, Fernando Callejo y Luis Felipe Dessús. El segundo y último número de esa publicación salió el 28 de febrero de 1906.

Luego fundó en enero de 1907 la Revista de Música, bajo su dirección y la de Martínez Plée; con la participación de los colaboradores: Braulio Dueño Colon, Chavier, Callejo y Ramon Morlá. Se publicaron seis números, en igual cantidad de meses, siendo el último el 30 de junio de 1907. Dejó de publicarse y el enfoque y objetivos de esta iniciativa la retoma el periódico El Carnaval, que le asignó un espacio para analizar temas relacionados con la música.

Durante muchos años Julio Carlos de Arteaga fue el organista y director de coro de la iglesia Episcopal St. John’s en San Juan. Participó activamente en el Club de Ponce, que organizó el educador Dr. Alfredo Aguayo, a nombre de la Junta Revolucionaria de Borinquen, con sede en Nueva York. Con el apoyo de los miembros de esa Junta, el Dr. Aguayo, del Dr. Julio H. Henna y Sotero Figueroa, de Arteaga compuso en junio de 1896 la Marcha-Himno Puerto Rico, con letra del escritor Félix Matos Bernier.

Era un gran polemista en 1920 mantuvo, en las páginas del periódico El Mundo, una interesante polémica con Chavier Arévalo. Puerto Rico le debe a Julio Carlos de Arteaga el lugar más privilegiado que un país le debe asignar a uno de sus más venerables hijos.

 

Por Néstor Murray-Irizarry, historiador y fundador de la Casa Paoli

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