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El Adoquín Times

El Mercado de Libros en Puerto Rico (Parte II) Las casas editoriales puertorriqueñas: ¿Estarán en peligro de extinción?

El Mercado de Libros en Puerto Rico (Parte II) Las casas editoriales puertorriqueñas: ¿Estarán en peligro de extinción?
diciembre 16
09:53 2017

Por Fernando Gallardo Bustillos y Egidio Colón Archilla

Imágenes: Librería Casa Norberto PLaza Las Américas. Por: M. Del Valle

Esta es la segunda parte de tres artículos investigativos de El Adoquín Times que nos hemos propuesto realizar para dar a conocer mejor la situación del mercado de los libros en Puerto Rico en 2017. La primera parte fue publicada en la edición de septiembre de 2017.

Sabemos que en nuestra bella Isla todo el mundo tiene una opinión y una sentencia, sin tener datos específicos, ni tampoco el conocimiento de la causal. Lo cierto es que cualquier proyecto de investigación que uno se proponga, tiene que estar, muchas veces, basado en lo que te relatan los miembros activos del gremio de los libros con: “lo que me parece a mí…”, o en las estadísticas mentales y no oficiales. La industria de los libros en la Isla no sabe a ciencia cierta el número de libros que se publican anualmente, pero sí saben que hay aproximadamente sobre 40 casas editoriales en la actualidad, entre las cuales podemos mencionar a: Editorial Panamericana, Ediciones Puerto, Santillana, Ediciones Norma, Ediciones Gaviota, Ediciones S&M, Libros AC, Ediciones Huracán, y Ediciones Callejón, entre otras. Por ende, esto no cualifica, ¡para una industria en extinción!

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La verdad es que atrás quedaron los llamados “años fundacionales” de la literatura nacional. Como ese remolino de recuerdos que a veces nos impone la memoria, vienen a la mente las Ediciones Puerto, Isabel Cuchi Coll y su trabajo en la Sociedad de Autores Puertorriqueños, Ediciones Huracán, Emilio Colón y a su Editorial Coquí o la antigua Ediciones Puerto. De esta camada solo hay una casa que se mantiene en pie y, al pie del cañón: la Editorial Cultural. Francisco (Paquito) Vázquez nos recuerda que se fundó en el 1940 por iniciativa de su padre Don Francisco Vázquez Álamo. “Nace” de noches de bohemia en la sala de la casa de sus padres con figuras tan incompatibles como Joe Lacomba, René Marqués, Pedro Juan Soto, Eliezer Curet y su papá. Fue un esfuerzo articulado en el Club del Libro que publicó obras tan importantes como “Usmail” de Pedro Juan Soto, “La víspera del hombre” de René Marqués y su antología de cuentos puertorriqueños. La clave de su éxito, según Paquito, “se debe a la capacidad de análisis del mercado, el conocimiento y la capacidad de adaptarse al mercado. Saber escuchar porque los mercados son muy elocuentes y de esa manera poder transformarse; por eso es por lo que nos hemos sostenido a la vanguardia de la producción. A veces, nadando en contra de la corriente, reposicionándonos, haciendo reingeniería”.

Sobre la historia del sector editorial del País, examinemos lo que nos ha legado la oficialidad puertorriqueña. El 12 de julio de 1947 don Jaime Benítez oficializa la gestión editorial de la Universidad de Puerto Rico mediante un documento con su rúbrica creando una entidad que hace suya la encomienda adjudicada a la Junta Editorial, también por él establecida en 1943, para editar “y fomentar la publicación de libros, monografías, conferencias y folletos de utilidad para el desarrollo de la cultura puertorriqueña y promover el intercambio de publicaciones con otras instituciones” estadounidenses, latinoamericanas y europeas, designando a Antonio J. Colorado Capella como primer director.

