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Historia

Luis Muñoz Rivera y otros patriotas defienden a Amalia Paoli y Román Baldorioty de Castro

Por 8 min lectura
Amalia Paoli

En momentos que se ha puesto de moda la tergiversación histórica es oportuno traer a la luz diversas controversias que sucedieron en la prensa entre los años 1887 al 1892 en la ciudad de Ponce. En ellos descubriremos el triste papel que acabó desempeñando el periodista español Francisco Cepeda Torbecias radicado en Ponce. Paralelamente, conoceremos el papel honroso que desempeñó Luis Muñoz Rivera junto a otros patriotas, cuando se enfrentaron a las injustas afrentas de Cepeda. Fue en La Perla del Sur que ocurrieron diversos momentos dramáticos muy diferentes entre sí y es un gusto arrebatárselos al olvido.

Uno de esos momentos fue descubrir la defensa que dos patriotas realizaron en pro de una mujer muy singular. La mujer singular fue Amalia Paoli (1861- 1941) cantante de ópera y hermana del excelente y magistral tenor Antonio Paoli.  Todo sucedió en Ponce, cuando el joven poeta y periodista Luis Muñoz Rivera y el periodista Pachín Marín, con gesto patriótico y solidario defendieron de una crítica mordaz e injusta a nuestra diva.

Amalia Paoli, ponceña de nacimiento se había graduado en el Conservatorio de Madrid, “destacándose en la capital española por su voz dulce, melodiosa, potente y extensa. Estuvo bajo la tutela del reconocido maestro de canto Napoleón Vergez, y por los contactos en la corte, la reina María Cristina de Habsburgo le otorgó el título de Cantante de Cámara de la Casa Real Española”.

Por su talento y preparación, merecía Amalia Paoli un reconocimiento. Sin embargo, su llegada a Puerto Rico para presentarse en el teatro La Perla en Ponce fue recibida por un artículo prejuicioso que causó malestar e indignación. El mismo lo escribió el director del periódico La Revista, en Ponce, el temible periodista español Cepeda Torbecias, conocido por su temperamento autoritario, rudo y prepotente.

Tan descabelladas se interpretaron las palabras de Cepeda, que las reacciones no se hicieron esperar. El periodista Ramón Lebrón, en el 1916, publicó en el libro titulado Laurales Póstumos, un artículo a la muerte de Luis Muñoz Rivera titulado Siempreviva, donde reveló que, “Muñoz Rivera no toleraba la cobardía, ni la indignidad. Lo que lo impulsó a librar inmediatamente su primera campaña periodística en pro de la diva puertorriqueña Amalia Paoli.  En ese mismo artículo Lebrón se refiere a Pachín Marín como “el visionario de la libertad, el poeta héroe, que murió en los campos de Cuba, y salió al encuentro de Cepeda en defensa de Amalia Paoli”.

El historiador Salvador Arana Soto también resalta la firme defensa a favor de Amalia Paoli en el que intervino “inmediatamente” Muñoz Rivera, y citó a Ramón Lebrón al afirmar que “Cepeda trataba de anularla como cantante; significando, además, que en Puerto Rico no había ambiente para el arte. Al tercer artículo intervino Muñoz Rivera desde su periódico La Democracia, que fundó en 1891… y se entabló entonces un duelo a muerte entre los dos geniales periodistas”.

El carácter intimidante de Cepeda no logró detener el valor de nuestros patriotas que respondieron vigorosamente. Razones de sobra tenían los ponceños para revelarse, se sentían orgulloso de la calidad de nuestra diva ponceña, como del ambiente culto y refinado de su ciudad, que era visitada por artistas locales e internacionales de gran prestigio que debutaban en el teatro La Perla.

Amalia Paoli
Kiosko Árabe fue construido para la Feria Exposición de Ponce en 1882.

Ponce se había consolidado como una meca cultural y económica, con anterioridad a la controversia pública con Cepeda. Cuando se celebró en Ponce la Feria de la Exposición de 1882.  En un libro muy interesante titulado Fundación del Partido Autonomista, Raymond RollocK, ofrece datos de dicha Feria. Fue la primera Feria que se celebró fuera de la ciudad amurallada (San Juan). Organizando eventos que duraron 16 días a la que asistió también Baldorioty, y fue subvencionada por los ponceños. Ponce como eje del movimiento económico -cultural único en la isla, era una ciudad cosmopolita que dejó un fuerte impacto social en la literatura, las Bellas Artes, la música, las industrias forestales, en la industria pecuaria, las artes industriales.

Inclusive Eugenio María de Hostos elogió dicha Feria y expresó que “Ponce todo se lo debe todo a sí misma, nada a nadie”. Además, la calificó como una ciudad ejemplar de Puerto Rico al celebrar dicha feria por su propia iniciativa individual. Cuando llega hasta vencer la postración tradicional del país.  Recordemos que Ponce gozaba de un puerto con una agitada actividad comercial.

Sin embargo, el tema de la ciudad de Ponce y Amelia no fue la única controversia que Muñoz Rivera sostuvo con Cepeda. Varios años antes, en 1889, Ponce fue testigo de una lucha dramática, feroz, intensa y angustiosa. Cuando el mismo periodista español Cepeda Torbecias, con su estilo prepotente ofendió a una figura principal y fundamental de nuestra historia. Como lo fue don Román Baldorioty de Castro. La razón, Cepeda quería usurpar la Presidencia del Partido Autonomista que presidía Baldorioty. Cepeda era un asturiano, que llegó a Puerto Rico, por encomienda del jefe de la minoría autonomista, el español don Rafael María de Labra de origen cubano que residía en Asturias.

