Trina y su influencia musical y literaria

Apóyenos
Suscríbase a nuestra página

Entre su correo electrónico y reciba nuestros escritos.

Tiempo de lectura 9 minutos

Por Elsa Tió

Luchó por el fomento de las artes, que el país se integrara a todas las manifestaciones de la cultura

La influencia de Trina Padilla de Sanz «La Hija del Caribe» en Arecibo tuvo muchas ramificaciones, en especial la musical que no desentonó a pesar de su sorpresiva y dolorosa sordera. Ya tenía un largo camino trazado y se valió de las vibraciones del piano para desempeñar su trabajo.  Como expresara el bibliotecario Thomas Hayes a la muerte de Trina en 1957 en el periódico El Mundo sobre lo determinante que fue la influencia musical de La Hija del Caribe:

 “Cuando yo era principal de la escuela Superior de Arecibo en 1929, la presencia de doña Trina era muy visible. Fue por ella que Arecibo tuvo tanto interés en la música. De todas las escuelas que trabajé en Puerto Rico, fue la escuela de Arecibo la que más talento musical tenía entre sus alumnos. Me parecía que la mitad de los estudiantes podían tocar un instrumento musical, debido a la influencia de La Hija del Caribe. El haber sido hija de un hombre que tenía cualidades de grandeza y madre de ciudadanos que han contribuido mucho a Puerto Rico, hubiera sido suficiente para cualquier mujer. Pero doña Trina hizo mucho más. Como maestra de música, como escritora, y sencillamente como mujer, ella ejerció influencias, muchas de ellas intangibles, en muchos buenos puertorriqueños”.


Anuncio


 La influyente presencia de Trina en el mundo musical en Arecibo se constata al conocer que a lo largo de los 40 años en que ejerció como maestra de piano, tuvo más de 1,000 alumnos, chicas y chicos, todo un conservatorio.  Toda una vida enseñando al cabo de los cuales decía “una ecuación al final de 1000 alumnos y un millón de escalas”. Había ayudado a formar maestras de piano, alumnas aventajadas e impulsar una cultura musical en el pueblo. Pero su influencia va más allá, le interesó crear conciencia, educar, desafiar la ignorancia en el poder y provocar para que se fortaleciera todas las manifestaciones de la cultura inseparables del crecimiento espiritual de los pueblos.

Con ton y son en un artículo publicado en el 1933, y con una vigencia actual, arremete contra el gobierno ante la falta de apoyo a los músicos del país y clama por un Conservatorio de Música:  “Parece mentira que, en un país como el nuestro, donde se legisla tan fácilmente, para cosas que más bien que elevar, corrompen el acervo espiritual de un pueblo, no exista siquiera una Casa de Música, que así podría llamarse, mientras tomara carta de naturaleza entre nosotros, y se procediera a la erección de un Conservatorio de Música.”

Y abunda en ese mismo artículo: “La música que forma la cultura de los pueblos, no se reduce solo a los virtuosos o concertistas que viven del arte. Ya sabemos que nos visitan con inusitada frecuencia artistas de valía. Muy bien., y nos sentimos entusiasmados, pero eso sólo lo pueden pagar unos pocos y son visitas efímeras…  Pero hay que educar al pueblo, darle la oportunidad de que se instruya en el divino arte, y esto sólo puede hacerlo la fuerza… espiritual de un Conservatorio”.

Y se queja de que los hermanos Antonio y Amalia Paoli, Elisa Tavárez y otros, no se les reconozcan y no estén enseñando en las aulas …  y finaliza el artículo afirmando, “sin música no hay alegría, no hay aroma, no hay color”.  Sus palabras siguen vigentes sigue la cultura estando en acecho y ninguneada nuevamente por las autoridades, y los fondos que se invierten en la cultura caben en un dedal.