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El 21 de junio de 1955 por virtud de la Ley Núm. 89 del 21, se crea el Instituto de Cultura Puertorriqueña, y que define en la Sección 4 (a) (10), entre sus propósitos y funciones, que la Editorial del ICP tiene como objetivo principal la publicación de obras de creación literaria y trabajos de investigación, así como rescatar el patrimonio bibliográfico y documental puertorriqueño. el fomentar la publicación del libro puertorriqueño tanto antiguo como moderno, así como de estudios, monografías y colecciones documentales sobre Puerto Rico. El 8 de diciembre de 1955 se aprueba la Ley Núm. 5 estableciendo que las oficinas gubernamentales remitirán a la Biblioteca General de Puerto Rico y a la Colección Puertorriqueña de la Universidad de Puerto Rico una copia o ejemplar de toda información, boletín, revista o libro que se publique y circule en el Gobierno.

El 17 de agosto del 2003 se aprueba la Ley Núm. 188 de 17 de agosto de 2003 creando La Biblioteca Nacional de Puerto Rico que tendrá las siguientes funciones y deberes, entre otras: Realizar esfuerzos para identificar y para unir a su colección toda pieza documental producida en la isla o en el extranjero que esté relacionado de una u otra forma con Puerto Rico y con los puertorriqueños y servirá como depositario de toda obra documental que se publique que por su naturaleza no deba formar parte de los fondos del Archivo General de Puerto Rico, para lo cual desarrollará la debida coordinación con éste. La Ley Núm. 516 de 29 de septiembre de 2004 establece como política pública del Estado Libre Asociado de Puerto Rico la promoción, fortalecimiento y desarrollo integral de la industria del libro; establecer los incentivos a la referida industria; establecer los requisitos para acceder a los mismos; enmendar leyes relacionadas; entre otras cosas.

Sobre las casas editoriales que colaboraron

Nuestro proyecto de investigación nos llevó a diseñar un cuestionario para facilitarle a los editores del País resumir los puntos sobresalientes de sus casas. Nuestro agradecimiento a los que generosamente contribuyeron con nosotros: Carlos Roberto Gómez Beras nos comenta que su editorial Isla Negra fue fundada en 1992. Busca editar, publicar y difundir la literatura hecha en el Caribe, sobre el Caribe y por el Caribe que tanto en su forma como en su contenido representa una alternativa “impredecible” a las muchas veces, “predecible” literatura canónica. Mientras que Héctor Aparicio, señala que Aparicio Distributors es una compañía netamente puertorriqueña con más de 15 años de establecida, líder en la distribución de la mejor literatura infantil y juvenil en español e inglés.

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Por su parte Zayra Taranto comparte que Trabalis es parte de un proyecto llamado “TStudio” que nació en 2013. “TStudio se creó como una empresa de medios múltiples, ante la necesidad de los artistas de promover sus obras de una forma rápida y costo efectiva. Al percatarnos que se creaba un vacío en el mercado que no podría ser ocupado por las pequeñas librerías, sin un apoyo logístico entre ofertas, autores y lectores; supimos que tendríamos que hacer algo tras la mala situación económica, responsable del cierre operacional de las grandes editoriales y mega librerías que requerían catálogos extensos. Rafael Acevedo rememora La Secta de los Perros (2005), una revista cínica dedicada a los artículos de política y literatura. Contaba con colaboradores como Yara Liceaga, Débora Hunt y Mara Pastor. Mientras que, luego de dos ediciones el concepto canino-sectario, cambió su misión con respecto a la literatura, convirtiéndose en una Editorial atrevida ante el mercado vorazmente capitalista. De entrada, esta propuesta estaba “destinada al fracaso”; sin embargo, la hazaña ha sido muy exitosa.

