Una Pregunta Más…a Antonio Martorell

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El arte es sobre todo aprendizaje y yo lo que he aprendido es aprender y sigo en esa carrera loca” -Antonio Martorell (Foto por Anders Overgaard – Suministrada)

Por: Luis Echevarría

Soy cangrejero… Me crie en Santurce: soy cangrejero por los cuatro costados, del Condadito. El Condadito era ese barrio que queda ahora en lo que es el área de la avenida Baldorioty de Castro, la calle Wilson y la avenida Ponce de León. Un barrio chiquito, entre las casonas de la gente con mucho dinero más cerca de la costa. Ahí yo nací y me crie en todo ese perímetro, fui a la escuela elemental Lucchetti, la intermedia en la Labra y la superior en la Central. Yo dibujé como todos los niños, o sea, en las paredes, o donde quiera, lo que pasa es que tuve la suerte de que tenía una tía muy querida, la Tía María, que tiró su mirada a la camada de sobrinos y por alguna razón desconocida se fijó más en mí. Me llevaba a conciertos, ballet, teatros, etc.

Viendo que yo dibujaba, me puso a tomar clases; entre mis maestros estaba Luisina Ordoñez, la gran pintora surrealista. Cuando por fin le cogí el gusto entonces quería ser pintor y mi madre y mis vecinos pegaron el grito al cielo; me decían “¡te vas a morir de hambre!” y yo, que era un niño gordito que comía como yerba mala, fue el comienzo y final de mi carrera artística. Había que darse cuenta de que en ese momento no había un Museo de Arte en el País y había un puñado de artistas que sobrevivían; o sea, tenían razón: trataban de protegernos. Así que para complacer a mis padres y sobre todo a mis miedos de morirme de hambre, hice una carrera universitaria, la terminé y le di el placer a mi madre de tener un hijo profesional, y le entregué el diploma. Pero el cabro tira pal monte, y entonces me fui a exponerme a morir de hambre y a estudiar pintura.


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Vivir del arte… Se lo debo a mis maestros, tuve la buena fortuna en mis estudios en Madrid de tener un magnífico y extraordinario maestro que me tomó bajo su tutela como único aprendiz. Me enseñó todo lo rudimentario del arte, me acompañaba a los museos, etc. Cuando regreso a Puerto Rico, llego al Taller de Gráfica del Instituto de Cultura Puertorriqueña con dos grandes maestros: Lorenzo Homar y Rafael Tufiño. Ellos me enseñaron el arte como comunicación, el arte al servicio de unas metas nacionales de un pueblo que busca ser País y los modos de comunicarnos. Entonces ahí me inicié en el grabado, la serigrafía, el cartel, que de una palabra sale una imagen que para mí fue el concepto de Imalabra que es imagen y palabra fundida en un solo testimonio. También me enseñaron destrezas como diseño de libros, escenografías, hacer retratos, y arte público. A eso es que debo realmente haber sobrevivido pues yo no le digo que no a nada. Si es trabajo merece hacerse y si es una comisión esta no me limita ni el estilo pues es una provocación por aprender un modo nuevo, de decir debo cumplir con una misión, gozar haciéndola y adelantar mi desarrollo en el proceso del arte.  El arte es, sobre todo, aprendizaje y yo lo que he aprendido es aprender y sigo en esa carrera loca.

ANTONIO MARTORELL-Foto por Linfield Gallery - Suministrada
Antonio Martorell (Foto por Linfield Gallery – Suministrada)

Realizar una obra…Yo dependo mucho de las memorias de mi infancia, como decía el poeta Rainer María Rilke. Tengo un caudal inagotable, incalculable, o sea, es un tesoro que uno tiene siempre a la disposición. Ese baúl de recuerdos infantiles…y ahí tienes un abecedario, una paleta de colores, un mundo para explorar. Pero además uno lleva eso a un presente retador y a un porvenir incógnito. Sobre todo, las tribulaciones de nacer y vivir en un país como Puerto Rico que todavía no es país. El problema de la identidad es el caldo de cultivo del artista puertorriqueño. La definición de dónde venimos, para dónde vamos, quiénes somos, eso para mí es fundamental. Hoy recientemente recordé al maestro José Antonio Martinó que una vez me dijo “Toño, el artista en Puerto Rico tiene que ser un artista responsable. Un artista responsable es aquel que responde a sus circunstancias”.  Mira, aquí nunca me faltará tema, nunca me faltará motivos y mucho menos voluntad en un País asediado por preguntas, por dudas, por titubeos, que requieren, que exigen de los puertorriqueños una voluntad de hacer y de ser. Entre los huracanes, los terremotos, nos van a lanzar por fin a contestar las preguntas vitales que hemos batido debajo de la alfombra por siglos.

