Hay libros que se leen como quien consulta una obra útil, y hay otros que llegan como una convocatoria del alma. Entre patriotas y poetas: espantando el olvido, de Elsa Tió, pertenece a esta segunda estirpe. No es solamente un volumen de evocaciones históricas ni una reunión de semblanzas sobre figuras fundamentales de Puerto Rico. Es, sobre todo, una invitación a volver a mirarnos como pueblo, a reconocernos en el espejo de quienes lucharon, escribieron, soñaron y padecieron por la dignidad de esta tierra.
En tiempos en que la velocidad de la vida moderna amenaza con convertir la memoria en un lujo y no en una necesidad, este libro aparece como una afirmación luminosa: un país que olvida a sus patriotas y a sus poetas corre el riesgo de quedarse sin brújula moral, sin lenguaje para nombrar sus dolores y sin ejemplos para sostener su esperanza. Elsa Tió comprende esa verdad con la intuición de los espíritus sensibles y con la pasión de quien sabe que escribir también es una forma de rescatar. Por eso, su obra no se limita a informar: conmueve, despierta, persuade y devuelve a la conversación pública nombres que jamás debieron ser reducidos a notas al margen de nuestra historia.
El gran mérito de este libro consiste en recordarnos que la historia de Puerto Rico no es una materia muerta, ni una sucesión de fechas sin sangre, ni un archivo frío reservado para especialistas. Aquí la historia palpita. Tiene rostro, voz, sufrimiento, valentía y ternura. Tiene, además, una función cívica ineludible: enseñarnos de dónde venimos para comprender mejor quiénes somos. Elsa Tió, poeta antes que historiadora en el sentido formal, logra precisamente eso: tender un puente entre el rigor de la memoria y la emoción de la palabra. Su prosa, en muchos momentos de gran belleza, hace que el lector no sienta que está ante una lección escolar, sino ante un reencuentro con la sustancia viva del país.
Uno de los grandes aciertos del volumen es su capacidad para reunir figuras decisivas de la historia y la cultura puertorriqueñas sin tratarlas como estatuas inmóviles, sino como seres humanos de carne y espíritu. Román Baldorioty de Castro, Lola Rodríguez de Tió, José Gualberto Padilla, Luis Muñoz Rivera y Trina Padilla de Sanz reaparecen en estas páginas no como nombres petrificados por la costumbre, sino como presencias activas que todavía dialogan con nuestro presente. Y ese diálogo no es ornamental: es urgente.

El libro devuelve a Román Baldorioty de Castro la dimensión de gran sembrador de país que con demasiada frecuencia no ocupa el lugar merecido en la conciencia de las nuevas generaciones. No se trata aquí únicamente del autonomista brillante, del reformador o del orador de luces excepcionales, sino del hombre que entendió la educación, la justicia y la dignidad como pilares de una nación posible. Elsa Tió lo presenta con admiración, sí, pero también con el pulso de quien sabe que recordar a Baldorioty no es un acto de museo: es una necesidad de la conversación contemporánea.
Y esa contemporaneidad ha vuelto a hacerse visible en tiempos recientes gracias al hermoso documental de la cineasta y productora Caridad Sorondo, Román Baldorioty de Castro: Camino de futuro, una obra cargada de poesía histórica que ha devuelto su figura al corazón del país y a la sensibilidad de nuevas audiencias. Así, Baldorioty no regresa como sombra ilustre de un siglo extinguido, sino como presencia viva que todavía alumbra el porvenir. En una época de extravíos, su figura vuelve a erguirse como ejemplo de inteligencia pública, disciplina moral y amor profundo por Puerto Rico, como si desde la hondura de nuestra memoria siguiera señalando, con mano serena, los caminos de futuro que la patria no debe olvidar.
De igual forma, la autora rescata con especial sensibilidad la vida y la estatura de Lola Rodríguez de Tió. En estas páginas, Lola no es solo la poeta inmortal ni la autora de versos que todavía nos estremecen; es también una mujer valiente, una conciencia activa, una fuerza moral en medio de las tormentas políticas del siglo XIX. Elsa Tió la retrata con una mezcla de ternura y admiración, y logra que el lector la sienta cercana, viva, necesaria. La Lola que emerge aquí es una mujer que convirtió la palabra en trinchera y la sensibilidad en coraje.
Y su contemporaneidad no es una metáfora vacía: quedó demostrada recientemente cuando una joven cantante, RaiNao, interpretó en el Coliseo Roberto Clemente, sede de los Cangrejeros de Santurce la letra revolucionaria de “La Borinqueña” escrita por Lola, provocando una intensa controversia pública. Aquel episodio confirmó que su voz no ha sido archivada por el tiempo, sino que todavía tiene la capacidad de irrumpir en la plaza pública, conmover sensibilidades y reabrir las preguntas esenciales sobre patria, identidad y libertad. Por eso, leer sobre Lola en este libro no produce la sensación de visitar una figura lejana, sino de reencontrarse con una de las madres espirituales de Puerto Rico, cuya palabra aún respira en los conflictos, los símbolos y las esperanzas del presente.
La presencia de José Gualberto Padilla, “El Caribe”, añade al volumen una intensidad singular. Médico, poeta, patriota, Padilla representa esa rara estirpe de seres que supieron convertir su talento en servicio y su indignación en verbo. La autora lo acerca al lector con un pulso que sabe combinar el dato, la evocación y el reconocimiento. Lo mismo ocurre con Trina Padilla de Sanz, figura imprescindible de nuestra cultura, cuya vida es presentada como una confluencia de arte, identidad, sensibilidad patriótica y afirmación femenina. Elsa Tió la rescata con justicia, devolviéndole no solo su dimensión intelectual, sino también su condición de guardiana de una memoria familiar y nacional que todavía nos sostiene.

