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El Adoquín Times

Una pregunta más… a Samuel Lind  “Yo necesito mi entorno, necesito mi gente”

Una pregunta más… a Samuel Lind  “Yo necesito mi entorno, necesito mi gente”
agosto 13
19:10 2018
Samuel Lind en su taller. Foto por: Luis Echevarría

Por: Luis Echevarría                                                                                                                        El Adoquin Times

Loíza… Yo nací en el Barrio de Medianía Alta en Loíza, exactamente frente a los Ayalas, que es la casa que está en la entrada. La historia de los Ayalas y la mía, son las mismas. Yo soy el más chiquito de una familia bien grande. Este espacio, que es mi estudio y mi hogar, era la parte de atrás de la casa de mi mamá, que era un monte con un palmar. Soy de los hijos que se quedó en el mismo lugar donde nació, y estoy aquí solo. Tengo dos hermanos en San Juan y mis hijos viven cerca de aquí.

Niñez… Lo fascinante de mi niñez -la cual fue bien intensa- es que yo tenía mucho elemento a mi alrededor para expresarlo. Entendí desde un principio que lo que hacía gráficamente tenía importancia, pues yo vivía en un ambiente exuberante de naturaleza, de gente anciana, de gente sabia y con un ambiente de mucho color en las fiestas. Mi abuela mantenía Santos, yo hacía sombreros para las fiestas. Mi abuelo tenía un colmado y él me daba papeles de envolver y con eso yo hacía libretas. Me iba al parque, me sentaba, veía una cara y la dibujaba. Dibujar era tan natural para mí y la misma gente me alentaba. En la escuela intermedia me pedían hacer carteles culturales. La maestra me conseguía la (pintura) témpera y me guardaba cartulina. Un día le llevó mi primera pintura al óleo a Don Castor Ayala, ese señor era un filósofo, un maestro, algo increíble. Pues al ver aquella pintura se pone las manos en la cabeza y me dice: “¡Ay Dios mío, Samito tú vas a hacer artista, tus cuadros se van a exhibir en Museos!”.

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Escuela de Artes Plásticas… A pesar de que yo vivía en un ambiente bien pobrecito, en un barrio que vivía de la agricultura, yo me enteraba de la movida del arte y procuraba leer todo lo que había. Poco antes de salir de la escuela superior, comencé a ir como oyente a la Escuela de Artes Plásticas cuando estaba al frente del Parque Luis Muñoz Rivera. Yo viajaba sin dinero de madrugada con la gente que viajaba hacia San Juan. Recuerdo que le llevé una pintura al director de la Escuela, y me dijo: “con esa pintura tu no entras aquí… pero tú estás aquí ya”. Al terminar la superior me quedé estudiando con Augusto Marín, quien fue mi maestro de pintura y Luis Hernández Cruz. Comencé a hacer serigrafías y desde ese momento la gente se interesaba en mis cosas y todo lo que hacía, lo vendía. El arte, ante todo, fue mi salvación. Mi primera comisión fue en 1978 para hacer una serigrafía de algo en Loíza cuando Tite Curet Alonso consigue un dinero de la Fundación de las Humanidades y la Bacardí me comisionó un mural. Decidí renunciar a un trabajo que tenía y comencé a vivir de lo que hacía. Si algo para mí se hace fácil, es pintar.

Imágenes: Pinturas de Samuel Lind “Balance II” a la izquierda y “Baile de Bomba en las Carreras” a la derecha. Fotos por: Luis Echevarria

El arte… Te digo que el arte es la vida misma, bello, hermoso, trágico, feo, bonito, el arte es la vida. Al ser loiceño, yo vivo en un ambiente lleno de vida cultural y eso es parte de mi obra. Mi obra tiene una causa negra, no lo puedo negar. El hecho de yo pintar a una persona caminado por el palmar, con toda su belleza, como yo lo veía, ese mundo eterno que no acaba se volvía protesta, porque se convertía en una resistencia a que eso desapareciera. Inevitablemente me tenía que unir a las causas loiceñas, por los atropellos que se hizo en mi barrio. El prejuicio contra el loiceño lo noté cuando comencé a pintar. Yo me di a la tarea de resaltar el orgullo de ser loiceño.