 

La razón de ser… Para mí, la razón de ser como artista es comunicar. Entonces encontré el performance y en el teatro que acceden a un contacto personal del creador y el público, como estamos ahora tú y yo conversando. Escribo en la prensa, he publicado varios libros, doy talleres con consistencia, todos son vehículos provocadores, para llegar al otro y establecer un diálogo. No me sorprende que hoy sea el artista plástico más reconocido en Puerto Rico. Me sorprendió inicialmente, pero ya no me sorprende porque ya  por qué. Mi pasión de comunicar es lo que me ha llevado a utilizar tantos medios entre ellos medios de comunicación masiva como son la radio, la televisión, el cine y el arte público. Así que yo he estado en el ojo público casi desde que comencé hace más de cincuenta años. La gente reconoce mi imagen, aunque no conozcan nada de lo que pintado o lo que he escrito, pero saben quién soy. Porque soy un bocón, porque además me he tomado en serio eso de que el artista tiene un privilegio, bueno, todos los artistas como se mostró en el verano del 2019. Los artistas tenemos la posibilidad de darles voz a aquellos que no la tienen. Porque no tienen el vehículo para expresarse o tienen temor. Nosotros tenemos una plataforma, tenemos un vehículo, entonces hay que usarlo responsablemente. Uno tiene una responsabilidad ante su pueblo. Esto tiene sus consecuencias, tanto negativas como positivas. Porque cuando empiezan a cortar cabezas, la de uno está ahí, a la vuelta de la esquina.


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En este País hay un semillero de talentos…. Les digo que la clave es trabajar, trabajar y trabajar y crear los propios medios de comunicación de ese trabajo. Porque uno no se puede quedar sentado a esperar en lo que la oportunidad llegue. La oportunidad la hace uno. Uno es mucha gente y debe ser mucha gente. El quehacer colectivo y yo, siempre trabajo en colectivo. Toda mi exposición está firmada como Antonio Martorell y sus Amigos, que son muchos y buenos. Porque cuando dicen “ay, ¿cómo es que tú haces tantas cosas?” les digo porque yo soy mucha gente. Yo trabajo con mucha gente. Nadie tiene tanto talento ni energía como para hacer todo lo que uno quiere. Uno necesita nutrirse y nutrir a otro en un proceso colectivo de creación. Ahora hay muchas alternativas como exponer el trabajo: en la vía pública, están los murales callejeros, el grafiti, la hoja suelta, la internet, las galerías, los museos. Yo recurro a casi todos los medios que están a mi alcance, o sea no discrimino en contra de uno o de otro, creo que es una decisión personal: cada cual debe decidir que camino o caminos va a escoger para proyectar su trabajo.

ANTONIO MARTORELL-Foto por Rosario Fernandez Suministrada
Antonio Martorell (Foto por Rosario Fernández – Suministrada)

Una Pregunta Más… ¿qué estás haciendo actualmente?

Tengo un proyecto nuevo que no lo he comenzado, que se titula Ponce histórico, pero tachando la letra O y sustituyéndola por una E. Pencehistérico, que es fruto de los terremotos. Acabo de terminar en estos primeros veinte días del año un proyecto que me fascina partiendo del libro de Arcadio Díaz Quiñonez llamado Once Tesis sobre un crimen de 1899. Hice once cuadros y se titulan Once Tesis sobre la Libertad y es sobre el primer puertorriqueño acusado de un crimen en el 1899 por el asesinato de un soldado estadounidense.  Fue juzgado sin él saber una palabra en inglés, en una corte marcial militar en Puerto Rico. El joven de 19 años era un cochero taxista de Caguas llamado Rafael Ortiz.

Fue condenado a muerte, pero se conmutó su sentencia a cadena perpetua enviándolo a una cárcel federal en Minnesota y allí, a razón que hicieron los liberales norteamericanos -que estaban opuestos a la guerra hispanoamericana y que anunciaron proféticamente en el Congreso norteamericano que, si iban a la guerra, era el fin de la república y el comienzo del imperio- su sentencia fue conmutada a cinco años. Esos horrores todavía se dan. La colección próximamente se exhibirá.

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2 COMENTARIOS

  1. Conocí a Antonio Martorell cuando tenía 15 años.
    El me hizo mi pintura de los 15 la cual desgraciadamente se quemo en un fuego años después. Fuimos amigos en esos tiempos. Yo me casé, me fui a España, regresé a PR y me volví a casar. Luego me mudé a Chicago con mi familia y llevo 40 años acá. Hace 5 años Antonio tuvo un show en Plaza Las Américas y para gracia de Dios yo estaba allí. Después de tantos años nos pudimos saludar. Le dije que yo también era artista y que cogi las brochas desde que me mudé a USA. Las vueltas del mundo.

  2. Yo conocí a Toño cuando el vivió en la calle Leon Acuña en Santurce y mi familia vivía en la misma calle. Su madre y la mía, las dos Luisas… El empezó a pintarme cuando yo tenia unos 14 años pero nunca supe si la terminó.
    Lani Nohrden

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