A 230 años de su nacimiento: ¿Quién fue el Maestro Rafael Cordero Molina?

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Por: Silvia María Alberti Cayro

Un hombre así [Rafael Cordero Molina] salva una ciudad. No hay que preguntar, cuando se ven esas cosas, cómo es la luz de las estrellas.  -José Martí

Han sido varias los formatos y los medios en que ha quedado el homenaje a tan ilustre figura en el quehacer pedagógico en Puerto Rico: tarja colocada en su casa-escuela, obras de las artes plásticas, artículos en revistas y periódicos en distintos países de Hispanoamérica, escuelas que llevan su nombre, entre otras formas. Nació el maestro Rafael Cordero y Molina en la ciudad de San Juan, Puerto Rico, el 24 de octubre de 1790. Según su biografía publicada en Ángela Luisa: Revista gráfica de Puerto Rico, sus propios padres -Lucas Cordero y Rita Molina- le impartieron el conocimiento de las primeras letras.

El niño Rafael no podía concurrir a la única escuela que por aquel entonces había en San Juan, pues a dicho centro de enseñanza sólo le era dado asistir a los niños blancos.  Siguiendo la vocación de sus padres, en el año 1810 -cuando contaba veinte años- se dedicó a la enseñanza de párvulos en su propia casa, sin recibir compensación alguna por tan digna labor. Muchos de nuestros grandes hombres fueron sus discípulos. Durante 58 años estuvo dedicado a la meritísima y desinteresada profesión de la enseñanza. Centenares de puertorriqueños que más tarde serían motivo de orgullo para la patria, recibieron la primera enseñanza del Maestro Rafael. Entre los que aprendieron sus primeras letras del Maestro Rafael se encontraban Román Baldorioty de Castro, Alejandro Tapia, José Julián Acosta, Manuel Elzaburu, Francisco del Valle Atiles, Lorenzo Puentes Acosta, etc.


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Impartió la educación sin discrimen de razas o posición social y, lo que es aún más sorprendente, no recibió ayuda oficial por tan encomiable obra durante casi sesenta años. Fue al final de su vida cuando se le concedió una reducida asignación como profesor de escuela incompleta. Dicho salario era de quince pesos mensuales. El 5 de julio de 1868, cuando contaba 78 años, dejó de existir en el mismo San Juan que le vio nacer, el Maestro Rafael Cordero y Molina. El féretro que conducía sus restos mortales fue llevado en hombros por sus discípulos, quienes le rendían así el postrer homenaje a don Rafael. Tras el cortejo fúnebre marchaba el pueblo en imponente manifestación de dolor.

Casi veinte años después de su deceso, el periódico El Clamor del País inició una campaña para colectar fondos, a fin de costear un retrato al óleo del Maestro, así como una lápida que se colocó en la misma casa en que vivió y murió. La pintura fue encomendada a las manos de aquel inmortal artista del pincel, Francisco Oller. En el Ateneo Puertorriqueño fue develado el lienzo magistral, en la noche del día 31 de octubre de 1891.

 La autora es estudiosa de la vida y la obra de José Martí. Comentarios a silviamalberti@gmail.com


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