Ana Roqué de Duprey, defensora de los derechos de la mujer.

Imagen: Portada Heraldo de la Mujer. Cortesía de Archivo Digital Nacional de Puerto Rico.

Por: Milton Rúa de Mauret

El Adoquín Times

En el Archivo Digital Nacional de Puerto Rico, han digitalizado una gran cantidad de documentos que forman parte de la historia puertorriqueña. Entre todo ese material hay varias revistas y periódicos de finales del siglo XIX y principios del XX en la que escribieron intelectuales y políticos de la época.  

Entre las publicaciones hay una que se destaca sobre las demás por ser una dirigida al público femenino: La revista Heraldo de la Mujer dirigida por Ana Roqué de Duprey, destacada defensora de los derechos de la mujer.  El lema de la revista era “Las autoridades y democracias -a medias- están condenadas a desaparecer, barridas por el humano progreso”. Era una revista mensual, representante en Puerto Rico de la Alianza Internacional de Mujeres.  Entre sus colaboradoras, estaban la poetisa puertorriqueña Trina Padilla de Sanz “La Hija del Caribe”, Concha Meléndez y Carmela Eulate Sanjurjo. 

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Ana Roqué de Duprey nació en el año 1853 en Aguadilla, pueblo en el que cursa sus primeros estudios, complementados en su hogar con cursos de piano, música, contabilidad, aritmética avanzada, inglés y francés, bajo la supervisión de su abuela, una maestra retirada. Roqué completó su bachillerato en el Instituto Civil de Segunda Enseñanza de San Juan, para luego convertirse en maestra superior. Enseñó en los pueblos de Humacao, Mayagüez, Vega Baja y Quebradillas. En 1903, fundó el Liceo Ponceño, escuela que dirigió por cinco años. 


Derecho al voto de la mujer

En 1917 Roqué de Duprey fundó la Liga Femenina Puertorriqueña, la primera organización que se dedicó a luchar en favor del sufragio femenino. Muchas de sus asambleas se realizaron en San Juan, Ponce y Arecibo. Dicha organización envió una solicitud a la Legislatura de Puerto Rico. En 1924, fundó la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas, una de las organizaciones más poderosas en su lucha por establecer el derecho femenino a votar. No fue hasta dos años después de su muerte en 1933, que se hizo realidad la Ley de Sufragio Universal (1935), que todo el mundo pudo votar, aunque no supieran leer y escribir. 

Foto Casa Norberto

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