 Publica diversos artículos sobre nuestros músicos, El juicio crítico musical del pianista Manuel Tavarez, o sobre el violinista puertorriqueño Alberto Tizol, y sobre el joven compositor José Antonio Monrouzeau, del que expresa: “escribía música como cantan los pájaros, sin maestros de armonías revela que hay agua en el pozo.” Y así desde su “tesonera voluntad”, como la adjetivaba su gran amigo Cayetano Coll y Toste, siguió insistiendo durante toda su vida para crear conciencia de lo significativo e importante que es ampliar, mejorar y crear un ambiente musical y creador en todos los órdenes de la vida cultural del país.  Fue una defensora de la cultura y nuestros artistas.

Trina fue un Instituto de Cultura -sin fondos- efectiva, que defendió con pasión el talento joven 

A su interés por la educación musical se suma el quehacer literario, que fue esencial en su vida. Una parte sustantiva de su trabajo se desbordaba en la creación, en la publicación de artículos en la prensa que le dieron una presencia nacional y un reconocimiento en Hispanoamérica. A esto sumamos que fomentó en su hogar un centro de tertulias y reuniones. Por su refinamiento y sensibilidad tenía un radar útil para reconocer el talento joven. Entonces los impulsaba; pero sabía que para ello era también imprescindible luchar a un mismo tiempo por el fomento de las artes en el país. Entendía acertadamente que era cuesta arriba crecer como artista en un vacío cultural.

En febrero de 1918 escribe un artículo dirigido a la Cámara de Delegados solicitando protección para el joven y talentoso pintor arecibeño, Oscar Colón Delgado. En ese artículo advierte en el párrafo final a los políticos – hombres, que las mujeres defenderán la cultura: Debemos retomar sus palabras: “Y si nuestros campeones puertorriqueños no dan oído a este importante asunto, preciso será que nosotras, las damas feministas tomemos a nuestro cargo el elevar el arte en nuestra tierra como un medio de emancipación natural, para crear un ambiente que está pidiendo a gritos nuestra cultura”. En ese mismo artículo su reclamo va de la mano de su compromiso “fomentemos las artes. levantemos un museo de pintura y escultura, con eso hacemos más patria, que con polémicas personales”.  

 No hay forma de enumerar lo que hizo con pasión durante toda su vida por el bien de la cultura al proteger, colaborar y prestigiar el talento creador de tantos hombres y mujeres. Su “devoción al servicio”, su noble empeño de ser útil a los demás, el respeto a la labor creadora y la defensa incólume en pro de la cultura del país propició que Trina Padilla en el siglo XX patrocinara y defendiera a infinidad de artistas. Por ello “dedicaba gran parte de su tiempo a buscar becas para jóvenes talentosos o impulsar sus carreras”.  Podemos mencionar a algunos: los cantantes de ópera Antonio (1871 –1946) y Amalia   Paoli, (1861–1941), el escritor José Limón de Arce, (1877-1940 cigarrero de oficio), Carmen Alicia Cadilla (1908-1944), Clemente Pereda (1867 -1944) y Margarita Callejo entre otros. Siempre estaba disponible para estudiantes, amigos y maestros que aprovechaban las facilidades de su biblioteca, los estimulaba en la vocación literaria conversando con ellos y ofrecía clases de piano gratuitas a niños de escasos recursos económicos.

Testimonios de reconocimiento sobre la relevancia de La Hija del Caribe en la cultura y su relación con el Partido Nacionalista y Viva la República, Viva la Libertad 

Su entrañable amigo el pintor José R. Oliver (1901-1979), afirmaba cómo la casa de Trina era cita obligada de toda persona de valía en las artes o en las letras. El periodista y escritor arecibeño Rafael Torres Mazzorana que la conocía desde niño, fue otro de los que dejó testimonio de su vital contribución: “Luchó por el fomento de las artes, que el país se integrara a todas las manifestaciones de la cultura”. Su nieta Yolanda atestigua: “Alma y casa de doña Trina eran residencia de las bellas letras, de la música, y de todas las manifestaciones del arte, desde fines del siglo XIX traía la estrella de su padre, don José Gualberto Padilla. Por esa aristocracia del espíritu estuvo estrechamente unida a la ilustre generación que surgió después del 87. Era íntima de Muñoz Rivera y José de Diego. Conoció y admiraba a Eugenio María de Hostos, se codeaba y trataba de tú a tú con Cayetano Coll y Toste, y Manuel Zeno Gandía. No había persona de letras o artistas que pasara por Arecibo sin hacer su primera visita a la casa de Doña Trina.