Manuel S. Almeida y su Editorial Disonante (2005) comenzó como una revista de teoría crítica y cultural. Bajo la edición y el cuidado de Almeida y Gabriel De La Luz, con el respaldo de Alfredo Torres, sacaron solamente un número (aunque contuvo excelentes aportaciones de intelectuales locales e internacionales). Luego en 2014, por amor a los libros y con el interés de publicar a autores a los que a él le gustaba leer, retomó el nombre, convirtiéndolo en un pequeñísimo proyecto editorial independiente. Max Chárriez nos habla de La Tuerca (2011) que se dedica a publicar autores de Puerto Rico, el Caribe, Latinoamérica y su diáspora; textos literarios, de interés social, político, económico y académico. “Prestamos mayor atención a los autores noveles, GLBTQ, jóvenes, literatura alternativa y grupos minoritarios”. Surge como un proyecto de autogestión del escritor puertorriqueño Max Chárriez y su pareja y socio, Arnaldo A. Alicea Vega, con la colaboración del diseñador gráfico, fotógrafo, dramaturgo y escritor, Julio A. García Rosado y el escritor H.R. Llanos.

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Por último y no menos importante Cindy Jiménez Vera nos presenta a su Ediciones Aguadulce, un proyecto editorial independiente y alternativo puertorriqueño que se dedica a publicar literatura latinoamericana y del Caribe, y otras literaturas del mundo en traducción por autores puertorriqueños, con el propósito de exponer a los lectores puertorriqueños a influencias literarias de escritura reciente proveniente de países, que por diversos motivos, entre los que se encuentra nuestra situación colonial, no
nos llegan.

¿Qué es un editor?

Les compartimos tres de las expresiones que resumen el sentir del grupo. Francisco Vazquéz refrasea nuestra pregunta usando a Pedro Juan Soto que sentenciaba -con su acostumbrada ironía: “¿Qué carajo es un editor?” Se me antoja empezar con esta reflexión a modo de presentación para ubicarnos en tiempo y espacio (mercado). De hecho, el texto completo es una reflexión. La verdad es que un editor nace, no se hace. Un editor tiene que conocer su mercado, escoger sus textos a oído. Aunque ahora casi todo el mundo publica, no todo el mundo es editor.

Héctor Aparicio establece que, en su caso de libros para niños, es el intermediario entre el autor y el ilustrador. En el caso que el autor sea la misma persona que el ilustrador el editor se encarga de las recomendaciones para que el libro sea atractivo comercialmente, esté correcto académicamente y cumpla con la misión y visión que se desea. Cindy Jiménez Vela de Ediciones Agua Dulce prefirió analizar la pregunta desde otro punto de vista: “El diccionario (RAE) define al editor como persona que edita o adapta un texto, y lo publica por medio de la imprenta u otros procedimientos. En Puerto Rico, el editor debe realizar muchísimas tareas más. Es, además, un curador, en el sentido del mundo del arte”.

¿Cuál es el gusto editorial y literario que identifica su sello? Ángel Antonio nos recuerda que la Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) depende mucho de las visiones que traigan sus directores de turno. Lamentablemente, aunque se supone que manejemos los asuntos culturales de manera apolítica sabemos que siempre que hay un cambio de gobierno puede haber cambios en la dirección editorial lo que afecta no solo la visión sino el proyecto a largo plazo y el desarrollo de quienes llegan a ella. Mientras que para Zaida Taranto ha sido la búsqueda de libros marginales, por sus temáticas o estilos, también de libros que no llegan a Puerto Rico pero que pueden aportar a la formación de nuevos escritores. Por su parte, Rafa Acevedo establece que en su caso es la literatura de escritores independientes, sin agentes literarios, sin miedo a experimentar con géneros. Escritores con oficio sin publicaciones en formato de libro.