La energía…  No te puedo negar que siento como una energía ancestral, porque hay algo ahí. Cuando pinto el tambor lo veo como un elemento humano, como ese ser que habla cuando lo tocan; o sea, el que lo toca conoce el lenguaje. Para poder pintar un baile de bomba, uno tiene que recibir la energía que está presente (en el baile). Soy un artista de mi tiempo, pero tengo una conexión con los ancestros, siento algo dentro de mí bien brutal.

Escultura Samuel Lind -Foto por Rubí Febres

Escultura por Samuel Lind Foto por: Rubí Febres

Inspiración… La musa, me hice fanático de los griegos, son unos genios del arte. Vivo dentro de un mundo de ideas, agarro las ideas y las pinto. Así nació la exhibición que se llamó “Los Frutos de La Madre Tierra” en el Museo Casa Escuté en Carolina; todos los cuadros eran lo que venero como la madre tierra. Me quedé con uno grande, que lo tengo aquí en la casa como un altar y es mi elemento espiritual, mi conexión que es la tierra, la naturaleza de donde todos somos. Decir musa, decir inspiración es innato, “pegao” en mí, porque prácticamente yo vivo conectado. A veces veo cosas que no están en los sentidos, las percibo con el alma. El arte es fabuloso porque tú puedes juntar esas dos cosas. Distinto a otro medio, tú puedes poner una realidad versus la percepción de lo que estás viendo. Unirlo y que la gente lo perciba, no hay que explicarlo técnicamente. Históricamente la misión del arte en la humanidad siempre ha sido la misma, que es comunicar.

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Me empezaron a buscar… Venían hasta aquí, hasta el taller y ahora vienen más. Tengo esculturas en pueblos, colecciones en museos y galerías fuera de Puerto Rico. Por ejemplo, en un museo en Filadelfia que he ido dos veces a llevar mis obras, están construyendo edificios nuevos y quieren que yo inaugure el lugar. También he hecho murales para proyectos auspiciado por esa ciudad. Me llamaron de Panamá porque van a tener una actividad grande y lujosa, y quieren que yo exhiba. Me llaman de universidades para dar presentaciones y charlas como fue en Carolina de Norte. En una me pidieron dar un taller de música, increíble. He estado en muchos lugares. También artistas como Paul Simon y Spike Lee han venido a comprar mis obras.

Familia… Hay obras que he incluido como modelo a mi madre y a mis hijos quienes también son artistas, tienen el arte en sus venas.  El más chiquito lo tiene todo, a mi hija le gusta pintar en la forma que yo me expreso. Ella, es como el yo femenino, el mayor es artista gráfico.

Una pregunta más… ¿El arte no tiene color? El término “negroide” es uno que define cierta expresión, pero yo lo encontraba muy clasista. A mí me molestaba eso de ser un pintor negroide, era tratar de hacer la pintura menos. Había quienes me decían “tú eres un artista negro, un artista negroide, no me gusta mucho esa obra negroide, pero fíjate tú, tú pintas bien. O sea, eres negro, pero bueno”. ¡Negroide, “ea diablo” que palabra! Hoy día el que usa el término “negroide” esta “bloqueao”, tiene un problema interno. El ser humano es uno, yo no creo en eso de negroide. La obra habla por sí sola, negra o blanca. Lo que importa aquí es lo que expresa, y la calidad con que lo haces. Yo soy de donde me críe, donde la gente me conoce desde niño. Yo necesito mi entorno y necesito mi gente. Loíza nutre mi trabajo y todavía lo sigue haciendo.

 

 

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