Anuncio

Casa Norbertoo


Su casona, hoy convertida en Casa – Museo en la calle Gonzalo Marín #10, fue lugar de contacto para el intercambio y la efervescencia cultural y política. Algunas de las personas que la visitaron fueron: Eugenio María de Hostos, Luis Muñoz Rivera,  Luis Lloréns Torres,  Julia de Burgos, Manuel Fernández Juncos, Concha Meléndez, Rene Marqués, Margot Arce de Vázquez, Carlos Gardel, José de Diego, Albizu Campos, Rómulo Betancourt (luego Presidente de Venezuela), Pablo Casals, Luis Muñoz Marín, Luis y Gustavo Palés Matos, Juan Ramón Jiménez (Premio Nobel de Literatura), Gabriela Mistral, ( Premio Nobel de Literatura), René Marqués, Fernando de los Ríos, Francisco Manrique Cabrera, Elisa Tavárez, y muchísimas otras personalidades de nuestro mundo cultural y político.

José Romeu escribe un artículo homenaje a un año de su muerte en el que la recuerda: “Aún después de cumplidos los 90 años, La Hija del Caribe seguía con su labor literaria y recibiendo homenajes de todas partes. Uno de los homenajes más significativos lo recibió de la revista argentina ‘Para ti’, en la que publicaba su foto, su vida en compañía de las mujeres más famosas de América. Muere en abril y sus funerales fueron de profundo dolor en país. Uno de los primeros mensajes en llegar fue el de Juan Ramón Jiménez, que entonces vivía en nuestro país, dirigido a mi colega y amiga”.

En 1932 es cofundadora del Colegio San Felipe de Arecibo. Su constante quehacer cultural, educativo y literario era tan diverso y amplio que recibe múltiples reconocimientos en y fuera de Puerto Rico. En 1955, la Asamblea Municipal de Arecibo, consciente de su aportación le otorgó el título de “Hija adoptiva de Arecibo”. Aproximadamente para 1938 se organizó en su casa el grupo teatral Areyto.  La poetisa y periodista Carmen Alicia Cadilla (1908-1994) era asidua en la casa solariega y allí, entre ollas y especies, en conversaciones con Agustina, la cocinera de la casa de Trina, recogió una parte de sus hallazgos del folclore que le dictaba en la cocina entre ollas y olorosos condimentos. Juan Antonio Corretjer (1908-1985) y Pedro Albizu Campos (1891-1965), fueron asiduos visitantes ya que eran correligionarios y doña Trina pertenecía al Partido Nacionalista. Y no importaba cuán mayor se hizo, siempre mantuvo su relevancia en el mundo cultural y político.

 La poesía: Bálsamo y desahogo en el alma de Trina

La vitalidad y optimismo y amor ante la vida la incapacitaban para amargarse, pero lo genuino es sus versos la obligaban a cantar con sinceridad sus angustias y “profundas heridas”. Su poema Desolación expresa claramente sus dolores: “En un reloj, que un monje en oración parece/ dentro de un ataúd largo y estrecho y negro/ las horas del poema del tiempo suenan calmas/ un libro amarillento descansa en mis rodillas/ y la tarde, un gran pájaro cierra sus grises alas/ En esta pesadumbre eterna de vencida/en mi pecho panoplia de carne, ya no puede/ sustentar tantas crueles y profundas heridas.  

Trina Padilla ante un destino súbitamente adverso, nunca le tembló la mano, y lo que afloró, fue también un temple de acero unida a una ternura irresistible. Fue una guerrera amorosa que, como otras de muestras patriotas, a dar amor y ternura a la hora del amor, y valor a la hora del combate.

Share on facebook
Share on whatsapp
Share on twitter

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Traductor
Próximos Eventos
agosto 2021
¡No hay eventos!
Cargar más

Recientes