La Misión Secreta en Puerto Rico del teniente William H. Armstrong entre 1908 y 1912

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Por: Francisco Watlington-Linares, PhD.

The Cartographic Journey of Lieutenant William H. Armstrong 1908 – 1912

El viaje cartográfico del teniente William H. Armstrong

Editores: Lanny Thompson y María Dolores Luque

Traducción por Aurora Lauzardo y María M. Carrión

Editorial Nomos, S.A. Colombia

La ingente obra paleográfica de los autores y colectivo de colaboradores cuya ficha se cita expone una colección de bitácoras. Se trata de libretas en caligrafía cursiva legible como documento oficial, que además incorpora planos urbanos, diseños de puentes y edificios como penales, iglesias y alcaldías. Acompañan fotografías de perspectivas urbanas y paisajistas. La compendiosa obra de Armstrong abarca doce bitácoras de las que se han perdido dos, la 1 y 7 y partes de otras como la 3. La obra de los autores está impresa en pliegos de calidad fotográfica. Por tanto, cada volumen encuadernado pesa cinco libras.

Había pasado una década desde el comienzo de la ocupación de Puerto Rico como botín de la guerra que Estados Unidos le ganó a España. El huracán de San Ciriaco que devastó la Isla en 1898 propició a la milicia la oportunidad de demostrar a los nativos su buena fe y las bienandanzas de la nueva soberanía. La ayuda llegó a cántaro.

Para 1910 era notable los adelantos en las condiciones de vida. Se habían hecho hospitales, escuelas, acueductos, alcantarillados y servicio eléctrico urbano en los pueblos principales. Se extendían carreteras y medios de comunicación como teléfonos y telégrafos. A la misma vez se atizaron resentimientos por la explotación sufrida durante siglos de coloniaje. La sutil imposición del inglés como nuevo idioma en las escuelas fue detonante de un amplio surgimiento separatista comparable al que fomentó el Grito de Lares en 1887.

El teniente Armstrong se mantenía al tanto de lo que había en su periplo en torno a gran parte de la Isla. Las pulperías y demás comercios seguían en manos de heredades españolas. Aunque la prepotencia del clero católico se deshacía con el auge de las sectas misioneras protestantes, Armstrong manifiesta su desprecio amargo de los sacerdotes católicos. El teniente reconoce y a todas luces respeta el auge de sentimiento antiamericano que permea el país. Oye atento el fogoso discurso separatista de oradores en Arecibo, pero se muestra parco al mencionar eventos históricos como el desembarco de las primeras tropas en Guánica, y la batalla del Asomante cuyas trincheras atravesó para llegar hasta la casa del patricio autonomista Muñoz Rivera en Barranquitas. Tampoco menciona la columna militar enviada al oeste interior para poner coto a los “tiznados” que incendiaban haciendas propiedad de españoles.


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En sus bitácoras Armstrong muestra interés especial por los puentes (legados españoles) su condición estructural y capacidad de carga en camiones de pertrechos y efectivos militares. Adjunta dibujos detallados de los mismos. También describe y dibuja edificios con capacidad para acuartelar tropas e iglesias aptas para internar población civil.

¿Temía Armstrong la sublevación de una población airada?  O se trata más bien de la geografía estratégica que dotaría a Puerto Rico de bases militares en Aguadilla (Punta Borinquen), Ceiba (Roosevelt Roads), Culebra y Vieques. Concluye la misión secreta de Armstrong con la inauguración en 1912 del Canal de Panamá, construido por Estados Unidos y esencial a su hegemonía imperial.

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