Puerto Rico parece estar inmerso en la política de manera constante, día tras día, año tras año. La desilusión, la esperanza y la frustración nos han dejado, aparentemente, en un estado de desconcierto, aguardando que la situación se resuelva en cualquier momento. Este ciclo, que inicia con protestas y culmina peor cada cuatro años, nos mantiene vigilantes ante el peso del sistema político. Un sistema que, cada vez más, parece desatender el verdadero propósito de su trabajo. Este berenjenal político, por no describirlo mejor, abarca a todos los partidos. Además, es tan arraigado que a menudo parece no tener posibilidad de marcha atrás. Por lo tanto, debemos seguir luchando por alcanzar un nivel político que nos represente como merecemos.
Sin embargo, no estamos solos en esta situación. Al parecer, Estados Unidos busca superarnos en lo ridículo, absurdo y vergonzoso durante el periodo electoral. Un proceso donde deberíamos estar escuchando propuestas y analizando el desempeño de cada uno de los candidatos, con el fin de tomar decisiones informadas al momento de votar. Pero, por lo contrario, al parecer, la creciente desesperación por captar el voto de los jóvenes ha llevado a los distintos candidatos a incluir en sus campañas a los artistas “del momento”.
La prioridad no demuestra ser presentar un plan de trabajo; nada de lo que se menciona se centra en las necesidades de la gente. El proceso político se ha transformado, al parecer, en una competencia de «tiraera», «seguidores» y carteles publicitarios que ahora, a través de los billboards, han amplificado la locura y desesperación por nuestro voto, no por nosotros. Cabe resaltar, que un artista que no está luchando contra ese sistema diariamente, que no depende de éste para su oficio y que no es aguantado por el mismo, puede simplemente estar intentando utilizar su influencia como inversionismo político, favoreciendo a su partido preferido y manteniéndose en la narrativa durante el proceso.
Entre las nuevas tecnologías y las ansias por llegar a más votos, se han alcanzado nuevos horizontes en la mediocridad política. Todo durante un periodo que debe enfocarse en la gente, brindando cambios y soluciones para nosotros poder decidir lo mejor para nuestro futuro. Necesitamos un plan firme de personas que sepamos que podemos confiar. No de campañas que tienen que depender de la influencia de terceros. Nuestros artistas hacen un excelente trabajo con su talento. La representación de nuestra cultura en sus presentaciones a nivel mundial. Cuando sacan la cara por nosotros luego que nos insultan y por esa razón su opinión es importante, como la de todos. Pero hacer campaña y utilizar esa influencia para tratar de desviar de la mente de sus fanáticos el derecho tan personal como el del voto, es, como dicen… “otros 20 pesos”.
Mientras crecía, siempre me enseñaron que en lugares públicos nunca hablara ni de política, ni religión. Lo que, como mucho, “ha pasado de moda”, pero siempre me acuerda lo única que debe ser esa opinión. Por lo que hay que tratarla con el mismo respeto. Cuando llegue ese gran momento, donde se enfrente en su cubículo de cartón frente a una papeleta, no habrán billboards, redes sociales ni otra influencia que intente manipular su voto. Solo será una persona tratando de conseguir la mejor y más confiable desición para Puerto Rico: la suya.