El historiador Salvador Arana, rememora a Cepeda cuando “desde su habitual estilo insultante entró en controversias con Baldorioty. Sin importarle que se encontraba en su lecho de enfermó muy delicado de salud.  Ese mismo año del 1889, muere Baldorioty en la miseria, pero millonario en el respeto y admiración de todo un país.

Amalia Paoli
Baldorioty de Castro

Los artículos de Cepeda contra Baldorioty se recibieron como una ofensa. Baldorioty era reconocido por su integridad. El que “no le escatimó sacrificios a la patria”, “el que nunca estuvo dispuesto a claudicar principios, ni buscar ventajas”. El que sufrió el destierro forzoso y la cárcel por defender sus ideas. Cepeda con sus palabras lo que hizo fue levantar un oleaje de indignación. En esta ocasión Luis Muñoz Rivera, que entonces vivía en Barranquitas, Salvador Brau, desde San Juan, Ramón Marín desde Ponce y otros patriotas defendieron al padre del autonomismo .

Muñoz Rivera, en el 1889 a los 29 años, desenfundó su pluma como fusil para defender a Baldorioty y entró en agrias disputas con Cepeda.  A la muerte de Baldorioty, desde su periódico La Democracia, Muñoz Rivera publicó un emotivo artículo en su nombre titulado Sin Miedo y sin tacha.  Al principio la lucha en la que Cepeda pretendía obtener la presidencia del Partido Autonomista dividió la opinión pública. No obstante, el país cayó unánime del lado de Muñoz Rivera.

No obstante, las tempestuosas declaraciones públicas de Cepeda contra Baldorioty tomaron por sorpresa a los autonomistas. Aunque sirvieron para descubrir su verdadera personalidad y el resultado fue trocar la ilusión en desengaño.  Porque este es el mismo Cepeda, que dos años antes, en el año terrible de 1887, fue admirado por todos cuando se atrevió a defender con valor a los autonomistas. Entonces Cepeda publicó innumerables casos de compontes en su periódico La Revista, detallando las múltiples torturas y atropellos contra los autonomistas. En represalia Cepeda, fue uno de los 16 autonomistas presos en las bóvedas del Morro.

Con el tiempo se cumplió la máxima de Sócrates “carácter es destino”…

Cepeda por su falta de tacto, su estilo destemplado, arbitrario, injusto, su soberbia, rudeza y prepotencia, con los que él entendía eran los nativos, acabará ganándose el repudio de los mismos autonomistas que antes lo admiraron.

Sus injuriosas y falsas ofensas contra la dignidad de Baldorioty, motivadas por apetitos de poder al querer adueñarse del Partido Autonomista, su injustificado maltrato contra Amalia Paoli, sus insultos a nuestra capacidad como pueblo, inseparable de sus aires de superioridad imperial, entre otros sucesos, causaron el declive de su prestigio. Y paralelamente acabaron por desbordar la copa de la tolerancia.

Cobremos conciencia que luego de la Asamblea del 1887 -entre 1888 y 1892-, al Cepeda mostrar sus verdadera personalidad e intenciones su estadía en Puerto Rico se hizo insoportable. Al marchase, en abril del 1892, Muñoz Rivera lo despidió con un artículo titulado Buen Viaje.  Aquí un fragmento: “Tiene el señor Cepeda, entre sus condiciones de publicista vigoroso y genial, un vicio que trastorna la soberbia. En su concepto, fuera de él, no hay nada en Puerto Rico a que se deba a estimación. Ha querido empequeñecer y anular a todos sus compañeros de la Prensa. Ha maltratado en sus cartas particularmente a Celis, a Brau, a Vizcarrondo, a Baldorioty, a Marín, a casi todos los hombres de acción y de fibra.

Ese vicio le aleja de nuestro terruño. Solo puede seguir siendo, o no ya el primero: el único. A su lado no crecerán más que raquíticos arbustos de tronco desmembrado: si hay árboles los corta, o intenta cortarlos. De ahí su caída. Iracundo e implacable con nosotros nos atacó injustamente, sañudamente. Nos defendimos. Surgió el choque. No logró dominarnos; en la doctrina, en los temperamentos, en las palabras, aún en los hechos se inclinó a los conservadores y escribió a los puntos negros en que injuriaba los pobres, por ser pobres, por no tener perfumes para sahumar sus cuerpos”.

Cepeda defraudó al pueblo, y acabó marchándose del país “derrotado y despreciado ante la opinión pública.” Los escritos de Luis Muñoz Rivera y de nuestros patriotas, desde un sentido de afirmación puertorriqueña fueron determinantes para despojarlo de sus falsedades. La pluma de Muñoz Rivera seguirá trazando un camino de resistencia, y lucha a favor de nuestros derechos patrios. Sufrió por décadas múltiples arrestos, privaciones, intentos de asesinatos en su contra, y persecuciones ante dos imperios. Sus máximas “Puerto Rico para los puertorriqueños” y “La fuerza del país está en el país”, siguen vigentes. Tal fue su valor y el amor y lealtad que sentía por esta patria nuestra.

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Elsa Tió

Sobre el autor

La poeta puertorriqueña y defensora de la cultura y la lengua española, presidió el Pen de Puerto Rico Internacional, y ha recibido en dos ocasiones, el Premio Nacional de Poesía que otorga el Instituto de Literatura Puertorriqueña. Sus escritos han incluido semblanzas de Don Román Baldorioty de Castro y de Lola Rodríguez de Tió.

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