Mercado del Libro 2.1

Para Manuel Almeida, aunque Disonante ha publicado cuentos, novela, poesía y ensayos, de los nueve títulos hasta la fecha, cuatro de ellos están claramente plantados en el género de la ciencia ficción o la fantasía (igualmente algunos de nuestros próximos títulos), lo que obviamente reflejan los gustos e intereses del editor. En cuanto a La Tuerca, Max Chárriez establece que su gusto editorial es la literatura “Queer”, LGBT, erotismo y postporno. Por su parte, Cindy Jiménez prefiere hablar de nuestra línea editorial. La línea editorial es la propuesta ideo-estética de los productos culturales que hacemos. Es un compromiso civil y ético que se tiene en mente a la hora de formar lectores. Debe dialogar con -e incluso, adelantarse a- los tiempos en sus propuestas poéticas o narrativas transfronterizas, siendo el caso de Ediciones Aguadulce. Tanto así, que nuestros colofones reflejan el evento histórico que ocurría en la isla al momento de imprimir cada libro.

La decisión de publicar o no publicar un libro que refleje el gusto editorial de su sello es un asunto que va desde una responsabilidad por Ley como lo es la Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña: Más que de gustos preferiría hablar de compromiso y de cumplimiento con la ley que nos crea. La Editorial del ICP debe servir a todos los puertorriqueños e interesados en nuestra cultura. Eso implica que nuestros libros son de temas variados y que van dirigidos a públicos diversos. Como editorial del Estado tenemos la responsabilidad de atender distintos intereses por lo que publicamos tanto libros infantiles y juveniles como libros de partituras, de historia, de cocina, investigaciones, autores que pertenecen al canon y autores emergentes o que están gestado trayectoria.

Para qué sus libros tengan y triunfen en el mercado, ¿de qué forma y manera invierte su sello para asegurar su éxito los editores se tienen que valer de su experiencia y de los medios que cuenta a su disposición desde las redes sociales hasta las presentaciones personales? La Editorial Cultural trabaja proyectos, cada publicación es un proyecto acompañado de videos en Facebook, videos “live” de los autores con rebotes en Instagram y twitter. Esto asegura que cada proyecto tiene el alcance propuesto y no se amarra los mercados locales. Eso sin querer menospreciar nuestros mercados. Esto responde al hecho de que salvo una que otra excepción el mercado del libro lo afectan una cantidad de “factores externos que nada tienen que ver con el contenido literario. Contamos con Comején, una plataforma cibernética donde en armonía conviven nuestro pasado y nuestro presente con una puerta abierta al futuro.

Mientras que en Aparicio Distributors tratan de hacer preventa sacando libros “impresos por demanda” y si nos ordenan una cantidad importante, entonces podríamos ir a la imprenta tradicional. En Trabalis Editores cuentan con una división dedicada a mercadeo, en Tstudio una herramienta con la capacidad de crear videos promocionales, gráficas promocionales y en las próximas semanas estrenaremos una tienda “web” además de un canal por YouTube donde se proyectarán entrevistas, presentaciones de libros, biografías de escritores y reseñas de lo que está aconteciendo en el ambiente literario local e internacional.

Todas las editoriales coinciden en que el mayor obstáculo actualmente que confronta para ampliar la lectura de su sello y la industria de libros en general en que es el efecto de la economía local, tanto gubernamental con privadas. A continuación, el sentir de cada una de ellas: Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña: “Creo que todos los sellos editoriales confrontamos el mismo problema: pocos puntos de venta, una economía colapsada, falta de proyectos de promoción de la lectura a gran escala que promuevan el amor por la lectura y legislación que incentive la industria del libro en Puerto Rico.”

Isla Negra: “El primer obstáculo sería no reconocer el primer obstáculo: la ausencia de una industria completa y organizada en Puerto Rico… me refiero al vacío de ciertos componentes esenciales en la cadena social de la producción del libro: imprentas (más allá de las digitales), espacio de difusión para la crítica literaria, una política gubernamental coherente hacia el libro y una profesionalización de la labor editorial”.