Quizá uno de los momentos de mayor potencia del libro sea el tratamiento de Luis Muñoz Rivera. Aquí no comparece como una figura simplificada por los lugares comunes, sino como un protagonista complejo del Puerto Rico finisecular, un líder que tuvo que pensar y defender al país en medio de las tensiones impuestas por dos imperios. La autora se adentra en su trayectoria con profundidad y con voluntad de matiz, evitando la caricatura y apostando por una mirada que reconoce tanto su grandeza como la densidad de las circunstancias históricas que enfrentó. Esa aproximación hace que el lector pueda apreciar mejor no solo al personaje, sino la fragilidad y la dificultad del momento histórico en que le tocó actuar.
Particular relevancia tiene, además, la recuperación de materiales y episodios que ayudan a iluminar zonas menos transitadas de nuestra historia política. El libro muestra que todavía hay documentos, gestos y procesos por redescubrir; todavía hay piezas del rompecabezas nacional que esperan una mano responsable que las vuelva a colocar en su sitio. Y esa es justamente una de las razones por las que esta obra merece ser leída con atención: porque no se contenta con repetir lo sabido, sino que insiste en hurgar, rescatar, confrontar el olvido y poner a circular otra vez aquello que el tiempo, la desidia o los intereses del poder intentaron relegar.
Pero acaso la mayor virtud de Entre patriotas y poetas: espantando el olvido es que no se queda en el pasado. Este no es un libro que mire hacia atrás por mera nostalgia. Es un libro que se vuelve hacia el ayer para intervenir el presente. Su lectura deja una impresión clara: la memoria no es un adorno de la identidad, sino uno de sus cimientos. Cuando un pueblo pierde la relación con quienes lo pensaron, lo defendieron, lo cantaron y lo soñaron, comienza también a perder su capacidad de orientarse en el porvenir. Elsa Tió entiende que esa batalla por la memoria es, en el fondo, una batalla por la continuidad espiritual del país.
Por eso, este volumen tiene además un valor pedagógico y ciudadano extraordinario. Sería deseable que lo leyeran maestros, estudiantes, gestores culturales, padres, madres, bibliotecarios, lectores jóvenes y adultos, y todo aquel que intuya que Puerto Rico necesita volver a conversar consigo mismo desde una base más honda. Este libro puede cumplir esa función porque está escrito desde el amor al país, pero sin caer en el sentimentalismo vacío; desde la admiración, pero sin abandonar la responsabilidad intelectual; desde la belleza verbal, pero sin perder claridad. En otras palabras, es un libro que puede tocar al lector culto y también al lector que se acerca por primera vez a estas figuras.
No es poca cosa que una obra logre instruir y seducir al mismo tiempo. Y precisamente ahí reside otra de las claves de su atractivo. Elsa Tió escribe con una voz que tiene música, cadencia, fervor y convicción. Esa voz hace que cada capítulo se abra como una puerta hospitalaria hacia vidas que merecen ser mejor conocidas. No estamos ante una obra árida ni ante un texto destinado a quedarse en anaqueles silenciosos. Estamos ante un libro con vocación de circular, de ser regalado, comentado, compartido, discutido. Un libro que pide lectores porque está hecho, justamente, para despertar lectores de la historia.
En un país donde tantas veces la prisa, la crisis o la resignación parecen empujar la memoria hacia los márgenes, libros como este cumplen una misión mayor. Nos recuerdan que todavía es posible defender la herencia moral e intelectual de Puerto Rico desde la palabra escrita. Nos recuerdan que la patria también se cuida rescatando nombres, recomponiendo relatos, devolviendo dignidad a quienes nos precedieron. Y nos recuerdan, sobre todo, que leer puede ser todavía un acto de afirmación colectiva.
Quien se acerque a Entre patriotas y poetas: espantando el olvido no encontrará solamente un desfile de nombres ilustres ni una galería de figuras admirables rescatadas del polvo del tiempo. Encontrará, más bien, un país que todavía respira bajo sus cenizas, una patria que, aun herida, se niega a entregar del todo su luz. En estas páginas laten las voces de quienes soñaron a Puerto Rico con valentía. De quienes lo defendieron con la palabra, con la ternura y con la dignidad de sus sacrificios.
Y es que Elsa Tió ha escrito una obra que no solo honra esa persistencia, sino que nos invita a creer que la memoria puede volver a sembrar futuro allí donde otros quisieron sembrar olvido, odio, apatía y resentimiento. Y acaso ese sea el mayor milagro de este libro: recordarnos que todavía estamos a tiempo de redimir a Puerto Rico, de devolverle su rostro más hondo, de levantar entre todos la casa espiritual del terruño. Por eso este libro debe buscarse, leerse y echarse a andar de mano en mano. Como se pasan las buenas noticias cuando un pueblo empieza a reconocer que aún puede salvarse.
Porque hay libros que entretienen, otros que informan y algunos que acompañan en silencio. Este hace algo más arduo y más hermoso: nos devuelve la memoria como quien devuelve la ambrosía a un árbol sediento. Y recordar, en Puerto Rico, no es un simple ejercicio del pensamiento: es una forma de amor, una manera de resistencia y también una promesa. Mientras un pueblo recuerde a sus patriotas, a sus poetas, a sus mujeres históricas y hombres de coraje, no estará vencido del todo. Recordar es, entonces, defender la patria. Pero también abrirle la puerta al milagro de su rescate. Como quien al amanecer descorre la niebla y descubre que, bajo las ruinas, todavía florece la esperanza.
Nota de Redacción: El libro será presentado el jueves, 16 de abril, a las 6:30 p.m., en el Recinto de Hato Rey, de EDP University, con el historiador Carlos Hernández como orador principal.


