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El Adoquín Times

En la piel de mis ancestros: Espíritu Alejandrino

En la piel de mis ancestros: Espíritu Alejandrino
junio 26
08:53 2018

Muchos lo llaman el primer puertorriqueño por su gran contribución a la cultura nacional y por provocar afirmaciones de nuestra identidad. Otros tantos lo consideran como el precursor de la literatura y del teatro puertorriqueños”. Todos deberíamos sentarnos a imaginarlo en su mejor función.

Eres una isla melodiosa…veo tu falda repicar por toda costa. ¿Cómo sería el tono de tu voz si pudieses hablar? Si dejo mi mente volar, podría escucharte de mil y una forma. Así eres tú isla borinqueña, linda nena, linda risueña. Gracias por entregarnos tanto, por tu color y tu vibra, por esos espacios que nos arropan de vida. Algo hoy quiero decirte, algo hoy quiero contarte, que grandes próceres has dado y de uno de ellos quiero hablarte. Perdona mi métrica que no es precisa, pero no es necesario para ti que inspiras a poetisas. Su historia cautiva y ella viva estará, porque es tuya y mía, y también del Viejo San Juan. Me adentro en la piel de un gran hijo de Puerto Rico: Alejandro Tapia y Rivera.

“Aquí estoy, subo y bajo. A diario me columpio en esta gigantesca lámpara que ya tantas veces me hace compañía. Recorro los pasillos de vez en cuando y si abren alguna puerta, acelero mi velocidad y recibo rayos de sol, pues ellos me dan energía para no perderme la próxima función. Pero hoy tengo ganas de sentarme aquí, al borde del proscenio y simplemente dejar que mis palabras lleguen a cada uno de ustedes. Quiero preguntarles: ¿sabes lo que significa ser puertorriqueño?”.  

“Quizás sí, quizás no… no lo sé. Quizás al plantearles yo esta pregunta, la vean pobre y reconozcan poco valor en ella, o quizás sea una pregunta majestuosa que despierta en cada uno de ustedes un sentido de pureza y amor incomparable. Quiero invitarles a que, por breves segundos, dados en esperanza, cierren sus ojos y se adentren solo en el sentir de su alma, unida al corazón. Ahora, sientan su respiración, háganla calmada y escuchen con detenimiento nuevamente: ¿Qué significa ser puertorriqueño? Quiero ser yo el primer ponente”.

“Ser puertorriqueño es nacer entre montañas abrazadas por el sol y la neblina, es despertar con el canto del gallo y el aroma a café. Es bañarme con la bruma del mar, es imitar al coquí en las noches, es el poema de Burgos, es la plena, la bomba y el aguinaldo, es el arroz con gandules, su lechón y el coquito, es el sudor en la frente de nuestros jibaros, es la historia taína, es Roberto Clemente y Lucecita Benítez, es la amapola que alimenta al ruiseñor, es la lucha corazonada de Vieques, es ver mi bandera ondear por doquier, es el adoquín de la calle San Sebastián, es un atardecer en Rincón, es honra, orgullo, patria y poder”.

“Pero, basta. ¿Qué ha sucedido? ¿Qué ocurrió en sus corazones y mentes? ¿Qué les hicieron que ya no les reconozco? ¿A dónde se han ido los hijos de la patria? ¿A dónde dejaron el valor y la fidelidad a la tierra que les ha dado tanto?  ¿A dónde se ha marchado su orgullo? No. No puede ser. Cuánto daño les han hecho. Miro sus ojos, y el desgano lidera sus mentes. Ya la lucha parece asunto de pocos, mientras en oro zapatean los falsos. Quiero decirte que yo mi espíritu entregué por ustedes. Desterrado fui por aquel que quería daño hacer, pero no pudo pues mi lealtad era inquebrantable. Miro al Puerto Rico de hoy y un gran caos retumba en mí. Les han hecho morar en el miedo, en la duda, en el engaño, en la desunión, en el vacío…  han vendido nuestra tierra. ¿Y ustedes? Vagabundeando de terror”.

“Han desaparecido las voces. Yo, poco ya puedo hacer desde esta realidad. Mas deseo con gran ilusión que estas palabras se adhieran a sus pieles, y que despierten de este retardo atroz, antes de que el reloj ya no pueda marcar un nuevo tiempo. Y si valentía les faltase, miren la brillante estrella que ostenta nuestra bandera. En ella encontrarán las respuestas que les harán girar a un nuevo destino. Les amo y aquí siempre estaré, en espíritu, alma y corazón… desde este espacio que honor me hace, desde esta mi eterna casa.

Desde el teatro,

Alejandro Tapia y Rivera

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