Aparicio Distributors: “La poca importancia que el gobierno le brinda a la lectura en la edad temprana. El mejor proyecto y cuando mejor nos compraban era el Proyecto ‘Lee y Sueña’, de la administración de Aníbal Acevedo Vilá, el cual le regalaban a cada niño que naciera un libro, y cada seis meses le enviaban otro libro a su hogar hasta 3 años. Lo administraba ASPIRA y los libros los evaluaba un panel de expertos con unos criterios establecidos que le otorgaban puntuación a cada libro y, al cambiar de gobierno, simplemente lo eliminaron y se dejó de fomentar el amor por la lectura.”

Trabalis: “No lo llamaría obstáculos, pero sí podríamos adelantar una industria cultural del libro, parecido a lo que ha logrado la industria musical en Puerto Rico. Una organización, tipo cooperativa, donde estén representados los escritores, libreros, diseñadores, imprentas, las editoriales, distribuidores, los festivales y ferias y todos aquellos que de alguna manera aportan directa o indirectamente a esta industria, entre otros se podría abaratar costos y tener un ente legal fuerte y representativo que vele por
los intereses frente a un panorama que parece incierto.” La Secta de los Perros: “El cierre de librerías, espacios de discusión y tertulia, y, por ende, falta de liquidez”. Disonante: “La cantidad reducida de puntos de ventas; la cantidad abrumadora de libros publicados a nivel local e internacional; la hegemonía de la internet, las redes sociales y servicios de programación “streaming” sobre la atención de la persona promedio.”

La Tuerca: “Varios factores: la publicidad cuesta, dependemos de redes sociales, email y librerías; porque somos una editorial dedicada a lo LGBTQ que no se nos presta mucha atención ni somos considerados seriamente, Puerto Rico es un país conservador; también hay que cambiar ciertos paradigmas culturales dentro de las comunidades LGBTQ para que lean a sus autores.” Aguadulce: “Hay poquísimos distribuidores y debería haber más que los promuevan en las librerías locales e internacionales, bibliotecas, universidades, escuelas, entre otros lugares. Por otra parte, hay un gran trabajo de formación lectora que nos toca hacer. Y, en ese sentir, deben existir más promotores de lectura, dentro y fuera del andamiaje educativo y cultural del Estado.”

¿Por qué entiende usted que no existen agentes literarios en la isla? Es una pregunta que merece atención especial en un país donde la proyección internacional de su producción literaria es casi invisible. Para la Editorial del ICP la escena del libro es considerablemente pequeña y sus protagonistas, en general, se conocen. En ese sentido creo que funcionamos de otra forma. El autor local muchas veces suele ser su propio agente, editor, corrector, impresor y vendedor. Mientras que Francisco Vázquez puntualiza que “Existimos, como agentes hemos mercadeado obras de Luis Rafael Sánchez, Magali García Ramis, René Marqués y Pedro Juan Soto, entre otros.” Para Isla Negra la razón es que no hay una industria del libro completa. Aparicio Distributors piensa que con la facilidad de internet los agentes literarios están accesibles a nivel mundial y la producción local al no tener un mercado de venta fuerte está muy desalentada. Por su parte, Trabális se une a los que dicen que no hay una industria del libro, ni editoriales multinacionales que en la mayoría prefieren negociar con agentes. Entiendo que esta es otra razón para la proliferación reciente de editoriales pequeñas. En la isla la mayoría de los esfuerzos son independientes y se dispersan. Sí encontramos que los escritores con mayor reconocimiento del País y publicados por las multinacionales son contratados por agentes extranjeros.

