Lola, un espíritu libre desde su adolescencia 

Lola
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Por Elsa Tió

Lola Rodríguez de Tió nace en su amado San Germán, hija del Lcdo. Sebastián Rodríguez de Astudillo, fundador del Colegio de Abogados de Puerto Rico y de Doña Carmen Ponce de León, descendiente directa del Conquistador y primer gobernador de Puerto Rico, Don Juan Ponce de León (1474-1521). Desde jovencita se enamora de su compueblano, Bonocio Tió Segarra, porque la precocidad de Lola, no se limitó a los libros, a los 14 años también se fijó en el amor. Caminando con su hermana hacia la escuela, divisa a este joven mayor que ella, de 17 años, llamado Bonocio Tió Segarra (1838-1905), que ella llamaba exótico, o sajón, por su pelo rubio y fue tal la atracción que siente, que le comenta a su hermana de forma categórica, que ella se va a casar con ese joven. Su hermana se escandaliza.

Cuatro años más tarde, a sus 18 años, Lola seguía enamorada del joven Bonocio que pasaba y saludaba distraído, ajeno a tales intenciones. Lola seguía comentándole a su hermana sobre sus intenciones. Por lo que su hermana alarmada al ver que Lola seguía, presumiendo y anticipando este matrimonio en su mente, le advierte a su madre sobre las atrevidas intenciones de Lola. Su madre, creyó ilusamente que podía controlar a su hija con una orden, y la amenaza. Le advierte que de insistir en ese enamoramiento y planes le cortaría las trenzas. Bonocio a pesar de ser un joven de una posición solvente y venir de familia de prestigio en San Germán era mirado con cierto recelo por los artículos políticos que publicaba en su periódico.


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Lola, rebelde hasta en el amor, desafía a su madre y le miente al barbero que iba a la casa. A la llegada de este, le informa categóricamente que su madre había ordenado que le cortara las trenzas. Las trenzas, que se van a convertir en mensajeras del destino. Y se las envía a su acongojada madre en una bandeja de plata. Consecuencia: Lola pierde sus trenzas, pero ganará un marido.

Pero ambas familias eran amigas y ocurrió que la familia Rodríguez Astudillo Ponce de León visitaba con frecuencia la casa de los Tió Segarra. Lola, ni corta ni perezosa se acerca a Bonocio que se limita a preguntarle porque se había cortado el cabello y Lola haciendo alardes de su falta de timidez le contesta: “Por usted, porque mis hermanas se quejaron a mamá de que yo estaba enamorada de usted y mamá amenazó con cortarme el pelo, y entonces yo lo mandé a cortar – he dicho que, si me caso, sería con usted”. Bonocio cayó como las trenzas, rendido a sus pies y debió haber quedado anonadado ante una confesión tan atrevida como seductora, muy poco usual en una época donde las protagonistas de las novelas del siglo XIX morían de amor, se suicidaban a lo Ana Karenina, o vivían a expensas de la voluntad de sus maridos.


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Enamoradísima, Lola contrajo matrimonio a los 22 años con Bonocio Tió Segarra el 13 de febrero de 1865, en la ermita de Hormigueros. Celebran su luna de miel en París, sin sospechar que le esperaban años de lucha, sacrificios y destierros. Faltaban tan sólo 3 años para el levantamiento del Grito de Lares y pronto se iba a desatar nuevas y duras represiones contra los independentistas. Lola y Bonocio iban a ser una de sus víctimas.

El ambiente represivo no detiene a los recién casados que van a ser centro de la actividad literaria y política. A su regreso a San Germán hicieron de su hogar un centro de tertulias, es allí donde la poesía combativa, de La Borinqueña escrita por Lola, se canta por primera vez. Lola sabía que la música era decisiva para influir y alentar al pueblo a la lucha armada, y su letra revolucionaria “cojamos el machete que es hora de luchar” invitaba, incitaba a ello. La letra y la danza no podían ser más pegajosas y por ello más peligrosa para las autoridades, por eso cuando las autoridades indagaron sobre el autor de esta, alguien delató el nombre de Lola, o salió a “relucir”, pero eso es otra historia.

El carisma y el encanto de Lola la hacían protagonista de las tertulias que se llevaban a cabo, tanto en la Farmacia Monagas de San Germán como en su hogar. A las tertulias asistían literatos, científicos, hacendados, políticos. Allí se pensaba y se discutía el país y se conspiraba contra el régimen español. Simultáneamente, Lola se carteaba con Ramón Emeterio Betances (Cabo Rojo 1827-1898 París), quien también marchó al destierro por sus ideas a la ciudad de las luces, en Paris.

Imbuida en el ambiente del romanticismo, usó el verso para la causa patriótica. Lola, y “conocedora del poder movilizador de la música”, escribe con un objetivo muy claro de hacer “salir a las gentes de sus casas y empuñar las armas”. Pero esa letra revolucionaria de La Borinqueña, esa nota musical les va a cambiar el ritmo de vida. Aunque el Grito de Lares se frustró, el ambiente en contra de los independentistas se agravó y recrudeció. Y el himno fue considerado como una pieza subversiva y les trajo serias y duras consecuencias.

En ese ambiente hostil pocos hubieran resistido juntos. Pero Lola tuvo muy buen juicio, al perder el juicio y enamorarse apasionadamente de Bonocio Tió.  Ambos se profesaron un gran amor. Y pocos eran los hombres de esa época seguros de sí mismos, que además de compartir las mismas convicciones, eran capaces de defenderlas juntos con el mismo valor. Fue un matrimonio patriótico que luchó hombro con hombro, y verso a verso por el amor que le tenían a Puerto Rico.

 

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