La razón para la Secta de los Perros es que un mercado pequeño con lo cual coinciden en Disonante: “Por lo reducida y débil que es la industria editorial en Puerto Rico. En esto no hay dinero, ni para autores ni para editores (a menos que hables de las editoriales para mercados escolares y demás). Por ejemplo, nosotros tal vez recobramos 60 o 70% de lo que invertimos en cada libro. Por eso decía anteriormente que este proyecto de Disonante es un proyecto de amor y compromiso con los libros y las letras”. Mientras que Aguadulce desconoce la razón pues igual, deben existir más distribuidores que le hagan acercamientos a proyectos editoriales que hacen productos culturales de calidad, y que los lectores compran y auspician. “Necesitamos distribuidores de libros y agentes literarios con ojo agudo. Los libros buenos existen, pero hay que ir en busca de esos lectores, para transformarlos de lectores potenciales a lectores reales. De igual modo, quisiéramos invitar a los profesores universitarios a que se fijen en nuestros libros y los estudien y asignen en sus cursos.”

Finalmente nos gustaría compartirles algunos de los comentarios generales que nos enviaron: Francisco Vázquez recuerda los años en que los editores respetaban los derechos del autor. Una obra pasa al dominio público cuando los derechos patrimoniales han expirado. Esto sucede habitualmente, luego de haber trascurrido un plazo desde la muerte del autor (post mortem auctoris). El plazo mínimo, a nivel mundial, es de 50 años y está establecido en el Convenio de Berna. Muchos países han extendido ese plazo ampliamente. Por ejemplo, en el Derecho Europeo, son 70 años desde la muerte del autor. Una vez pasado ese tiempo, dicha obra entonces puede ser utilizada en forma libre, respetando los derechos morales. “Los editores ya no respetan el derecho moral de los deudos de un autor. Una vez vencido en mismo, ¡se lanzan a publicar el libro! Por su parte, Héctor Aparicio resalta que los puntos de venta como Walgreens, Sams y Costco y otras grandes cadenas te obligan a hacer una gran consignación con grandes descuentos, donde ninguna venta es en firme pues tienen de; derecho a devolución. “De momento te
devuelven y no cobraste, te quedaste con los libros y tienen un porciento dañado y desgastados que lo absorbes tú.”

Para Rafael Acevedo “no hay nada mágico en la industria del libro. En alguna librería te pagan las exiguas ventas con un cheque sin fondos. Y te da vergüenza reclamar. Tienes el cheque que te envió el banco hace más de tres años. No volviste a entrar ahí, ni a comprar ni a dejar libros. Fuiste hasta Rey Mago en una fiesta, solo por solidarizarte con el negocio. Escribes como un demente, publicas libros de otros autores, los llevas, y te pagan con un cheque sin fondo. Y es a ti quien te da vergüenza. Eres tú el que, contrario a la creencia de algunos, vive dignamente pensando siempre si al fin de mes podrá seguir pagando las deudas mientras sigues tratando de participar en la tambaleante “industria del libro”;. ¿Por  qué? Porque soy escritor y no hay vuelta. Amo las palabras y los libros. El amor es incondicional. La satisfacción es terminar mi poemario, mi novela, leer la de otras y otros, publicarlas, porque eso es parte de esa otra industria: desviarme del surco, “de lira iré”, dar el tiempo necesario al trabajo de transformar el recurso del lenguaje en un producto útil que renueva, reproduce, refresca los modos de pensarse y decirse sin pretender la consecución de un beneficio aumentando los ingresos y disminuyendo los gastos. Porque escribir es un ingreso. Publicar es una inversión… A fin de cuentas, lo que quiero decir es que cuando eres escritor y, además, te entusiasma la escritura de otros, no hay cheques sin fondos que puedan detener tu industria mágica. Por cierto, hay librerías que ni cheque, ni fondos. Sin embargo, tengo libros.”

Por último, Max Chárriez comenta sobre editorial independiente vs. editorial pequeña: “Bueno, aquí todos los editores somos independientes, si te refieres a una editorial pequeña pues tenemos los retos de cualquier negocio pequeño, mayormente acceso a capital, acceso al mercado”.

El mercado del libro en Puerto Rico tiene mucho potencial de crecimiento. Requiere mucha unidad por parte de las casas independientes y más apoyo por parte de las instituciones -públicas y privadas- que promueven y auspician el quehacer cultural del País.

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